“Creo que el gran regalo que recibes en la victoria no es el trofeo, es el alivio”. Pelé

Luego de las primeras imágenes de archivo en donde se muestra una rápida y vertiginosa edición que testifica el ascenso de Pelé como uno de los más grandes futbolistas de la historia del balompié, el documental producido por Netflix en torno a la figura del exfutbolista brasileño, presenta a un Pelé a través de una estampa difícil de digerir para alguien que hizo de sus piernas, un prodigio casi extraterrestre: Pelé entra a escena caminando muy lento con la ayuda de una andadera.

El brasileño aparece en un salón y pesadamente se sienta en una silla. Desde ahí, el astro narrará la historia que lo llevó a ser considerado no solo uno de los más grandes, quizá el mejor incluso sobre las figuras de los argentinos Lionel Messi y Diego Armando Maradona.

Es hora de ver al Pelé que, desde las lágrimas del ya viejo y cansado ídolo, abrazará su historia como la de un ser humano, ni más ni menos.

Pero la gran virtud del brasileño es que su historia, a diferencia de Maradona o la de tantos ídolos deportivos, no se cuenta desde la consabida fórmula del ascenso y caída, la historia de Pelé se narra con la vista hacia arriba, porque su periplo únicamente se entiende a partir del ascenso permanente que vio, luego de su retiro, una vida trazada con la dignidad que requiere alguien que recibió tanto de la gente y el deporte que lo encumbró.

Las piernas ya frágiles de Pelé solo obedecen al debilitamiento natural de cualquier ser humano, a los estragos que la edad va marcando en cualquiera que rebasa los 80 años y Pelé no es inmune al paso del tiempo, pero sí puede contar que su vida, la de antes y la de ahora, es inmune al desprestigio que ha azotado a muchos otros deportistas que se han caído del pedestal en el que por muchos años estuvieron.

¿En qué pensamos entonces cuando pensamos en Pelé, en qué pensamos cuando recordamos la figura de un ícono que va más allá del fútbol como deporte, en su imagen que siempre fue más allá de los más de mil goles que metió, y las mil y una jugadas de fantasía que brindó en sus cuatro mundiales disputados y en su paso por el Santos brasileño?

El título que da nombre a esta entrega de la Road Movie, obedece al título del libro del filósofo Simon Critchley en donde el autor inglés diserta sobre el fenómeno social que representa el balompié y escribe a partir de ello, el maravilloso ensayo, En qué pensamos cuando pensamos en fútbol (Sexto piso 2017).

Critchley es un filósofo aficionado total al Liverpool de la Liga Premier de Inglaterra y desde esa óptica meramente subjetiva, admite que su visión del deporte en cuestión, no es de ninguna manera una percepción neutral, pero trata de abordar el fútbol y su importancia desde la tradición filosófica de la fenomenología, es decir, señala Critchley, “acercarse todo lo posible al grano, a la textura, a la matriz existencial de la experiencia tal y como nos viene dada”.

Y a partir de ello, el intelectual inglés increpa a quienes desprecian el deporte que practicó Pelé: “Hay quienes consideran que el fútbol es aburrido -debería añadir que muchas de esas personas son norteamericanas-. Se trata de un error. Los aburridos son quienes piensan así. En realidad, el fútbol es un deporte que obliga a meditar, a pensar más que otros. El fútbol es una experiencia de sumisión al flujo del juego”.

Cierto es que tal afirmación de Critchley quizá no le puede decir gran cosa a quienes desprecian el fútbol, pero para quienes desde niños nos hemos embelesado con el espectáculo de este deporte y la madurez y la experiencia nos ha ido dictando y exigiendo la necesidad del análisis de la realidad, hemos también encontrado en el fútbol un símil de la vida misma, una analogía de la táctica y la estrategia, una imagen y semejanza de la existencia con los movimientos de los jugadores en la cancha, de las decisiones del entrenador y el comportamiento del hincha en la tribuna y al menos quien esto escribe, ha descubierto la maravilla de dicha metáfora entre la vida y balompié.

Y Pelé representó, por ello, una imagen que justifica la importancia del fútbol en la conformación de un imaginario colectivo e incluso en la conformación de la realidad como un constructo social que conviene a la sociedad porque le permite, en este caso, por medio del fútbol, encontrar un sentido de pertenencia e identidad, una razón de gozo cuando nadie más es capaz de entregarle una forma de apasionarse ante la existencia.

Pelé y la dictadura

En el documental dirigido por David Tryhorn y Ben Nicholas, se cuestiona también si Pelé, como el ícono singular de los brasileños, pudo haber hecho algo más para curar un poco las heridas que la dictadura infringía a la población de la nación sudamericana en la época más negra de los años 60 del siglo pasado.

Pelé da una respuesta certera a quienes le cuestionan su papel en los tiempos de la dictadura brasileña

Yo no era un superhombre, no era alguien milagroso, no era nada. Era una persona normal a la que Dios le dio el don de jugar bien al fútbol. Pero tengo la absoluta certeza de que ayudé mucho más a Brasil con mi fútbol, con mi manera de vivir que muchos políticos que trabajan y viven de eso”.

¿Alguien puede cuestionar un razonamiento de esa naturaleza? La estrella carioca apela a que la razón de ser y estar del fútbol es poder otorgarle a la gente alegrías y felicidad a partir del aspecto lúdico de dicha actividad, argumenta el poder del fútbol, de su fútbol, como una forma de mantener el equilibrio anímico de la gente en épocas oscuras, un escape no de la realidad, sí por el contrario una muestra palpable de aquello que convoca para generar un éxtasis sensorial (Simon Critchley dixit).

Se piensa también si Pelé, con la enorme influencia que tenía en el ánimo de la sociedad brasileña, debió enfrentar y cuestionar con dureza las prácticas del dictador Emilio Garrastazu Médici, previo al Mundial de México en 1970 como Muhammad Ali cuestionó la guerra de Vietnam y el racismo en su país.

Uno de los periodistas entrevistados para el documental, también da un argumento irrefutable para justificar al astro brasileño:

Pero podrían decir: Muhammad Alí fue diferente. Y en efecto fue diferente. Yo aplaudo a Muhammad Ali. Muhammad Ali sabía, que al ir preso por deserción no corría el menor riesgo de ser maltratado o torturado. Pelé no tenía esa garantía. Las dictaduras son dictaduras. Solo quien las vivió sabe cómo se siente”.

Fútbol y capitalismo

Marcelo Bielsa, el singular director técnico argentino a quien no sin razón lo llaman El Loco y citado también por Critchley, reflexiona en “Fútbol, capitalismo y valores”, un video transmitido en Youtube, que “hoy el mundo del fútbol cada vez se parece menos al aficionado y cada vez se parece más al empresario”. Y es cierto, el fútbol moderno ha perdido en buena medida la esencia de barrio, se ha globalizado y presenta, hay que decirlo, menos valores y más degradaciones morales.

Pelé representó dentro de su genio, a ese fútbol que se parecía más al aficionado y poco al empresariado, practicó el fútbol de barrio y menos el fútbol de empresa aunque ya la sociedad del espectáculo lo sobrevolaba como buitre

El fútbol puede ser algo terrible… Un potente opiáceo que seda a quienes son adictos a él”, reconoce Simon Critchley, pero siempre, también ataja el filósofo inglés, “el hincha sabe… aunque sea sólo por un instante, cuando llega ese momento de momentos… el fútbol brilla sobre su materia, brotan una figuración dinámica llena de belleza, la dramática expresividad del juego, un movimiento de libre asociación entre los jugadores y también entre los hinchas, el hechizo de un éxtasis sensorial”.

Y eso fue Pelé como jugador: un éxtasis sensorial venido del barrio más profundo, el mismo que mantendrá la esencia del fútbol entre la arrogancia de un fútbol traducido en mero capital.

Una playera

Escribo estas líneas a unas horas de que el equipo de mis amores, el Club León, enfrente al Toronto FC por los octavos de final de la Liga de Campeones de la Concacaf.

Traigo puesta la playera desde ya. Hoy únicamente espero que mi equipo venza al rival canadiense. Eso me permitirá una alegría o de lo contrario tendré que pasar un mal trago, pero sé bien que a partir de la actuación de los 11 hombres que salten hoy al terreno de juego, podré volver una vez más a ese símil entre la vida y el fútbol y seré feliz obviando como dijo Pelé, a esos hombres y mujeres dedicados a la política, rapaces y vulgares, incapaces de generar ningún éxtasis sensorial que enriquezca el alma.

¡Qué viva el fútbol!