Paulino Vargas Jiménez nació en la sierra de Durango, durante la primera mitad del siglo XX. Es el padre del corrido moderno y uno de los más importantes generadores de himnos corridísticos, al interior de una tradición mexicana que goza de plena salud discursiva e influencia colectiva, en la memoria histórica de los mexicanos.

Vargas Jiménez y el narcocorrido, son unidimensionales. Su primera gran composición al interior de este subgénero fue el Contrabando del Paso, grabado en 1973 por Los Broncos de Reynosa y en 1975 por Los Alegres de Terán. Fueron Paulino Vargas y Xavier Núñez [Los Broncos de Reynosa] el primer dueto de música norteña en aparecer a cuadro en una película mexicana, en 1959 [Calibre 44 con El Piporro]. El Piporro es un personaje fundamental para la historia del corrido.

Los narcocorridos compuestos por Vargas Jiménez guardan un estilo literario inconfundible: bastan los primeros trazos para saber que el originario de Promontorio, es el autor.

Huelga decir que Paulino Vargas Jiménez sigue siendo, aún después de muerto, un gran generador de himnos: es el rey Midas del narcocorrido.

Hay temas e intereses conceptuales consistentes en la obra de Paulino Vargas. Aunque creció en un contexto de pobreza y violencia extrema, a lo largo de su longeva existencia [nació en 1939 y murió en el 2010], Vargas Jiménez supo edificarse como el más importante compositor de narcocorridos de la historia. En su proceso de intelectualización, María de los Ángeles Valdez, su esposa, fue clave: ella le enseñó a leer y a escribir, pues igual que Laurita Garza, fue la maestra de la escuela. Ángeles Valdez nació en la ciudad norteña de Saltillo, Coahuila, México.

La consistencia composicional de Paulino Vargas es destacable. No ignoro que Teodoro Bello es el creador de Jefe de Jefes [1997] y Jesse Armenta de El circo [1996], así como Vargas Jiménez es el compositor de La carga ladeada, Nave 727, Los tres gallos, El R-1 y Lamberto Quintero. Paulino Vargas Jiménez fue el creativo detrás de Corridos prohibidos, álbum que Los Tigres del Norte sacaron al mercado discográfico, a finales de la década de 1980, luego de ganar el Grammy americano.

Contrabando de Juárez, primer narcocorrido compuesto por Paulino Vargas Jiménez fue escrito en 1953, cuando el nacido en Durango tenía 14 años

Los Broncos de Reynosa fueron músicos habituales en las reuniones de los presidentes de México, Adolfo López Mateos [1958-1964] y Gustavo Díaz Ordaz [1964-1970]. La recurrencia de Los Broncos de Reynosa en Los Pinos coincidió con su etapa como actores de reparto en películas del cine nacional [entonces su música era inofensiva para el Estado mexicano]. El cine mexicano fue reformado por la oficialidad, en la década de 1970. Mecánica nacional protagonizada por Héctor Suárez y Sara García, es a la década de 1970 lo que Allá en el rancho grande es a la década de 1930. Es nuestra tarea ubicar coyunturas, rompimientos históricos, procesos de larga duración, constantes y variables [principios matemáticos]. 

La orfandad institucional de Los Broncos de Reynosa coincide con la grabación de narcocorridos en la década de 1970, con su vinculación al video home [incluyendo narco películas de baja calidad] y con su abierta confrontación con el Estado mexicano. Vargas Jiménez estuvo preso por haber compuesto Mi vieja California, un corrido de crítica política [en los que también fue un maestro con mayúsculas]. Resulta que los descendientes de López de Santa Anna se dijeron ofendidos y la Secretaría de Gobernación procedió al arresto del acordeonista mexicano.

Vargas Jiménez fue un profundo conocedor y consumidor furibundo de acordeón solista o clásico. Gustaba de acordeonistas clásicos polacos y soviéticos

También admiró el trabajo de Víctor Madariaga y de Antonio Barbera, acordeonistas solistas mexicanos, actualmente vinculados profesionalmente a la UNAM y a Radio IMER. Su diálogo estético con el acordeón solista, enriqueció su trabajo al interior de la música norteña mexicana, de la banda sinaloense, del corrido y del narcocorrido.  

En los narcocorridos compuestos por Paulino Vargas Jiménez, siempre reluce, discursivamente, el cerebro y la inteligencia como una acción verbalizada de éste. Dos ejemplos contundentes son El discípulo del diablo [2007] y El coyote [2022]. Comparto unas breves líneas a manera de argumento de autoridad y demostración:

El discípulo del diablo [ Herencia musical-recopilación, 2007]

El cerebro no se compra, nadie ha podido comprarlo

para controlar el narco, Guillermo es el indicado

el fiscal le dio a la diana, supo controlar el narco

les entrego a Miguel Félix, Zar Padrino de los narcos

jugó fuerte y la libró, le ganó el albur al diablo.

El coyote [La reunión, 2022]

Que importante es el cerebro

cuando está en riesgo el pellejo

presiento que hay federales

y el comander va fallando.

Hay otros importantes narcocorridos que sirven para sostener la reflexión. Pienso en Reina de reinas [La Granja, 2009], El fin del mundo [La Reina del Sur, 2002] y Pokar alto [De paisano a paisano, 2000]. Otro ejemplo musical que retoma la misma línea argumentativa es El asesino del aire con Los Intocables del Norte, grabado a principios de la década de 1970, en Sinaloa. Es de dominio público que los liderados por Huicho Romero, fueron ahijados musicales de Paulino Vargas Jiménez.

El fenómeno literario descrito no es privativo de los narcocorridos ni de Vargas Jiménez

También está presente en el Grupo Intocable de Zapata, Texas y en Luis Padilla, líder-fundador de La Firma y compositor de cabecera, por muchos años, de los dirigidos por Ricardo Muñoz y René Martínez [Intocable]. Exceptuando a La Preciosa, incluido en su disco Classic [año 2009], los de Zapata, Texas, no han grabado corridos; ellos se concentran en la balada norteña y en la fusión [crossover]. El binomio fuerza-fortaleza vinculado a una visión tóxica del amor heterosexual, es la constante en Intocable como intérprete y en Luis Padilla como compositor.

Afirmo que la identificación y el abuso conceptual en la composición, al interior de la música popular mexicana, es una constante. Hablamos de estilos musicales.  

  • Ilustración: ‘Flaco’ Pérez