El desarraigo nos sigue a donde vayamos.

Ya no estoy aquí, segundo largometraje de Fernando Frías, muestra la historia de Ulises, un adolescente de diecisiete años que lidera Terkos, una pandilla en la que sus integrantes lucen un aspecto cholo y gustan de bailar y escuchar cumbias colombianas en Monterrey, México. Debido a un malentendido entre cárteles de droga que amenaza con asesinarlo a él y a su familia, Ulises se ve obligado a huir a Nueva York.

Juan Daniel García Treviño ―ganador del premio a mejor actor en el Festival de Cine de El Cairo en 2019 por su interpretación de Ulises― encarna a un adolescente que no tiene lugar sino en la música y el baile. Su madre lo echa constantemente de casa, la violencia lo echa de su ciudad y país, sus paisanos lo corren a golpes de su alojamiento en Nueva York y su única amiga en la nueva ciudad termina cerrándole la puerta en la cara.

La mirada de Frías está libre de condescendencia e idealización. Tal vez la mayor cualidad de Ya no estoy aquí es que muestra un protagonista poseedor de una tragedia personal ―lo cual lo sitúa como un personaje universal― y no como ejemplo de un fenómeno folklorizado, al mismo tiempo que construye un escenario tan verosímil como devastador.

Desde la primera escena se muestra lo que será el hilo conductor de la película: Ulises yéndose y portando su música como único recordatorio de quien es él

La película se narra alternando episodios de la vida de Ulises en Monterrey y en Nueva York. La elección de esta forma narrativa, en lugar del orden cronológico, expresa que la sensación de no pertenecer y ser un incómodo son una sombra que acompaña siempre al protagonista aunque cambie su lugar de residencia. También sugiere que además de las limitaciones adaptativas que muestra Ulises (recordemos que es un Terko) el medio social excluye a personas como él: extravagantes, pobres y con un talento que es mayormente incomprendido.

En Monterrey, el único momento en el que Ulises recibe reconocimiento y respeto es cuando baila cumbias colombianas. Esta actividad es el único medio por el que Ulises ha recibido valía personal: lo notamos cuando los demás personajes hacen referencia a que desde pequeño se caracterizó por bailar muy bien y cuando él mismo muestra con orgullo un reportaje televisivo en el que aparece bailando cuando era un niño.

El único espacio seguro del protagonista es el baile y los cárteles se lo quitan. Desde Estados Unidos, Ulises intenta mandar un saludo a los Terkos en su estación de radio preferida de Monterrey, pero no logra hacerlo debido a que en el mismo momento lo suspenden a él para transmitir un mensaje presidencial sobre la lucha contra el narcotráfico. Una metáfora trágica e irónica de lo que ocurre con su vida. La historia de Ulises no tiene cabida en el discurso oficial.

En Nueva York, Ulises desea seguir practicando su baile pero lo que obtiene son burlas y menosprecio de los latinos con quienes comparte casa. La invalidación de la única cualidad por la que el protagonista se consideraba valioso, bailar cumbias colombianas, lo orilla a dejar de nuevo su “hogar” entre el rechazo y la brutalidad de la golpiza que recibe.

Así es como se instala sin permiso en el cuarto de azotea de un edifico en que había trabajado. Ahí conoce a Lin, una adolescente de ascendencia china que muestra de inmediato fascinación por él. Lin es una admiradora de la otredad que se le muestra incomprensible y ajena, como se evidencia desde su primera escena, donde observa unas fotografías de personas en el metro.

Se sugiere que Lin también es constantemente rechazada, otro de los personajes la describe como “bien intensa”, a modo de fastidiosa o molesta, mientras que ella misma dice que hay compañeras en su clase que dejaron de hablarle. Al igual que Ulises, Lin desea sentirse parte de algo, pero a diferencia de él ―quien tiene muy clara la cualidad por la que desea ser aceptado― Lin todavía se encuentra en esta búsqueda y por tanto no duda en imitar las cualidades de Ulises o en servirse de él para entrar al grupo del que quiere ser parte.

Si Ulises encarna la desaprobación y el rechazo vivido a partir de sus talentos, Lin muestra la frivolidad ―aun bien intencionada― a la que suele recurrirse para buscar la pertenencia y el arraigo. Ninguno de los dos personajes se salva de su carácter trágico, por lo que terminan perdiéndose mutuamente.

Desde una mirada reduccionista se podría decir que esta película es sobre la violencia del narcotráfico o la migración, pero éstos son elementos circunstanciales ―aunque no por ello menos terribles― y no el tema central

Ulises se abstraía por medio del baile de la realidad de la que no se sentía parte desde muy temprana edad, “No podías ni hablar, pero bien que le bailabas”, le dice un amigo; Ulises fue rechazado desde antes de su condición de migrante, desde su propia casa y por su madre; la violencia del narcotráfico afectó a Ulises de manera coyuntural, pero la violencia de la discriminación por su baile fue la que derramó su sangre en los golpes que le dieron sus compañeros de casa en NY.

Hay una negación de todo: de la familia natural en contraposición a la familia que se encuentra en la pandilla y de la música norteña (la inmediata del entorno) por la colombiana. Ulises termina desaprobándose a sí mismo al escupir a su reflejo en un espejo roto.

La posibilidad de bailar como señal de que lo malo ha pasado se ha vuelto un tópico al que Ulises aspira, pero su búsqueda parece ser siempre obstaculizada, por ejemplo, por las sirenas de patrullas y ambulancias que indican hechos violentos y que impiden escuchar cumbias colombianas. Tanto idealizar el regreso al lugar del que se fue para que una vez de vuelta descubra que el lugar que se dejó ya no existe y que aun cuando existía no había pertenencia.

La actualidad de Ya no estoy aquí ―ganadora del premio a mejor película tanto del jurado como del público en el Festival Internacional de Cine de Morelia de 2019― reside en cuestionar las reacciones polarizadas que se desprenden de nuestra relación con la otredad: la fascinación que mostramos por el otro y el menosprecio expresado hacia lo nuestro.

Ulises desencadena tanto el interés morboso de Lin y de un fotógrafo que lo persigue en NY, al mismo tiempo que recibe el menosprecio de sus paisanos.

  • Fotograma: Ya no estoy aquí
BICI