En 1948 Alejandro Galindo filmaba la clásica cinta, ‘Una familia de tantas’, en ella, el cineasta plasmaba la historia de los Cataño, una conservadora familia de la Ciudad de México que, regida por el severo y ortodoxo Rodrigo Cataño (Fernando Soler), revelaba toda la disfuncionalidad familiar disfrazada o matizada por unos valores morales llevados por el patriarca hasta sus últimas consecuencias.

Los Cataño estaban representados en la persona de una madre abnegada, dos hijas sometidas a los roles de una época en donde la mujer cumplía con el papel establecido para ellas: las labores del hogar y, por último, el cuadro de dicho núcleo lo completaban una adolescente con el mismo destino dibujado para sus hermanas y dos varones, un adulto con mejores perspectivas de futuro por ser hombre y un niño.

Pero hoy como antes, las familias, muchas de ellas (¿todas?) viven su existencia bajo una fachada de aparente normalidad con cuadros fotográficos entrañables, recuerdos e ilusiones que arroban los deseos de una felicidad plena que un día termina por estallar y revelarnos que las relaciones humanas son un arte y cuando este se practica en la familia, muchas de las veces obtenemos grotescos monstruos de Frankenstein que en nada se parecen a lo que un día se soñó.

Así le estalló la realidad al patriarca Cataño en la obra de Galindo: su estructura familiar comenzó a desmoronarse cuando sus hijos e hijas canalizaron sus frustraciones en decisiones equivocadas y algunas más sensatas que romperían con el ciclo vicioso de un conservadurismo rancio e inútil para los parámetros de vida de algunos de sus miembros.

Hoy se habla de familias modernas en donde en tal concepto concentramos a los matrimonios entre personas del mismo sexo, la diversidad sexual más y mejor aceptada en los propios núcleos familiares, madres y padres solteros, padre y madre que trabajan y donde el concepto de abnegación es visto como un ente del infierno atávico que debe morir sí o sí.

Pero en la actualidad, no hay nada nuevo bajo el sol y si bien las familias de todo el mundo se despojan hoy de ciertas costumbres pasadas de moda, discursos y narrativas generacionales que ya no embonan con las nuevas formas de concebir al clan y asumen otros tipos de paternidad y maternidad, también es cierto que los actuales núcleos familiares esconden nuevos conflictos, nuevas formas de frustración, nuevas maneras de desintegrar y mantener la disfuncionalidad a tope.

La modernidad y el progreso moral como una ficción: dime de qué te liberas y te diré cuál es tu nuevo yugo, reza una conocida expresión que conceptualiza la libertad como una bruma, un espacio lleno de humo que al primer soplo desaparece

El joven dramaturgo y debutante director, Stephen Karam, lo entiende así y ha debutado en el cine con The humans (2021), película basada en la obra de teatro del mismo nombre y dirigida por el propio Karam.

Es el Día de Acción de Gracias en Nueva York y los Blake se reúnen para celebrar tal festividad.

Brigid Blake y su marido Richard son los anfitriones de la familia de ella: Aimee, la hermana; Deirdre y Erik, los padres y Momo, la abuela paterna.

Karam ha llevado el teatro al cine y narra a los Blake de manera sobria y pausada en un ambiente distendido, en una convivencia aparentemente inocua y esterilizada especialmente para que los asistentes se sientan cómodos en el viejo departamento adquirido por Brigid y Richard para vivir su incipiente matrimonio.

Los Cataño mexicanos y los Blake estadounidenses no parece que tengan algo que ver entre sí, no solo por razones geográficas, la época de los Cataño es el medio siglo pasado, los Blake asisten al tiempo en que apenas las torres gemelas de Nueva York habían sido derribadas en aquel acto terrorista de espantosa memoria.

Pero los Blake cuentan una historia familiar perturbadora y deprimente (qué familia no esconde sus propios esqueletos en el clóset). Poco a poco y mientras la noche avanza, la podredumbre, la miseria y las penas de cada uno de ellos y ellas se va revelando imparable.

Las reuniones familiares son escenarios inequívocos del encuentro para la mentira, el secreto callado, la enfermedad y la tristeza, las frustraciones y la autocensura, las relaciones malsanas entre los padres y los hijos y por momentos, la solidaridad manifiesta entre las hermanas, entre los esposos para devenir luego en la amargura total de un fracaso a todas luces lacerante

Eso al final de cuentas une a los Cataño y a los Blake a pesar la inmensidad del tiempo y el espacio que los separa, por eso decimos que no hay nada nuevo bajo el sol, porque en toda época y lugar, la miseria de la disfunción familiar conlleva sus debidos tintes de horror, la prueba irrefutable de cómo la familia puede ser también un elemento de terror no previsto.

El departamento de Brigid y Richard se convierte también en un personaje más, elemento simbólico de lo que se destruye en la familia. La finca se cae a pedazos, las luces se apagan, la madera cruje y algunos bichos habitan el lugar y todos esos aspectos representan la decadencia de una familia que, sin embargo, trata de resistir los embates del infortunio en ese Día de Acción de Gracias, paradójico paliativo de la desgracia que los carcome.

Filmada en su totalidad dentro del departamento de Brigid y Richard, la obra de Karam es una muestra plena de la claustrofobia emocional de sus personajes, The humans es un muestrario psicológico en donde el espectador se convierte en una especie de voyeur no en el sentido sexual, sí en el papel del reflejo que genera el espejo de los Blake y sus pecados, miedos y culpas.

Como toda obra de teatro llevada al cine, las virtudes de la cinta de Stephen Karam recaen en las poderosas actuaciones de los actores y actrices que representan este ensayo coral de la miseria familiar.

Jayne Houdyshell, Andrew Shaver, June Squibb, Steve Yeun, Beanie Feldstein y Amy Schumer, componen este reparto que absorbe con sus diálogos, gestualidad y corporalidad, todo el peso de una historia que si bien lerda en su narración, termina por dejar un amargo e inquietante sabor de boca: saber que, en esa familia, en sus miembros y en sus circunstancias, nos encontramos también nosotros y nuestros propios clanes.

Men

La tercera obra que abordaremos en Road Movie de esta serie de cuatro cintas que nos dejan ver el terror desde otras ópticas, es Men (2022) del director Alex Garland. Dicha película del estupendo cineasta británico nos adentrará en la perturbadora historia de una mujer acosada por fuerzas oscuras que, si bien pueden interpretarse como entes sobrenaturales, al final de cuentas y en realidad, representan el horror real que el género masculino le puede provocar a las mujeres. Espérela.

  • Fotograma: The Humans