En el contexto de dos películas muy esperadas dentro del género del terror, Frankenstein de Guillermo del Toro y Good boy de Ben Leonberg y en los días celebratorios de los muertos y la llamada Noche de Brujas donde se reaviva el imaginario colectivo sobre la concepción de la muerte, sería bueno revisitar cinco añejas películas que preceden al horror actual y de alguna manera, inauguran las formas de narrar con las que hoy nos asustamos ante la gran pantalla.
Las cinco historias aquí recomendadas se mueven entre ser catalogadas como películas de culto o simplemente han sido olvidadas ante las nuevas formas de contar historias, el avance de la tecnología cinematográfica y la manera en que el ser humano percibe e interpreta la realidad y por lo mismo, el miedo sufre transformaciones sensoriales alejadas de los cánones que las cintas de antaño nos mostraban.
Por eso la Road Movie de esta semana los invita a sentir el miedo de una manera distinta.

Al morir la noche (1945. Alberto Cavalcanti, Basil Dearden, Charles Crichton, Robert Hamer)
Un arquitecto llega a un caserón inglés en donde se reúne un grupo de personas. En cierto momento, cinco de ellas comienzan a contar historias personales de terror. El arquitecto siente un extraño dejá vu porque afirma que, en sus sueños, ha conocido ya a todos los presentes en esa inquietante tertulia.
Un conductor de autobús, el fantasma de un niño, un triángulo amoroso, un espejo maldito y un muñeco de ventrílocuo conforman una serie de narraciones que el mismo Luis Buñuel catalogó como una de sus películas favoritas.
Al morir la noche está considerada como una de las mejores obras antológicas del siglo XX porque además de sus espeluznantes historias, los cinéfilos y específicamente los amantes del terror, podrán también acceder al extraño concepto del eterno retorno, esa teoría que nos condena a repetir una y otra vez todos los actos de nuestra vida de manera ininterrumpida.

La noche del cazador (1955. Charles Laughton)
Ben Harper es un sufrido padre de familia quien luego de robar un banco y verse descubierto, va a su casa para esconder el botín y sólo a sus pequeños hijos les confía el lugar secreto en donde guardará el dinero. Harper será arrestado y condenado a muerte.
En la cárcel, poco antes de su ejecución, conoce a Harry Powell, un loco pentecostal que conoce el secreto de Ben. Al salir de prisión, Harry va en busca de la esposa de Ben, la seduce y se casa con ella, desatando así una historia de locura y ambición desmedida.
Robert Mitchum personifica a Harry en una interpretación actoral memorable porque el director Charles Laughton presenta a Powell como un desquiciado religioso que bien podemos ver en él la personificación del diablo mismo, un ente que presenta sus credenciales más pervertidas y malignas como pocas veces en el cine hemos visto.

La invasión de los usurpadores de cuerpos (1956. Don Siegel)
Clásico de culto de 1956, La invasión de los usurpadores de cuerpos nos narra la historia de una ciudad de California en donde las personas empiezan a comportarse de manera extraña. Luego sabremos que unas esporas extraterrestres han logrado penetrar la mente y cuerpo de los seres humanos para dominarlos a placer.
Don Siegel logra retratar con esta mítica obra las pesadillas anticomunistas que los Estados Unidos sufrían durante el auge de la Guerra Fría. La paranoia de un ataque nuclear por parte del mundo soviético, el cine la supo interpretar para una sociedad que acababa de pasar por una guerra mundial y veía en el futuro la amenaza de una nueva conflagración con el agregado de que el comunismo pudiera habitar las mentes occidentales de un mundo ya de por sí azotado por el miedo.
Lo inquietante de esta película es que en la actualidad y en pleno siglo XXI, puede interpretarse también como una analogía de la invasión de cuerpo y mente que la inteligencia artificial, las redes sociales y el embrutecimiento que produce el consumismo han hecho del ser humano y, por tanto, la vigencia de su historia es para asustarnos muy en serio porque el mal no llegará de otra galaxia, lo tenemos en casa.

El escapulario (1968. Servando González)
El cine mexicano de terror no podía faltar en estas recomendaciones cinematográficas y Servando González se propuso espantarnos en 1968 con El escapulario.
Durante la época de la Revolución Mexicana, una mujer, en su lecho de muerte, llama a un sacerdote para contarle cómo un extraño escapulario les salvó la vida a sus hijos. Servando González hace un largo flashback para introducirnos en una historia de apariciones fantasmales y situaciones inexplicables rodeadas de una atmósfera oscura y tétrica que
como el Virgilio de Dante, nos lleva para enfrentarnos a cuatro historias entrecruzadas, a un laberinto de angustia y miedo real.
Servando González honra de alguna manera aquellas historias que nuestros abuelos y abuelas nos contaban por las noches, a la luz de las velas y en donde las apariciones, los muertos que volvían de la tumba y la delgada línea entre la vida y la muerte se confundían
para cuestionarnos en dónde estaba lo real y el más allá distorsionado y enloquecedor.

La oscura noche del espantapájaros (1981. Frank de Felitta)
El género del terror protagonizado por un espantapájaros tiene una larga tradición cinematográfica, pero si hablamos de una obra como origen de tal objeto del horror tenemos que hablar de La oscura noche del espantapájaros, de Frank de Felitta estrenada en 1981.
La historia sigue a Bubba Ritter un joven afectado por un retraso mental. El muchacho tiene como única amiga a Marylee, una niña que lo quiere tal y como es, sentimiento que está muy alejado del desprecio que algunos habitantes le tienen a Bubba motivado por la amistad que lo une a Marylee.
Cierto día, la niña amanece muerta y su especial amigo es señalado como responsable, tal acontecimiento da pie a una persecución rabiosa por parte de algunos hombres del pueblo que buscan cazar a Bubba. El terror al que se ve sometido el muchacho habrá de desatar una historia de rencor, venganza y redención para lo cual Bubba tendrá que mimetizar su ser en la figura de un espantapájaros, visión simbólica de una desgracia que no debió ocurrir.
Pase entonces, lector y lectora de esta Road Movie, a sentir el miedo de otros tiempos y que tenga, si puede, un feliz Día de los Muertos y una agradable Noche de Brujas.
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