Quizá ni los mismos hermanos Lumiere se dieron cuenta, cuando patentaron el cinematógrafo, que estaban inventando una manera de soñar despierto. El 28 de diciembre de 1895, en el Salon indien du Grand Café de París, hicieron la primera proyección pública con espectadores que pagaron por entrar en la historia y ser testigos del nacimiento de una nueva manifestación artística.
Sin embargo, quien mejor entendió las posibilidades del cinematógrafo fue Georges Mélies, personaje que se encontraba en aquella primera exhibición pública de los Lumiere y a quien debemos el cine como una fábrica de sueños. El primer gran cineasta de la historia es también considerado el padre de la ciencia ficción y fundador de las bases de los efectos especiales que hoy conocemos en la industria cinematográfica.
El cine desde entonces ha evolucionado en su técnica, formas de narrar y apreciar imágenes en movimiento, los géneros se han diversificado y las leyendas actorales, directores, guionistas y productores, han sido capaces de crear grandes películas clásicas que nos permiten volver a ellas una y otra vez para reeditar nuestros sueños reflejados en una pantalla y enfundarnos en una realidad disfrazada de ficción.
Bi Gan, joven director chino, ha confeccionado una de las películas más fascinantes de los últimos años en donde hace homenaje, oda y tributo al cine. Resurrection (2025) es un ambicioso ejercicio visual en donde Gan recrea el séptimo arte, hace un recorrido por su historia y lo realiza de la única manera en que podemos entender el cine, a través de una narración con marcados tintes oníricos, surrealistas y misteriosos.
Bi Gan nos cuenta en su nueva obra que la humanidad ha perdido la capacidad de soñar a cambio de volverse inmortales, pero como siempre, hay rebeldes e inconformes y el cineasta chino les llama delirantes, uno de ellos, interpretado por Jackson Yee, es rescatado por una mujer (Shu Qi), quien logra entrar en sus sueños y lo lleva en un largo viaje a través de cien años de cine
Dividida en cinco historias independientes, ligadas únicamente por el delirante, Bi Gan nos lleva por los inicios del cine mudo y el expresionismo alemán, recorre las formas narrativas del cine negro, viaja a través de una historia de fantasmas budista y sus obligados elementos sobrenaturales, nos conmueve con el drama de un estafador y una niña huérfana que lo acompaña y cierra con una historia de amor entre vampiros testigos del amanecer del siglo XXI. Cabe señalar que cada una de estas historias aborda los cinco sentidos de manera explícita o simbólica, según como se le quiera interpretar.
Por todo ello, Resurrection es una experiencia sensorial, una inmersión que asemeja una travesía en el mar con sus tormentas, su calma y sus imprevistos porque no sabemos entre una historia y otra, a dónde nos llevará el artista asiático, por eso lo mejor es dejarse llevar, perderse en los laberintos incomprensibles de los sueños, fenómeno que Gan explota sin medida, con grandilocuencia visual y sonora para pedirnos que tomemos o dejemos el viaje, pero a sabiendas de que no nos dejará indiferentes sea cual sea nuestra decisión.
La nueva obra de Gan nos muestra también la depurada técnica cinematográfica, y, por ejemplo, crea un vertiginoso plano secuencia en la historia de los amantes vampíricos, hace un guiño al Nosferatu de Murnau y da clase magistral con el contraste de luces y sombras tan característico del expresionismo alemán.
El ejercicio visual y narrativo de Bi Gan es enloquecido y enloquecedor, porque no hay duda que el propio director se ha dejado llevar por sus propias visiones oníricas sobre lo que para él representa el cine, les mete alta velocidad a sus fantasías, pero nunca desbarranca porque mide a la perfección el vértigo de lo que quiere contarnos. Resurrection es un inteligente tratado de sintaxis visual que reinventa otra forma de contarnos la historia y evolución de un arte joven, su placer y su críptico lenguaje, sus posibilidades de interpretación y la anchurosa capacidad de la imaginación.
Cierto es que el cine es un elemento cultural de entretenimiento puro, pero la obra de Gan, aunque resulte paradójico, no es para el ojo de cualquier espectador, se necesita un contexto histórico, narrativo y visual para apreciar esta singular historia. No es casual que cuando asistí a ver la película había más o menos, quince personas, y de ellas, al menos tres o cuatro abandonaron la sala antes de la mitad de la cinta.
Sí, hay que decirlo, Resurrection es para cinéfilos irredentos, amantes de la creación de los Lumiere y Georges Mélies, es para espectadores delirantes, como las criaturas que se niegan a dejar de soñar, aunque luego se asuman mortales, pero con la promesa de que en la vista de una película, habrá una especie de resurrección garantizada
El mismo Bi Gan reafirma la anterior tesis porque en una entrevista con cineaste.com, describe puntualmente al ser humano de nuestra época y la desconexión que tiene con sus semejantes y por ende con su capacidad de soñar e imaginar. Dice Gan:
“Lo que hemos perdido en estos cien años no es el cine como forma de arte, sino nuestra incapacidad para conectar nuestros sueños con él. Según mis observaciones de la realidad actual, la gente se ha acostumbrado a la comodidad de la tecnología, como los teléfonos móviles. En esos teléfonos, pasamos mucho tiempo con aplicaciones y software basado en algoritmos que, de alguna manera, se adaptan a nuestras necesidades y deseos. Creo que el tiempo que dedicamos a estos dispositivos, aplicaciones y programas, nos impide experimentar el mundo de una forma que dependa del uso de todos nuestros sentidos en tiempo real con otra persona. Hoy en día, dependemos de las limitadas capacidades sensoriales que ofrece un dispositivo”.
Si entendemos bien las palabras del director chino, sabemos que nos invita a no perder nuestra humanidad, la capacidad de soñar para en esa experiencia onírica, resucitar una y otra vez lo que nos hace sensibles al dolor, la tristeza, la felicidad, la vida.
Largo viaje hacia la noche
Con Resurrection, Bi Gan ganó el Premio del Jurado en Cannes, pero ya el cineasta asiático había mostrado la potencia de su estilo visual con Largo viaje hacia la noche (2018), película que narra la historia de un hombre que regresa a su ciudad natal, atormentado por el recuerdo de una mujer que amó intensamente y a quien pretende volver a encontrar.
Con Largo viaje hacia la noche, Bi Gan compitió en la sección Un Certain Regard del Festival de Cine de Cannes y daba ya el aviso de que siete años después, nos entregaría con Resurrection su obra más lograda hasta el momento.
Si desean los lectores de esta columna conocer y saber más de Bi Gan, les recomiendo visitar ambas cintas que definen al director asiático como un joven de 37 años convertido ya en plena realidad.
- Fotograma: Resurrection