Si quieres salir adelante en esta vida,
hay cosas que debes ignorar.
(En un diálogo de Pequeñas cosas como estas)
Las ventanas son ese hueco en las paredes que dentro de la cotidianidad humana permiten la entrada de la luz, una composición arquitectónica que incluso tiene que ver con los estados de ánimo de las personas. Lo que vemos a través de ellas nos puede serenar o disgustar según sea el paisaje visto, la claridad admitida o limitada, la definición de la animosidad de cada uno, y sí, también a partir de ellas, podemos ver lo que quizá no debemos ver, aquello que la conciencia luego nos dictará como un dilema moral a vencer.
Las ventanas también son interiores del quehacer y el ser humano, símbolo de una forma de entender el mundo y su realidad, por eso suele decirse que nuestra alma tiene ventanas, que nuestros ojos son la ventana a nuestra interioridad más profunda, reveladora del cómo nos vemos a nosotros mismos y a los que nos rodean.
Tim Mielants es un joven director belga quien con Pequeñas cosas como estas (2025) su más reciente largometraje, nos propone la historia de Bill Furlong (Cillian Murphy) un esposo y padre de familia ejemplar de cinco hijas y comerciante de carbón en el pequeño pueblo de Wexford en Irlanda.
Basada en el relato corto de la escritora irlandesa Claire Keegan, la serena vida de Bill, ambientada en la Irlanda de 1985, se verá de pronto interrumpida porque una serie de estampas violentas de las que es testigo en un convento de las hermanas Magdalenas, le obliga a cuestionarse su obligación de denunciar a las monjas de dicha congregación por las vejaciones a las que son sometidas las niñas y adolescentes internadas ahí.
Bill se debatirá con el peso de su conciencia porque a pesar de que sabe que algo no está bien en el convento, también entiende que alzar la voz puede tener consecuencias nefastas para la educación de sus hijas y por ende para el futuro de toda su familia
Su cargo de conciencia le lleva a rememorar su difícil infancia, la temprana muerte de su madre y las dificultades económicas aliviadas por la señora Wilson, una especie de tutora compasiva que entendió la soledad infantil del entonces niño Bill luego de la muerte de su progenitora.
Son entonces las ventanas por donde simbólicamente Tim Mielants cruza su historia, diversas escenas son protagonizadas por ese elemento arquitectónico que deja mirar la infancia de Bill, los cuadros de la memoria por donde puede ver a su madre, el hueco por donde él mismo asoma su tristeza, el sitio de su casa, ya adulto, por donde suele observar la cotidianidad de sus vecinos, pero, sobre todo, es la metáfora de lo que su interior le dicta, ese remolino de emociones que le atormentan porque le parece insoportable saber que las hermanas Magdalena están obrando mal y al mismo tiempo le taladra el ánimo saber que antes que cualquier cosa, sus hijas ocupan un lugar preponderante en este dilema moral angustiante.
Cillian Murphy realiza una impecable personificación de un Bill discreto, con una marcada vulnerabilidad que traduce incluso en una comunicación corporal abatida y una mirada llena de tristeza cuando une el puente temporal entre su infancia y la vida serena que ha sembrado junto a su esposa Eileen (Eileen Walsh), pero que se ve amenazada a partir de las crueles verdades que ha descubierto con las Magdalenas.
Bill tiene que asomarse a sus propias ventanas para intentar no replicar en sus hijas las dificultades de su propia vida y en esa meditación dolorosa, Tim Mielants transita a sus personajes en medio de una historia que apuesta por la economía de diálogos que son sustituidos por ruidosos silencios en un oxímoron que castra a todo un pueblo sabedor también de que el convento de las Magdalenas no es ningún santo lugar, pero en el que ha decidido sumergir a sus muchachas desviadas por un embarazo no deseado, huérfanas o discapacitadas, entes maltrechos que representan la vergüenza de sus familias más dispuestas a lanzar al ostracismo a las desgraciadas y descarriadas jóvenes.
Pequeñas cosas como estas, no es, sin embargo, una historia que tiene como protagonista central a las hermanas Magdalenas y su vergonzosa historia, una historia irlandesa que ocurre desde 1922 hasta 1998 en donde miles de mujeres fueron maltratadas en las lavanderías regenteadas por las monjas
La nueva obra del director belga apela a la conciencia más profunda cuando hemos visto algo o sabemos algo que la moral nos obliga a denunciar, pero que sin embargo, la casuística ética nos propone la alternativa de callarlo si tal cosa nos puede dañar de manera irremediable.
La cinta del director belga se concentra sobre todo en las capas emocionales de Bill Furlong, creando así, más un estudio de personaje que propiamente el miserabilismo de las magdalenas, una congregación liderada en la película de Meliants por la hermana Mary, una extraordinaria Emily Watson quien, en una escena crucial para el futuro de los Furlong, la superiora de la congregación, de manera sutil, le hace ver a Bill la fotografía del silencio como el reino de un porvenir sin mancha alguna.
En la filosofía se dice que los dilemas morales no tienen respuestas o acciones del todo correctas, la ética y la moral son dos conceptos escurridizos, subjetivos y permeables ante las circunstancias de cada persona en particular, Bill quizá tendrá que enfrentar lo que su esposa, en un diálogo, le dice con plena convicción: si quieres salir adelante en esta vida, hay cosas que debes ignorar.
Pequeñas cosas como estas no deja de ser, sin embargo, una obra muy humanista que apela a la virtud de la compasión, a esas pequeñas y grandes acciones que el ser humano necesita de manera cotidiana para poder seguir confiando en la especie homo sapiens que se encarga de devaluarse una época sí y la otra también.
Las hermanas Magdalenas
Para quien tenga interés en conocer más de cerca la historia de las lavanderías de las Magdalenas, en 2002 el director británico Peter Mullan llevó a la pantalla grande la película Las Hermanas de la Magdalena. En dicha obra, Mullan da cuenta de la crueldad de esos lugares, y él, sí, narra con todo el horror desplegado, las humillaciones a las que se vieron sometidas miles de mujeres que por décadas sufrieron los abusos de unas religiosas que todo lo hacían en El nombre de Dios, título con el que se conoce esta cinta en Hispanoamérica.
- Fotograma: Pequeñas cosas como estas