El presidente se calienta y anuncia la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París. Una decisión que puede ser tan devastadora como el conocido fenómeno climático ligado al calentamiento global.


Como explica Michael D’Antonio, autor del libro ‘Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success’: “Al igual que la mayoría de los niños pequeños, Donald Trump puede ser desalmadamente honesto. Como cuando una vez dijo: Cuando me recuerdo en el primer grado y me miro ahora, básicamente soy el mismo. El temperamento no es tan diferente. El problema es que aquel niño del primer grado es ahora presidente de Estados Unidos y su temperamento está en exhibición para que el mundo lo vea”.

“Impredecible, impulsivo e inmaduro, Trump actúa como un niño de 6 años. Un detalle aterrador en un hombre cuyo estado de ánimo dicta las decisiones tomadas por los adultos en nombre de la nación más poderosa del mundo”

Esta última reflexión de D’Antonio es quizá la mejor explicación para analizar lo ocurrido este 1 de junio en la Casa Blanca. Se confirmó lo que algunos medios venían anunciando: Trump dará la espalda al cambio climático. Una rabieta personal que al parecer no ha convencido al sector realista de sus asesores. Pero el presidente lo ha dejado claro ante los medios. En su opinión, el texto revisado durante meses por expertos de todo el mundo “es un acuerdo mal negociado por Obama, fruto de su desesperación, y disminuye la competitividad estadounidense”.

De las dos opciones, salir del acuerdo de París según los procedimientos de la ONU o salir a las bravas, Trump ha optado por la primera. Lo que significa que el presidente no necesitará consultar al Senado y que la salida del Acuerdo de París no será efectiva hasta el año 2020. En esa lucha de poder interna entre los asesores de Trump ha vuelto a ganar Steve Bannon, que contaba con el respaldo del director de la Agencia de Protección Ambiental, Scott Pruitt. Pero la decisión ha abierto una importante brecha en el gabinete que podría quebrantar lealtades.

Solo hubo otros dos países que no firmaron el acuerdo global. La Siria de Bashar al Assad, que lleva más de seis años en guerra, y  la Nicaragua de Daniel Ortega 

Una decisión que también enfrenta a Estados Unidos con la Unión Europea y China, para los que la acción climática y la transición hacia energías limpias se ha convertido en un estandarte conjunto en los últimos años. Al menos de ‘boquilla’.  “Pase lo que pase el viernes, el Acuerdo de París continuará, durará. Porque está en nuestro interés común y compartido luchar por él. Todos vemos el acuerdo como el motor de crecimiento de nuestras economías, la clave para proteger nuestro planeta. Estamos en el lado correcto de la historia”, sentenció el  el español Arias Cañete, comisario europeo de Acción por el Clima y la Energía.

El caso es que Estados Unidos ya no cumplirá con su compromiso de reducir de 26% a 28% las emisiones de gases con efecto invernadero para 2025. Esa situación afectará directamente el objetivo de evitar que la temperatura global se incremente por encima de los dos grados Celsius antes de esa fecha. El acuerdo se debilita, no solo porque Estados Unidos es el segundo país más contaminante tras China, sino porque abre la puerta para que otras naciones reticentes a tomar medidas contra el cambio climático puedan aprovechar la coyuntura para seguir los pasos de Trump.

El Acuerdo de París es un pacto internacional que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases contaminantes de efecto invernadero a la atmósfera. El texto fue acordado en París a finales de 2015 por casi 200 naciones. El artículo 28 del acuerdo permite a las partes firmantes salir del pacto, pero dado el procedimiento previsto la salida de Estados Unidos no será efectiva hasta 2020.