Conocí a Víctor Manuel Zanella Huerta cuando él era un niño, y yo, un joven universitario. Lo recuerdo como un ser humano transparente, sonriente y emprendedor.
Su papá fue una excepcional persona; en realidad, su familia paterna, a quien tuve el gusto de conocer y tratar, está integrada por entes de corazón limpio, luminosos, generosos, entregados, constructivos. Su papá, Víctor Zanella Berra, fue un hombre siempre amoroso con su hijo Víctor y con su hija Doris. Recuerdo al señor Víctor y lo defino como un gran papá. Víctor Zanella padre, fue un abrevadero de amor.
Los tíos de Víctor Zanella, diputado panista por el Distrito XII de Irapuato, son unos hombres extraordinarios: todavía cuando coincidimos en alguna calle de Irapuato, nos saludamos con gusto, alegría, empatía y absoluto respeto.
Los Zanella son una familia de origen italiano con valores, con espiritualidad: brindo constancia de ello.
Comunicadores y periodistas, suelen agotarse en los éxitos profesionales de los candidatos, sin atender el factor humano. Es en la familia, en los valores heredados y en las historias de vida, en donde, sustancialmente, los ciudadanos deberíamos concentrarnos
Estoy seguro que Víctor sabe que su más importante patrimonio, está en su familia, en sus padres. En tanto se abrace a la herencia inmaterial que le regalaron, Víctor seguirá cosechando éxitos políticos y trascendiendo, espiritualmente. En la familia siempre están las certezas, las preguntas y las respuestas. Me consta que la de Víctor, es una familia cercana al corazón de la vida.
Sabemos que la trayectoria de Víctor Zanella Huerta, al interior del PAN, es larga y ascendente. Es joven y los puestos que ha desempeñado, son muy importantes.
Conocí a Víctor Manuel Zanella Huerta cuando todavía no era el político exitoso de hoy. Es en ese niño en quien confío. Su familia, su historia de vida y el amor con el que sus padres lo formaron, me brindan la certeza ciudadana de otorgarle mi voto.
Estoy consciente que Víctor egresó de la Universidad de Guanajuato (UG), y que ello garantiza, profesionalmente, las competencias educativas necesarias. Ciertamente, es en la persona (en el ser humano) en quien elijo creer.
Me alegra este reencuentro, Toyito.
- Foto: Cortesía de Luis Omar Montoya