No hay muerte significativa. Y si acaso alguna muerte llega a tener significado, éste llega después, otorgado por los que siguen vivos. La soledad, y todavía más la muerte en soledad, nos condena no sólo a una muerte sin significado, sino a una vida igual.

Pienso en el final (2020) es la película por la que Charlie Kaufman podría ser más recordado como director y ya no sólo como guionista. Solía ser más conocido por escribir, sobre todo, el guion de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004), que por las películas que ha dirigido (Sinécdoque, Nueva York y Anomalisa).

Pienso en el final trata sobre una pareja que va de visita con los padres del novio, mientras que la novia reflexiona constantemente sobre si debería abandonar a su pareja. Pero esto dice poco del contenido de la película y tal vez ahí resida la causa de las reacciones desfavorables que ha tenido en algunos espectadores.

La trama nos dice tan poco porque ésta no es una película sobre una historia, o no al menos una historia contada convencionalmente. Sabemos que el novio se llama Jake, pero su pareja cambia de nombre y profesión varias veces durante el filme, lo mismo que de color de ropa, peinado y humor.

El tiempo tampoco se muestra de manera lineal y esto es evidente cuando la pareja llega a casa de los padres de Jake, donde el perro Jimmy desaparece y aparece al mismo tiempo que se observa una urna con sus cenizas, y donde se interactúa con versiones de distintas edades de los padres de Jake (Toni Collette y Davis Thewlis).

Kaufman muestra piezas de algo que una vez unido, quizá no tenga significado ni pertenezca siquiera al mismo rompecabezas, pero también ofrece las pistas ―tal vez demasiadas― de los significados posibles o de cómo podríamos intentar unir las piezas

La película abre con una voz en off de la novia, pero las imágenes corresponden a la casa de los padres de Jake. Por la ventana mira un anciano que después ya no es tal, sino Jake. Después de esto aparece la novia en la calle, espera a Jake y comienzan su viaje. “Sólo una pregunta por responder”, dice la voz en off, misma frase que se repetirá después en la insistente llamada telefónica de una supuesta amiga de la novia. ¿Cuál es esta pregunta sin responder?

El hilo conductor de la película nos conduce siempre hacia la muerte. El título original, I´m thinking of ending things, nos hace pensar en infinidad de cosas que terminan, pero ninguna tan definitiva como la vida. Lo mismo para el título de español: no hay mayor final que el gran final, es decir, la muerte.

La novia quiere llevar a su fin la relación con Jake, las cenizas de Jimmy yacen en una urna aun cuando todavía podamos verlo por la casa, los padres de Jake envejecen o enferman en un “cohete rumbo a la muerte” ―como lo dice la madre―, las ovejas mueren congeladas y los cerdos devorados vivos por los gusanos, la novia recita el poema Perro de hueso donde se menciona también una “casa de hueso”: sólo quedan residuos de la vida de antes. Además, tenemos las secuencias de un viejo y solitario conserje en el ocaso de una vida que sólo le propicia burlas y trabajo rutinario.

Pareciera que estamos frente a una pregunta única ante la certeza de la muerte, un pensamiento parásito que se hace presente de todas las maneras posibles a lo largo la película. “Sólo una pregunta por responder”, nos dice la voz en off. Dicen que uno se arrepiente más de lo que no hace que de lo que hace, pareciera que esta pregunta puede ser “¿Qué hubiera pasado si… Si le hubiera pedido su teléfono a la chica de aquel bar?”

Puede ser que estemos ante la recreación de esta pregunta que se hace un Jake anciano y por ello la figura de su novia es tan borrosa en nombre y profesión, al mismo tiempo tan ideal ―como la mujer del poema de Wordsworth que se enuncia al principio―, pero también tan terrible, pues quiere abandonarlo e irse de casa de sus padres lo antes posible.

Ni en los pensamientos y añoranzas se logra una vida feliz porque, al igual que Jake, “tenemos cadenas”, ésas que a él lo unen a su historia y a la vida de sus padres devaluadores y por quienes nunca fue comprendido

Jake no puede desprenderse de las vivencias terroríficas que éstos le causaron, de la imposibilidad de dejarse tocar por su madre y, al mismo tiempo, del deseo de cuidarlos en su lecho de muerte.

No sabemos cómo fue la vida Jake, pero sí notamos cómo él siente o piensa o desea que haya sido. Y como en el mismo filme se dice: “A veces los pensamientos se parecen más a la verdad que la realidad misma”. Aun cuando la novia parece producto del pensamiento de Jake, una vez que llegan a la casa de los padres, pareciera que ella toma un propio camino y conciencia, como si los laberintos sentimentales y temporales que habitan esta casa le hubieran dado independencia. “No debí haber venido, ¿por qué dije que sí? Nadie me enseñó a decir que no”, “Jake necesita verme como alguien que lo ve a él, necesita ser visto con aprobación”.

A diferencia de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, donde los protagonistas querían eliminar selectivamente su memoria, en Pienso en el final parece ocurrir lo contrario, pues se nos muestra un Jake que imagina, piensa, recrea o desea recuerdos que no existen como única alternativa ante la muerte, la soledad y el vacío.

En una época donde son tan mal vistos los spoilers, Kaufman nos brinda una película donde revelar los hechos no estropean la película, pues su significado está en otra parte, en las emociones que se desprenden de sus imágenes y diálogos, en su acomodo aparentemente desordenado o repetitivo.

Como medida compensatoria ―aunque innecesaria― a la incoherencia aparente, en la película abundan referencias que no son sino parámetros posibles para comprenderla. Las mejor logradas son las metáforas continuadas de la muerte que pueden apreciarse tanto en imagen como en diálogos y que terminan haciendo de toda la película una alegoría a ésta; con las incoherencias y falta de significado que suelen tener todas las muertes. Las que se sienten forzadas son las largas exposiciones de teorías, obras y autores dadas por los personajes, aunque justificadas por lo inteligente que Jake se asume a sí mismo y lo inteligente que imaginaba a su pareja.

Los gusanos que devoran vivos a los cerdos son como los pensamientos de la certeza de la muerte: imposibilitan a Jake para habitar la vida o lo real y lo llevan a otro mundo que cuenta con sus propias reglas de funcionamiento. La memoria, el pensamiento y los deseos difícilmente pueden ser ordenados y concretos, a menudo derivan en espacios vacíos, repeticiones, incongruencias y horrores. Con esta película no ocurre distinto.

  • Fotograma: Pienso en el final
OCT 2