El derribo de estatuas es una práctica común a lo largo de la historia del ser humano. Aunque en el último mes ha cobrado relevancia el repudio a todo personaje que tenga nexos con el colonialismo y la esclavitud, a raíz del asesinato del afroamericano George Floyd a manos de un policía blanco en Estados Unidos.

La memoria histórica comienza a cobrar factura en Estados Unidos, Reino Unido, Bélgica y varios países latinoamericanos donde se han derribado, o removido antes de ser destruidas, estatuas de personajes asociados al esclavismo y la colonización.

La última ‘víctima’ de la furia anti-racista es Cristóbal Colón, cuya estatua en mármol donde se representa la petición de apoyo a la reina española Isabel la Católica para su viaje que terminó con el descubrimiento de América, será retirada del Capitolio de California después de 137 años de permanecer ahí.  Con menos suerte, corrieron una estatua de Colón derribada en Virginia y otra más decapitada en Boston.

Otras estatuas de generales o políticos confederados -defensores de la esclavitud y perdedores en la Guerra de Secesión 1861-1865 – fueron dañadas durante las tres semanas de disturbios nacionales en Estados Unidos, por el asesinato de George Floyd, ocurrido en Minneapolis.

El 6 de junio antes que fuera derribada autoridades retiraron la estatua del general confederado Williams Carter Wickham, en Richmond, Virginia. Carter fue dueño de una plantación y esclavista, aunque sectores de la población blanca lo consideran un héroe nacional. En Houston y Miami estatuas de Colón fueron graffiteadas.

Monumento a Cristóbal Colón dañado con aerosol en Miami, Florida, durante la jornada de protestas anti-racismo en Estados Unidos.

La mayor revuelta contra los símbolos históricos se ha presentado en Chile, durante el 2019, a raíz de las protestas multitudinarias contra la desigualdad del modelo neoliberal que estuvieron a punto de derribar el gobierno de Sebastián Piñera. Algo que no ocurrió por la entrada intempestiva de la pandemia de Covid-19.

El 1 de noviembre de 2019 un monumento a Colón fue destrozado en la localidad de Arica, mientras que a lo largo y ancho del país se derribaron y dañaron más de 60 monumentos relacionados con generales chilenos criollos y otros héroes nacionales que hoy generan repudio en las nuevas generaciones.

La furia anti-racista que apela a la memoria histórica también se ha cebado en las últimas semanas en todas las estatuas de Leopoldo II de Bélgica, aunque antes de ser destrozadas algunas ya fueron retiradas por las autoridades. En muchas quedó la pintura en aerosol roja, para recordar su pasado como genocida en el Congo. En su novela corta ‘El corazón de las tinieblas’, Joseph Conrad da cuenta de las atrocidades cometidas en el siglo XIX por el rey belga.

En Reino Unido los estallidos raciales le dieron la vuelta al mundo junto con el derribo de la estatua de Edward Colston, en la ciudad de Bristol, que terminó en las agues del río que cruza la ciudad. Colston, benefactor de la ciudad y figura histórica, fue un esclavista.  

Antes de que fuera destrozada, la estatua del traficante de esclavos Robert Milligan fue retirada dos días luego del West India Quay, en Londres.

Si empezamos a derrocar monumentos creyendo que nuestra moral es superior o que lo que estamos haciendo es bueno, ¿qué hacemos con las pirámides, el Partenón y el Coliseo Romano, todos construidos, al menos en parte, por el trabajo esclavo? ¿Debería Winston Churchill ser derribado de su pedestal en Parliament Square porque era racista, en un momento en que casi todos los demás, tanto de izquierda como de derecha, también lo eran?”, es parte de lo expresado por el historiador británico Andrew Roberts-biógrafo de Churchill- a la BBC, a propósito de las reivindicaciones que se han sostenido a lo largo de años por sectores oprimidos, durante una serie histórica realizada en 2018.

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