Poderoso caballero es Don dinero, dice un exquisito poema de Quevedo. Y de la nada –con el boyante poder del petróleo- entre las arenas del desierto ahora se construye el nuevo Louvre en Abu Dabi.

Fastuoso. Es el adjetivo perfecto para definir lo que ocurrirá este sábado cuando en los Emiratos Árabes se abran las puertas de la nueva sucursal del gran museo parisino del Louvre. Un oasis de alta cultura, literalmente, floreciendo en el desierto.

A todos los climas les gustan las excepciones. Más cálido cuando hace frío. Más fresco en los trópicos. La gente no resiste bien el choque térmico. Tampoco las obras de arte. Tales observaciones elementales han influido en el Louvre Abu Dabi. Se quiere crear un mundo acogedor que combine serenamente la luz y la sombra, la reflexión y la calma”, dice el despacho del arquitecto Jean Nouvel a propósito de la obra magna.

Lo corona un doble domo de 180 metros de diámetro, ofreciendo una geometría horizontal al azar proporcionando sombra marcada por estallidos de sol perfectamente radial

El domo es un epicentro del poder.

La desierta isla de Saadiyat, entre las olas y las arenas, es el epicentro del nuevo poder que se manifiesta como un manjar a la vista y el alma que ha dispuesto Zayed bin Sultan Al Nahyan, emir y presidente de los prósperos Emiratos Árabes Unidos.

Son ya 23 años en los que los ojos de Zayed se llenaron del asombro y la belleza perpetua del Louvre de París. Y ahora concreta ese sueño con una réplica, no exenta de polémica y debates, del recinto que guarda un sagrado tesoro de la pintura universal.

El nuevo Louvre del desierto es una aspiración de ser el gran museo del siglo XXI que entrega una nueva narrativa visual en 23 galerías permanentes, salas de exhibiciones temporales, un museo infantil, un auditorio, restaurantes y un un centro de investigación que emula el arabesco de la medina.

Un sueño hecho realidad. El Louvre de Abu Dabi.
  • Fotos: Jean Nouvel Architecs
OCT 2