Colombia ha despertado con furia ante el gobierno, la violencia del narco y el expolio sostenido.

Las calles de Bogotá, Cali y otras ciudades sacudieron con el ritmo sostenido del cacerolazo al presidente Iván Duque. Colombia arde, como el resto de los países latinoamericanos del Sur de América. El hartazgo social explotó.

En Cali -una de las antiguas ciudades más violentas del mundo (Fernando Vallejo da cuenta de ello en su libro La Virgen de los Sicarios– se decretó el toque de queda a las 7 de la noche. La violencia se ha extendido como fuego por el país en donde se han vuelto a levantar las FARC.

Para este viernes 22 de noviembre, se convocó a un nuevo cacerolazo en la Plaza de Bolívar. La jornada se replicó en otras ciudades como Bucaramanga, Cartagena, Cali y Medellín”, reporta en su primera nota de portada web el prestigioso diario El Espectador.

Los enfrentamientos de policías, militares y civiles han dejado en Colombia, hasta hace unas horas, 37 heridos; 29 nueve de ellos oficiales de seguridad. Una muestra del poder ciudadano

La brutalidad policíaca es la respuesta del gobierno de Iván Duque al reclamo social en Colombia.

El gobierno de Duque ha realizado registros policiacos arbitrarios contra colectivos de artistas, y periodistas que cubren la histórica marcha-paro nacional.

“Acabo de dar una vuelta por el centro de Bogotá. Lo de hoy no es un paro más, es el clamor de un pueblo que durante generaciones ha resistido la injusticia y la ignominia. ‘Nacido aquí, de padres cuyos padres nacieron aquí, lo mismo que sus padres’, escribió un viejo poeta (Walt Withman n. del e.).

Me siento orgulloso de que así sea para mí y del corazón tan hijueputamente hermoso que tenemos. Hoy no nos vamos a liberar de todos los males que nos aquejan como país, pero nos estamos demostrando que unidos somos invencibles. ¡Nos vemos en la plaza, camaradas!”, escribió en su muro de Facebook el poeta y periodista Héctor Cañón; referente intelectual de Colombia junto al también periodista y escritor Santiago Gamboa.

Un detalle interesante durante las protestas, entre festividad y violencia, es la portación de la bandera Wiphala, icono contemporáneo de reverencia para los pueblos indígenas de Bolivia-. Un gesto abierto a Evo Morales que está exiliado en México.

El Gobierno ha informado que las protestas reunieron a 207.000 personas en todo el país, aunque el líder de uno de los sindicatos convocantes califica esas cifras como ‘absolutamente ridículas’.

“ ‘Tenemos reporte de movilización en 1.100 municipios de Colombia. Solo en las principales ciudades se reunieron dos millones de personas. Ha sido espectacular’ ”, aseguró Diógenes Orjuela de la Central Unitaria de Trabajadores, según reporta el diario El País.