La crisis económica y social ha llevado a la Argentina a tocar fondo. Las dos centrales obreras más poderosas lograron mover a todo el al país para apoyarles en la quinta huelga contra el gobierno de Mauricio Macri.

La pobreza alcanza ya al 32 % de los argentinos que viven una de las peores recesiones, con una inflación terrible y el hambre que va en aumento. La ‘ciudad de la furia’ –a la que cantaba Cerati- ayer lució vacía. Pese al fracaso de su gobierno, Macri pretende reelegirse el próximo 26 de octubre.

La Confederación General del Trabajo (CGT), la central obrera más importante del país, y la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), convencieron al grueso de los ciudadanos para parar en Buenos Aires el metro, los servicios de transporte de pasajeros y carga, escuelas, bancos, puertos y aeropuertos. El rechazo a Macri es evidente ante el avance del hambre.

“(Esto es para) reclamar medidas urgentes de rectificación de las políticas económicas que se llevan adelante, que sistemáticamente fueron erosionando toda la actividad productiva, trayendo consecuencias devastadoras en el tejido social“, ha dicho en conferencia de prensa Héctor Daer, uno de los líderes sindicales.

El gobierno argentino informó que los efectos de la huelga representan una pérdida de al menos 900 millones de dólares

Manifestantes argentinos en una de muchas protestas por la crisis del país, le recuerdan a Macri el riesgo de los famosos ‘cacerolazos’ que han hecho dimitir a presidentes argentinos.

Es el paro más fuerte y de mayor contundencia en la era de Macri, gracias a que lo convocamos todas las centrales de trabajadores y lo apoyaron todas las organizaciones empresariales, pymes, más todos los movimientos sociales del país“, declaró Hugo Yaski, secretario general de la CTA.

La crisis en Argentina comenzó hace un año y llevó al gobierno de Macri a endeudarse con el Fondo Monetario Internacional (FMI) con 56 mil millones de dólares. Dinero que no ha servido para mejorar la calidad de vida de los argentinos.

Lejos de reconocer la gravedad de la situación, el gobierno argentino consideró que las huelgas persiguen intereses políticos.

“(La molestia) tiene más que ver con alguna posición política de algunos dirigentes sindicales“, declaró ayer el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica.

También fue desafortunada la declaración de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien salió a despotricar por el nuevo paro nacional.

Estamos hartos de los paros. Esto ya es como una especie de rutina. Le impiden a la gente que viaje. Es una situación en contra de la libertad y el trabajo“, declaró Bullrich a los medios locales.

El proceso electoral en puerta marca una tendencia en contra de Macri, cada día más impopular, y favorece a sus opositores peronistas, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner que está postulada como vicepresidenta -pese a un juicio en su contra por presunta corrupción- y Alberto Fernández, candidato a la Presidencia.