Un informe de Human Rigths Watch (HRW) da cuenta que el dictador Daniel Ortega ha ordenado detener arbitrariamente a 36 líderes opositores, desde mayo de 2021, fabricándoles pruebas y sin garantizar el debido proceso en Nicaragua.

Las mayor parte de las acusaciones son por ‘traición a la patria’, y se ha comprobado por HRW que los presos políticos son sometidos a exhaustivos interrogatorios, están incomunicados y con alimentación deficiente, además que pesa sobre ellos la amenaza de pasar en prisión de 15 a 25 años.

La velocidad con la cual el gobierno de Ortega ha llevado a cabo esta ola de detenciones antes de las elecciones presidenciales de noviembre, sometiendo a sus críticos a condiciones horrorosas de detención, y acusándolos de delitos sin ninguna base ni debido proceso, revela que Ortega no tiene la más mínima intención de perder los próximos comicios.

El gobierno de Ortega debe liberar inmediata e incondicionalmente a todos los presos políticos y la comunidad internacional debe redoblar la presión sobre el gobierno para aumentar el costo de sus prácticas abusivas”, señaló José Miguel Vivanco, director para las Américas de HRW.

Nicaragua vive una crisis socio-política similar a la de otras dictaduras latinoamericanas como Venezuela y Cuba, desde mayo del año 2018 en que la población se alzó contra los abusos de Ortega. Desde entonces se ha instalado un régimen de represión y encarcelamiento

El gobierno de Daniel Ortega sostiene la represión y las detenciones arbitrarias para conservar el poder por un cuarto mandato consecutivo.

El informe de HRW da cuenta que entre el 28 de mayo y el 6 de septiembre de este año la policía arrestó a siete candidatos presidenciales opositores y a 29 críticos del gobierno, entre ellos opositores políticos, periodistas, defensores de derechos humanos, estudiantes y líderes comunitarios y del sector privado, utilizando palizas incluso cuando no ofrecieron resistencia.

Actualmente 32 líderes opositores se encuentran recluidos en la Dirección de Auxilio Judicial (también conocida como El Chipote, un centro de torturas del régimen de Ortega) y cuatro se encuentran bajo detención domiciliaria.

Los llamados internacionales a Ortega par que libere a los presos políticos, garantice los derechos humanos y elecciones libres el próximo 7 de noviembre, e incluso pese a las sanciones económicas de Estados Unidos o la Unión Europea, sólo han servido para que se endurezca la represión en Nicaragua.

La última revuelta nacional en Nicaragua fue revolución sandinista -inspirada en el líder César Augusto Sandino, quien luchó contra la intervención norteamericana en Nicaragua en los años 30 y por ello fue asesinado por el militar Anastasio Somoza García-, revolución que hizo arder en llamas al país de 1979 a 1990 hasta derrocar al dictador Anastasio Somoza Debayle –tercer gobernante de una familia que se apropió del país-.

La paradoja, es que ahora el héroe y guerrillero sandinista Daniel Ortega, quien ayudó a derrocar la tiranía de los Somoza, ha hecho un botín del país para él y su esposa Rosa Murillo, actual vicepresidenta, convirtiéndose en lo que combatió: un dictador.