El gobierno de Vladimir Putin ha quedado nuevamente como antidemocrático ante la comunidad internacional, tras sofocar con la fuerza bruta las protestas de miles de seguidores en apoyo al líder opositor Alexei Navalny.  

Más de 3 mil 400 personas fueron detenidas en 100 ciudades de Rusia, tras una brutal represión, donde seguidores del líder opositor Alexi Navalny -ahora preso- protestaron por el abuso de Putin. El garrote fue la respuesta a sus reclamos de libertad y democracia.

Decenas de miles de manifestantes tomaron las calles de 100 ciudades, desde la capital Moscú hasta la leja Vladivostok, el sábado pasado en protesta por el encarcelamiento del líder opositor y activista anticorrupción Alexei Navalny, férreo crítico de presidente Vladimir Putin.

Estados Unidos y la Unión Europea han calificado como ‘autoritaria’ la reacción de Putin ante las marchas -donde se detuvo además a Yulia Navalnaya, esposa de Navalny-, tras condenar enérgicamente el “uso desproporcionado de la fuerza”. El gobierno de Joe Biden pidió el sábado mismo a su homologo Vladimir Putin la liberación de los manifestantes y periodistas detenidos, sin éxito.

En contraparte, Rusia acusó directamente a Estados Unidos por su “injerencia” en dichas protestas, según reportó la agencia DPA, por la publicación en su página web del itinerario de las manifestaciones opositoras celebradas el sábado pasado, donde se invitaba a los norteamericanos a no asistir a ellas.

La oenegé OVD registró oficialmente la detención de 3 mil 435 personas, la mayoría en Moscú y San Petesburgo, tras las protestas para exigir la liberación de Navalny con gritos colectivos de ‘Putin ladrón’, ‘Navalny, estamos contigo’ o ‘Libertad para los presos políticos’

Aspecto de una de las multitudinarias protestas para exigir al gobierno de Putin la liberación del líder opositor Alexei Navalny este fin de semana.

Alexei Navlany adquirió renombre internacional desde principios del año 2020 tras encabezar varias protestas como activista contra el gobierno de Putin, al que acusa de estar hundido en la corrupción. Su figura se erigió como la de un líder opositor serio y con apoyo internacional, lo que le llevó a huir del país tras intentar ser envenado por el gobierno ruso con una sustancia llamada Novichock -de uso exclusivo militar-. Algo que ya ha ocurrido con otros disidentes en años recientes.

Navalny escapó a Berlín, Alemania, donde encontró asilo y atención médica. Como respuesta al gobierno de Rusia la Unión Europea aplicó diversas sanciones a funcionarios de Putin como represalia.

El activista anticorrupción regresó, ya sano, a Rusia el pasado 17 de enero e inmediatamente fue detenido y encarcelado al pisar el aeropuerto internacional de Moscú.

El gobierno de Putin acusa a Navalny, un abogado de 44 años de edad, de estar coludido con el gobierno de Estados Unidos para ‘desacreditarlo’, además de señalar que violó los términos de una sentencia suspendida por un caso penal que le involucra, y por ello debe permanecer preso.

A principios de febrero Navalny deberá acudir a una audiencia judicial para hacer frente a los cargos por fraude y lavado de dinero, según le acusa el gobierno de Putin. Si lo sentencian podría pasar hasta tres años y medio en prisión.

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