Arbitrario y brutal, el régimen de Daniel Ortega acumula más críticas internacionales y el rechazo social por su estrategia para acallar a las voces opositoras.

Atrincheradas desde hace más de una semana en una iglesia de Masaya, en una huelga de hambre para exigir la liberación de 130 presos políticos, más de 10 mujeres padecen el asedio y cerco policíaco del gobierno de Ortega que ha detenido arbitrariamente a personas que intentan ayudar a las mujeres que protestan. Otras 15 iglesias viven una situación igual.

Además de cortar la luz eléctrica, evitar el suministro de agua o alimentos en las iglesias donde las mujeres piden libertad por los presos políticos, la última acción contra los opositores a su gobierno y simpatizantes de las mujeres en huelga, fue la detención de 16 personas que han terminado en prisión acusadas de “portar armas de fuego y bombas caseras”, algo que niegan las oenegés, ciudadanos y los propios acusados que sólo portaban botellas de agua para entregar a las huelguistas, según han registrado diversos medios internacionales y la Comisión Permanente de Derechos Humanos .

La Iglesia se ha vuelto el único espacio de libertad que existe actualmente en Nicaragua, de ahí que el gobierno esté enviando sus turbas contra ella. Nosotros solo somos un reflejo humanista y pacifista de esta búsqueda del pueblo de Dios”, acusó Carlos Avilés, vicario general de la Arquidiócesis de Managua y vocero arzobispal, según registra la DW.

La crisis social en Nicaragua comenzó en mayo de 2018 cuando estallaron las protestas y reclamos por medidas de seguridad social que elevan las cuotas, reducen las pensiones, entre otros perjuicios en contra de empresas y trabajadores.

A partir de entonces la acción gubernamental ha derivado en constantes atropellos a los derechos humanos, como han registrado la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) o la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para Derechos Humanos, además de decenas de oenegés internacionales, que registran los abusos permanentes contra civiles en el país centroamericano.

Con cientos de muertos acumulados, uso de francotiradores, represiones brutales -donde se ha baleado a bebés incluso-, el dictador Daniel Ortega acusa a las oenegés y a la Iglesia Católica de ‘golpistas’ por exigir la liberación de los presos políticos y mejoras sociales

La brutalidad policíaca contra los opositores al régimen de Ortega ha sido motivo de señalamientos internacionales de repudio.

El asedio a la iglesia de San Miguel Arcángel, en Masaya, no es el único caso. Un turba de simpatizantes de Ortega, armada con machetes, palos y barras de metal cercó tambipen en Masaya el pasado jueves el templo de San Jun Bautista, luego que el lunes simpatizantes de Ortega atacaron a un cura y una monja que protegían a mujeres que entraron a la Catedral Metropolitana de Managua para iniciar una huelga de hambre exigiendo la liberación de los presos políticos.

Rosario Murillo, vicepresidenta y esposa de Ortega, ha salido a acusar a la Iglesia Católica de “dividir” a los nicaragüenses por apoyar las huelgas de hambre donde mujeres piden pacíficamente por la liberación de sus presos políticos.

Nosotros, como ciudadanos libres, dignos, exigimos respeto, sobre todo de quienes cumplen funciones pastorales.Exigimos trato respetuoso, digno, no estamos viviendo en Nicaragua tiempos de capitalismo feroz sino tiempos de equidad, de cristianismo, de solidaridad, de buena fe y buen corazón. Merecemos respeto de quienes dicen tener autoridad pastoral ”, espetó Murillo, según registra el portal La Voz del Sandinismo.