Los pleitos comerciales, las escaramuzas militares y todo el blof que ha estado ejercitando Donald Trump tiene un solo objetivo: ser el líder de la 5G, la tecnología que está a punto de cambiar la historia del mundo, otra vez.

Gafas de realidad virtual, nanorobots, automatización, todo viene en avalancha con la nueva tecnología 5G, el verdadero objetivo de Trump que está desatando con sus acciones la verdadera gran guerra. Sólo que China parece aventajarlo en el campo de batalla.

Con la nueva tecnología 5G se podrá ‘ingresar’ a la TV en tiempo real, un paciente podrá ser operado a ‘control remoto’ por nanorobots, y hasta la conducción del auto será dejada en manos de robots.

El 5G o quinta generación de telefonía móvil es una serie de estándares que permitirán un salto en la tecnología inalámbrica similar al que supuso la invención de la PC para la informática

Para hacer posible la 5G es necesario sin embargo una serie de materiales llamados tierras raras.

El 5G, han explicado diversos expertos, permite la conexión entre sí de millones de dispositivos móviles para lograr la operación de las llamadas ‘Smart cities’ o ciudades inteligentes. Hoy la conexión 4G es 10 veces más lenta que la nueva 5G. Un ejemplo puede ilustrar su potencial, bajar hoy un video de 1 GB, a través de fibra óptica, lleva 30 segundos, mientras que con la 5 G sólo bastará un segundo.

Con este potencial casi ‘mágico’ para tener el control de una nube con sistemas delicados como las comunicaciones o la defensa de un país, han detonado precisamente el pleito mundial entre Estados Unidos y China. Trump desea, más que aranceles, tener el control de la 5G, por eso el veto a Huawei que lleva la delantera en tecnología móvil mundial.

Sólo que el cálculo de Trump parece haber fallado en algo tan sencillo como es la materia prima. Las llamadas tierras raras, como el cerio, lantano o neodimio son indispensables para la creación de dispositivos móviles, baterías y auriculares. Nada funciona sin esas tierras raras.

Y China es el país que concentra mundialmente su producción, al grado que Estados Unidos exporta el 80 % de estos insumos al país asiático con el que ha emprendido una guerra comercial para disfrazar la verdadera gran guerra, la del control por la 5G.