Los norteamericanos de USA eligieron a un presidente que les prometió construir un muro que los separase de los otros americanos al sur de su frontera. Dicho y hecho, parece que Mr. Trump va a darse prisa.

El hecho de querer cumplir una promesa sorprende tanto que parece haber pillado al presidente Peña Nieto desprevenido. Tuvo una oportunidad de hacer el ridículo ante el mundo y no la dejó escapar.

Es muy difícil decir qué es un país, o una nación, o un estado. Pero algunas cosas lo representan inequívocamente. Por ejemplo, su presidente. Por eso el desplante del magnate del norte a Peña Nieto se siente como una afrenta entre países. Ha hecho ver a México como a un niño pequeño que llora en el colegio porque otro más grande le ha insultado. Los compañeros le apoyan pero no quieren que el abusón les vea juntos.

Los países se van convirtiendo en estados semi fallidos porque los gobiernos que debían servir al interés de los paisanos tienen otros intereses. El gobierno y la ciudadanía establecen un vínculo legal que es como un matrimonio en régimen de gananciales. La ciudadanía aporta la renta y el gobierno la administra para el bien común. Pero el gobierno tiene varios amantes y no encuentra momento ni aliciente para atender a la ciudadanía.

 

El gobierno está obligado a ocuparse de sus nacionales, sin embargo, les pone los cuernos con multinacionales que le seducen con regalos, con cárteles que le chantajean y con mafias que le tienen amenazado

Además de los partidos políticos, que son estructuras para normalizar la corrupción. Con su legítimo contrayente, que es la ciudadanía, el gobernante pasa un rato en campaña electoral. Entonces le engaña con promesas que no piensa cumplir. Pasadas las elecciones el adulterio del gobierno continúa.

Este desprecio de Trump hacia México podría lograr que la ciudadanía perdone la traición del gobierno, que el país se rebele, si hace falta con la colaboración de la mafia, el narco, los multimillonarios y de la guerrilla incluso. Que se haga ver a esta nación que tiene suficiente riqueza y capacidades en su tierra para no expulsar del país a su gente.

Los hijos y las hijas de México se tienen que ir al norte para trabajar. Así se está arreglando un problema. ¿Qué solución es esa? ¿Alguien imagina a un presidente de Estados Unidos jamás pedir a sus ciudadanos que emigren y envíen remesas? ¿Tiene más dignidad un estadounidense que un mexicano? Espero que no, pero parece que la opinión generalizada acepta que a México le conviene que sus naturales se vayan al país vecino. Parece que se precisan sus remesas de dólares, pero también parece que las personas que las envían estorban, allí y aquí.

Al gobierno le da miedo que la gente se quede en el país y exija pan y justicia. Al gobierno, a la mafia, al narco, e incluso a la guerrilla le da miedo la justicia. A la ciudadanía, no.

 

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