México y el mundo de la música están de luto. Celso Piña, ‘El rebelde del acordeón’, falleció a los 66 años de edad. Descanse en paz.

Su música nació en los arrabales de Monterrey, entre el chúntaro style (mezcla de cumbia, vallenato y banda) y el orgullo de ser regio, de clase popular. Un día hizo bailar hasta Gabo, Premio Nobel de Literatura, en un encuentro en 2003 en el Museo de Arte Contemporáneo en Monterrey.

Yo estaba tocando, cuando se abre de repente la cortina mágica y se viene la bola de gente, y en medio, el maestro. Seguí tocando, entró el maestro con la crema y nata de Monterrey, Nuevo León. Le indican su mesa, y antes de llegar a su mesa, voltea a donde estábamos nosotros, se nos queda mirando, siguió caminando, llega, sienta a la esposa y él se va en medio del salón.

Se desabrocha el último botón de la americana que llevaba y comienza a bailar. Bien sabroso que se movía el maestro. Obligados o no obligados, todos tuvieron que bailar”, platicó Celso Piña al periodista Gustavo Adolfo Infante, a propósito de esa anécdota que ocurrió el 2 de septiembre de 2003.

“La música no tiene fronteras, ni idiomas, es el idioma de Dios”

Celso Piña

Músico mexicano

En los años 80 el sonido del acordeón de Celso era un llamado irresistible al baile en las fiesta populares callejeras en el Cerro de la Campana, en Monterrey. Autodidacto, iconoclasta y audaz, Celso elevó el sonido del acordeón a niveles extraordinarios al atreverse a fusionar la cumbia con ritmos como la música norteña, el ska, el reggae, el hip hop. Ese atrevimiento se concretó en el álbum Barrio Bravo (2001) que lo lanzó a la fama mundial.

Y así estuve batallando, (decían) ‘Celso acarrea puro mariguano, lesbiana, que puro malandro’. Digo, ‘pérate’, yo no me iba a poner en la puerta a decir: ‘¿a ver tú qué eres?, ¿eres chico bien?, pásale’“, platicó Piña alguna vez sobre su inicios en el Cerro de la Campana.

El fenómeno social que desató su música aún tiene ecos. Viaja por el mundo, sacude con su poderoso ritmo ante el cual nadie puede permanecer imperturbable. Tiene la cualidad de romper barreras sociales, culturales, musicales.

Celso Piña es un conductor de tribus. Si viviese en tiempos medievales, sería calificado de ‘Acordeonista de Hamelin’. Es un fenómeno social como bien dicen, y un fenómeno musical como bien se oye”, escribió sobre ese poder Carlos Monsiváis.

Humilde y de un gran carisma, Celso Piña nació un 6 de abril de 1953 en Monterrey, Nuevo León en el seno de una familia de clase popular. 66 años luego se despidió de la vida como un grande.

Su último mensaje, antes de morir, fue claro y sencillo, poderoso como el legado musical del gran maestro que fue:

No hay quien se resista a la cumbia“.

 

  • Ilustración: Andrea Gonbelt