En el café Colón de Barcelona un Victoriano Huerta enardecido aún por la derrota frente los revolucionarios mexicanos recibe la visita de Franz Von Rielten.

No era el primer encuentro de Huerta y el espía y miembro de la inteligencia del Káiser Guillermo II de Alemania en aquel álgido febrero de 1915.

Más bien se trataba del último acercamiento sostenido entre el traidor y el germano en Europa. Von Rielten le informa sobre los depósitos que el gobierno alemán le ha hecho tanto en cuentas bancarias de Estados Unidos, como de La Habana. La cifra supera los dos millones de dólares. Una verdadera fortuna en la época.

Finalmente le recuerdan -anticipándose a Ian Fleming-  su cinematográfica clave de identificación: Huerta será el agente secreto 007

Al mes siguiente el mexicano se embarca rumbo a Nueva York en la que sería su última aventura militar. Tenía el sueño de arrebatar la presidencia a Venustiano Carranza, como antes lo había hecho con Francisco I. Madero, a quien hasta el último momento “juró” defender con su vida (saludos a Jaime Lannister). El nombre del buque no podía ser más acertado para anunciar el deplorable final de la expedición. El vapor se llamaba Antonio López.

Aún con el riesgo, la locura y la traición a la soberanía mexicana que significaba el golpe a los revolucionarios, el agente secreto 007 no estaba solo. En Barcelona había pactado con Enrique C. Creel, ex gobernador de Chihuahua y ex secretario de Relaciones Exteriores de Porfirio Díaz -y futuro pariente de Santiago Creel; un hombre de gustos violentos-, quien representaba los intereses de la clase porfiriana que sólo veían en los revolucionarios a una muchedumbre mugrienta, fea y con ganas de matar por placer.

Todo lo contrario a la pax porfiriana. El otro de los involucrados era Pascual Orozco, que ya prepara en San Antonio, Texas, una fuerza militar con la que empezaría la invasión en suelo mexicano

¿Y los alemanes? El dinero y posteriormente el armamento e incluso hombres y submarinos que el Káiser Guillermo II le había ofrecido a Huerta tenían un objetivo más importante, en la geografía mundial, que la presidencia de México. Para entonces ya involucrado en la Gran Guerra en la que enfrentaba a Inglaterra, Francia y Rusia, Alemania pretendía instaurar a su agente 007 en el poder mexicano y, una vez en la presidencia, Victoriano Huerta le declararía la guerra a Estados Unidos.

El propósito final de los alemanes era simple: mantener ocupados a los gringos en una pelea de barrio para evitar así que entrasen al conflicto europeo

Desde Manhattan las operaciones dieron inicio. El Káiser movía sus piezas en el tablero americano, Carranza mandaba espías a Nueva York a fin de mantener vigilado a sus enemigos y el presidente norteamericano Woodrow Wilson, agazapado, miraba cómo en su propio patio se empezaba a urdir un movimiento que finalmente afectaría a su gobierno.

Mientras tanto el protagonista, Victoriano Huerta, se hacía retratar jugando con sus nietos con el fin de subrayar su alejamiento de los asuntos políticos y, sobre todo, de los asuntos militares. La calma se mantuvo hasta que al agente 007 se le olvidó que también era secreto. El 15 de abril declaró a la prensa que “México será salvado por un mexicano, por un mexicano fuerte”.

Las alarmas se encendieron. Desde La Casa Blanca se incrementó la vigilancia  de Huerta. Por eso fue tan fácil atraparlo en Nuevo México la madrugada del 27 de junio. Los planes de los alemanes en América habían sido descubiertos. Huerta perdía así la última oportunidad de recuperar el poder y los Estados Unidos se preparaban para involucrarse en la Primera Guerra Mundial.

El agente 007 fue primero puesto en arresto domiciliario. Cuando aumentaron las protestas en su contra por parte de connacionales, se temió por su vida y fue regresado a la prisión de Fort Bliss, Texas

En sus últimos días, Huerta ni siquiera se desnudaba ni se quitaba el calzado para dormir temiendo un atentado. Pese a sus súplicas a la embajada alemana, el gobierno de Guillermo II se desentendió de su agente “secreto” 007 y brindó las pruebas necesarias para que los gringos actuarán en contra del mexicano acusándolo de conspiración.

Victoriano Huerta murió el 13 de enero de 1916 en El Paso. Era, una asquerosa cucaracha.

Al parecer, no se ha filmado ninguna película en su honor.

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