Al maestro que me eligió como su amigo…

Dice Aristóteles sobre la amistad: “es, en efecto, una virtud, o va acompañada de virtud, y, además, es lo más necesario para la vida. Sin amigos nadie querría vivir, aun cuando poseyera todos los demás bienes; hasta los ricos y los que tienen cargos y poder parecen tener necesidad sobre todo de amigos”.

Cicerón la establece como una decisión que expone íntegramente a aquel quien la elige: “prefieren unos las riquezas, otros la buena salud, otros el poder, otros las honras, y muchos los deleites: esto último es propio sólo de las bestias, y lo otro caduco y perecedero, dependiente no de nuestro arbitrio, sino de la inconstante fortuna. Y así discurren noblemente los que constituyen en el sumo bien en la virtud; y esta misma es la que engendra y mantiene las amistades; de modo que sin ella no puede haberlas en manera alguna”.

Desde el manicomio, Leopoldo María Panero fue más radical: “finalmente estar o no estar loco, se trata de tener o no tener amigos”.

Jaime Gil de Biedma escribió un hermoso poema titulado Amistad a lo largo donde ahonda en el casting cósmico que hace que dos o más almas se encuentren, se reconozcan y tejan entre sí una complicidad alejada del tiempo y de las mezquindades de la vida:

Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos con los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que nos sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.

En la amistad se siembra primero la comprensión antes del enjuiciamiento. Regreso a Cicerón: “La justicia de nuestra acción depende muchas veces de las circunstancias”. Conocer esas circunstancias antes de arremeter en contra del amigo en desgracia es lo menos que debe exigírsele a una verdadera amistad.

Acompañamiento es lo que se espera de los amigos. Nunca un juicio sumario o las agresiones que se fermentan sólo en la mente de los infames. En el momento del dolor es cuando la amistad realmente se comprueba

Aristóteles así lo escribe: “En la pobreza y en los demás infortunios se considera a los amigos como el único refugio. Lo jóvenes los necesitan para evitar error; los viejos para su asistencia y como una ayuda que supla las menguas que la debilidad pone a su actividad; los que están en la flor de la vida, para acciones nobles: ‘dos marchando juntos’, así, en efecto, están más capacitados para pensar y actuar”.

Por eso es tan miserable aquel que alguna vez se llamó “amigo” y en las desgracias prefiere el ataque al compañero caído. Pero también es igual de desgraciado aquel que se aleja, que rechaza o que incluso niega al amigo infortunado.

La amistad es el último refugio en este mundo tan colmado de voces morales que, como cerdos, exigen atragantarse de la sangre de cualquiera.

  • Ilustración: Eustache Le Sueur