El perfil de una sociedad también se va configurando de acuerdo al nivel de sus referentes informativos, de los medios de comunicación que consume y de sus modelos de líderes de opinión elegidos para acceder a la verdad, ese concepto tan escurridizo que puede incluso sucumbir ante la subjetividad del lenguaje y cada quien, entonces, interpreta, tergiversa o corrompe de acuerdo a su interés y conveniencia del momento.

Un antecedente necesario

En México y al menos durante la década de los años 70 y 80 del siglo pasado, Jacobo Zabludovsky fue por antonomasia, el personero predilecto del PRI-Gobierno. Su noticiero, 24 Horas, se convirtió en la agencia de noticias gubernamental y nada que pudiera ensuciar la imagen de la administración en turno, podía salir de la boca de Zabludovsky, todo lo contrario, era el maquillista exacto, el prestidigitador culmen que hacía efectiva aquella máxima del partido único en el poder: “¿Qué hora es? Las que usted diga Señor Presidente”.

Antes, en la década de los años 50 y 60, Carlos Denegri fue el antecesor de Zabludovsky, un periodista, dicen las crónicas, que se convirtió en el azote de los políticos y al mismo tiempo en su perfecto mono cilindrero.

Denegri fue el autor la famosa Miscelánea política, columna por medio de la cual, vendía su silencio, acto que dio al escritor, Enrique Serna, la posibilidad de escribir su maravillosa novela, El vendedor de silencio (Alfaguara. 2019), una deliciosa estampa del malogrado Denegri y su escandalosa forma de hacer periodismo.

Y qué decir del México actual. Un México que hoy confía su credibilidad informativa en un payaso (sí, tal cual, en un payaso de pelos verdes) y en un periodista llamado Carlos Loret de Mola, señalado por participar en el montaje televisivo que transmitió “la captura” de Israel Vallarta y Florence Cassez, ambos acusados de secuestro y presuntos miembros de una banda que nadie conoce, pero todos la llaman, Los Zodiaco.

El payaso y Lordmontajes (llamado así por los cibernautas), ufanos hasta la rabia de ser los mayores críticos del gobierno actual, pero que orondos, no conciben su contexto de farsa y ficción que representan sus antecedentes de actores de vodevil barato

Pero siempre, en tan escabrosos contextos de información degradada y periodistas a los que les queda grande el título, emergen y emergieron alguna vez, personajes y medios de comunicación de contrapeso, casi contraculturales podría decirse.

Nombres como los de Julio Scherer García, Miguel Ángel Granados Chapa, Carmen Aristegui o prensa como la revista Proceso, La Jornada, Unomásuno en su primera etapa y otros medios alrededor del país, surgen para todavía, a veces, poder refugiarse ahí y entender el periodismo, el buen periodismo, como una actividad necesaria para la salud plena de una democracia y un concepto de la verdad más cercano a la realidad.

Hoy, en un mundo en donde las fake news, el término infodemia, la proliferación de miles de medios digitales que navegan en la inmensidad de la red mundial y en un imaginario colectivo que asume que cualquier idiota puede ser periodista, se vuelve necesario recordar a verdaderos profesionales del oficio como Manuel Buendía Tellezgirón, uno de los reporteros más importantes e influyentes de la segunda mitad del siglo XX y quien fue asesinado el 30 de mayo de 1984 cuando salía de sus oficinas ubicadas en la Ciudad de México.

Red Privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía?

Qué más se puede decir, 37 años después, del asesinato de Manuel Buendía. Quizá en términos de nuevos hilos negros en torno a los culpables, poco y nada. Para las crónicas de la época y para la memoria que atrae el hecho a la actualidad, José Antonio Zorrilla Pérez y Juan Rafael Moro Ávila son los autores intelectual y material de manera respectiva.

Pensar hoy la carrera, vida y asesinato de Manuel Buendía es, sobre todo, recordar y hacer homenaje a un hombre que hizo del periodismo una actividad, en términos de investigación y minuciosidad informativa, una labor casi artesanal cruzada por las características que hoy y siempre definen y marcan la diferencia entre lo que significa un buen reportero y un excelso profesional del periodismo.

El productor Manuel Alcalá ha hecho con su opera prima documental, Red Privada: ¿Quién mató a Manuel Buendía? (2021), un homenaje y un tributo a un hombre consecuente hasta su muerte con la idea de la transparencia informativa y la necesidad de esta como elemento indispensable para la vida en democracia de un país

Estrenado en la plataforma Netflix apenas el pasado miércoles 14 de julio, Red Privada (nombre de la columna de Buendía), hace un muy buen recorrido por la carrera del periodista desde sus inicios como reportero y director del periódico La Prensa, hasta su auge mayor como uno de los columnistas más importantes de México en la segunda mitad del siglo XX.

Con entrevistas a algunos de los periodistas más reconocidos de México como Blanch Pietrich, Carmen Aristegui, Virgilio Caballero (QEPD), Raymundo Riva Palacio, Rogelio Hernández, José Reveles, Félix Fuentes, Jesús Esquivel; los escritores Iván Restrepo y Elena Poniatowska y los analistas Alfonso Zárate y Sergio Aguayo, el director Manuel Alcalá discurre entre las innegables virtudes periodísticas de Buendía y las formas implacables, exactas e irrebatibles que hicieron del asesinado periodista, un columnista temido al mismo tiempo que respetado.

También es necesario apuntarlo, Buendía se fue haciendo de eminentes enemigos dentro del poder político y por supuesto dentro del narcotráfico que ya para la década de los años 80, comenzaba a penetrar las estructuras del gobierno en este contubernio que, al paso de las décadas, se ha convertido en un cáncer que hoy forma parte incluso de la normalidad paisajística de un país en crisis.

Red Privada también pone en la mira como posible causa y efecto del asesinato del periodista michoacano, a la CIA, ultrafamosa agencia de inteligencia estadounidense que, vía sus grandes alcances globales en términos de espionaje, también era objeto de estudio e investigación del columnista.

El documental de Alcalá nos recuerda también el camino atroz de corrupción que México ha tenido que seguir a lo largo de los últimos 60 años y nos obliga a rehacer nuestra memoria, sobre todo a aquellos que sienten que la historia de este país y sus dislates comenzaron en el 2018 con el ascenso al poder de Andrés Manuel López Obrador.

Y por supuesto, no podemos obviar que recordar el homicidio de Manuel Buendía es también el recordatorio de que México representa uno de los países más violentos para el ejercicio del periodismo

El asesinato de cientos de periodistas mexicanos, nos debe hacer volver la vista atrás y preguntarnos, como sociedad, qué hemos dejado de hacer para no cristalizar mejores estadios democráticos en un país envuelto en una oscuridad brutal desde hace ya, muchos, muchos años.

En el documental de Manuel Alcalá, el analista Sergio Aguayo señala de manera contundente que “la historia del siglo XX en México es la historia del debilitamiento del Estado mexicano y la aparición y consolidación del crimen organizado. Y en ese marco tenemos que insertar a figuras como la de Manuel Buendía”.

Y en efecto, un Estado debilitado es una puerta abierta a prácticamente cualquier aberración, un país que es presa del crimen y la corrupción casi endémica, es un país condenado a repetir su historia, por ello, señala Aguayo, insertar el asesinato de Buendía en ese marco, es en lo absoluto una visión ad hoc del país que somos.

Llama la atención del documental que hoy nos ocupa, que su director no haya hecho una sola mención a Miguel Ángel Granados Chapa quien, junto al autor de Red Privada, es también uno de los más grandes periodistas de finales del siglo XX e inicios del XXI y una de las personas que mejor conocieron a Buendía.

Granados Chapa fue alumno de Manuel Buendía y uno de los columnistas que más y mejor escribió sobre la vida y obra del periodista michoacano. Granados, incluso, trabajaba hasta poco antes de su muerte en 2011, en la escritura de un libro sobre su maestro: Buendía, el primer asesinato de la narcopolítica en México (Grijalbo Mondadori. 2012), obra publicada postmorten en donde el periodista hidalguense aborda la biografía de Buendía y su homicidio.

Nada dice el director en su documental sobre la relación entre estas dos figuras icónicas del periodismo mexicano y no deja de ser una laguna informativa en el trabajo de Alcalá, sin embargo, se le debe reconocer que pese a dicha omisión, hace un estupendo retrato del autor de Red Privada incluso para las nuevas generaciones que aspiran al oficio y quienes deben de testificar que, periodista, es un adjetivo no aplicable a cualquier imbécil con un dispositivo en sus manos, entre ellos, sí, algunos de los citados al inicio de esta nueva entrega de Road Movie.

Un diálogo entre periodistas

Le pregunto a mi buen amigo, el periodista y escritor, Juan Manuel Villalobos, si él cree que en la actualidad hay alguien en la prensa que iguale la talla de columnistas como Manuel Buendía y Miguel Ángel Granados Chapa. Villalobos me dice, textual:

Difícil apreciación. Quizá, en términos periodísticos, no los hay: yo no he dejado de seguir ni a René Delgado, ni a Raymundo (Riva Palacio), diferentes, pero con información. Me gusta Héctor de Mauleón y, sin duda, como analista político, sobresale Jesús Silva-Herzog Márquez. También ha despuntado Salvador Camarena y en El País hay una mujer muy interesante que se llama Viridiana Ríos”.

Con algunas divergencias, coincido con él. Todavía no vemos a un Buendía o a un Granados Chapa y su estatura periodística, aunque prospectos, los hay.

  • Fotograma: Netflix
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