El pintor mexicano Francisco Toledo murió.

Dueño de una paleta de color multicolor y un carácter rebelde, Toledo es el último gran pintor mexicano que supo trasladar la grandeza de un pueblo a la imagen viva en su vasta obra. Activista y mecenas, defensor de la naturaleza. Un grande.

El arte está de luto. Ha fallecido el maestro Francisco Toledo, oaxaqueño, gran pintor y extraordinario promotor cultural, auténtico defensor de la naturaleza, las costumbres y las tradiciones de nuestro pueblo. Descanse en paz”, tuiteó el presidente Andrés Manuel López Obrador al conocerse la muerte de Toledo.

Nacido en Juchitán, Oaxaca, hace 79 años, Toledo inició su carrera desde temprana edad alentado por su padre, y se convirtió al paso del tiempo, además de pintor, en ceramista, escultor e impresor que alcanzaría el reconocimiento internacional por lo original de su obra. Hizo además de la ciudad de Oaxaca un epicentro del grabado y de las artes con su apoyo.

En la plástica de Toledo conviven murciélagos, monos, iguanas, sapos y otros animales, incluido el ser humano, todo un bestiario fantástico y simbólico del mundo zapoteco al que perteneció

La obra de Toledo abreva de la naturaleza que transforma en bellísimas metáforas de colores.

Además del reconocimiento a su obra, pervive el reconocimiento a su activismo político y ambiental, pues hizo suyas causas como la de los 43 de Ayotzinapa o el asesinato de periodistas. Su protesta volando papalotes -con el rostro de los 43- por las calles de la ciudad de Oaxaca es histórica.

Parte de su obra pertenece a las grandes colecciones de los más importantes museos de Nueva York, París, Oslo, Londres, Ginebra y México, entre otros.

Aunque siempre se opuso al reconocimiento público, recibió entre muchos reconocimientos el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Bellas Artes (1998), el Premio Príncipe Claus ( 2000) el Premio Right Livelihood (2005) y la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) lo distinguió con un Doctorado Honoris Causa por su labor en el mundo de las artes (2007).

Alumno privilegiado y cercano a Rufino Tamayo –uno de los más grandes iconos de la plástica mexicana-, Toledo supo hacer del color una explosión de vida; así vivió: ardiendo multicolor.

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