Obama prometió tantas veces cerrar este centro de detención ilegal de la CIA que hasta hubo gente que se lo creyó. No pudo hacerlo el Premio Nobel de la Paz. 

Trump hereda el campo de concentración de Guantánamo, que este 11 de enero cumplió quince años abierto al público. Inquilinos todos relacionados con la ‘Guerra Santa’ y el terrorismo yihadista. Una cárcel que opera además como uno de los centro clandestinos de detención que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) tiene repartidos fuera del territorio estadounidense. Guantánamo es el más conocido pero también hay bases del horror en Irak y Afganistán.

Esta cárcel de alta seguridad situada en la Base Naval de Bahía de Guantánamo (Cuba) fue acondicionada tras la incursión norteamericana en Afganistán a finales del año 2001 y tras los dramáticos atentados del 11 de septiembre, que cambiaron la historia del mundo y globalizaron la lucha antiterrorista hasta niveles solo imaginados en las novelas de ficción política.

Tan solo seis días después del 11-S, el presidente norteamericano George W. Bush firmó una autorización sin precedentes para que la CIA instalara centros de detención fuera de Estados Unidos

Dos meses después autorizó al Pentágono a realizar detenciones indefinidas a aquellos ciudadanos que no tuvieran la nacionalidad estadounidense por su supuesta relación con los atentados.  Los primeros 20 prisioneros llegaron a la prisión de Guantánamo  el 11 de enero de 2002 y, con ello, se desató la controversia por las prácticas de tortura de los reos que violaban todos los acuerdos internacionales sobre Derechos Humanos y que Washington nunca quiso reconocer.

En la actualidad, y como se puede apreciar en el documental que acompaña a este artículo, el centro está abierto a las visitas bajo un estricto recorrido organizado en torno a los lugares más comunes del penal.   Los 59 presos que aún quedan no pueden verse y ninguno de los trabajadores del recinto puede aportar información sobre Guantánamo, por lo que todo se resume en una limitada y restringida información difícil de contrastar.

Los prisioneros están distribuidos en cuatro campos rodeados de alambradas. Cada bloque tiene 48 celdas y viven completamente aislados del exterior sin posibilidad de recibir visitas

De hecho, hasta el pasado mes de marzo tampoco podían recibir llamadas telefónicas. Los presos de Guantánamo no están considerados ni siquiera como prisioneros de guerra por parte del Gobierno de Estados Unidos. Son “combatientes enemigos ilegales”. Una parodia legal para no tener que aplicarles la Convención de Ginebra, por lo que pueden estar retenidos de manera indefinida sin juicios pendientes. Además, y como la base no está en suelo estadounidense, los reos, en su mayoría afganos y pakistaníes, no pueden disfrutar de los derechos que le otorga la Constitución.

Toda una farsa legal para mantener abierto un centro de tortura ante el que ha tenido que claudicar el mismo Premio Nobel de la Paz. Obama se va sin cumplir una de sus más osadas promesas y deja a Trump el camino libre para que Guantánamo siga operando en la clandestinidad.

Amnistía Internacional (AI) ha creado una campaña para el cierre de Guantánamo antes de la llegada de Trump al poder a través de una carta abierta al presidente, una contundente campaña de publicidad situada en diferentes marquesinas de autobuses en la Washington D.C y una concentración ante la Casa Blanca, que se llevará a cabo este miércoles 11 de enero.

  • Documental: Cuatro