Obama intenta maquillar su caos bélico en Irak con la reconquista de Mosul, bastión yihadista del Estado Islámico y ciudad estratégica para las líneas de suministro del califato                                                                                                        

Las fuerzas iraquíes avanzan en el este de Mosul. La campaña ha cumplido ocho semanas y a pesar de los avances del Ejército iraquí, los milicianos continúan dominando tres cuartas partes de la ciudad, donde todavía viven alrededor de un millón de personas en pésimas condiciones humanitarias. Pero la información sobre la última batalla del Nobel de la Paz fluye con cuentagotas.

Obama intenta redimir su absoluto fracaso en Irak con un golpe de efecto: la toma de Mosul. La ciudad, minada calle por calle y defendida por los cuerpos de élite del Estado Islámico, se prepara para una carnicería. Niños, mujeres y ancianos son utilizados como escudos humanos para frenar la invasión de las milicias kurdas y lo que queda del ejército iraquí, dirigidos ambos desde el Pentágono. Soldados de Estados Unidos esperan agazapados en tierra de nadie la orden para entrar en combate si la cosa se complica. Iraquíes y kurdos darán la cara, avanzarán primero y asumirán, por tanto, el grueso de las bajas.

Como explican los pocos corresponsales destinados en la zona, los líderes del Estado Islámico llevan meses preparando la defensa de la ciudad. Se sabe que han construido una red de túneles en la que han instalado su cuartel general, emulando en cierta forma algunas de las estrategias utilizadas por Sadam en la Guerra del Golfo. También han cavado zanjas para inundarlas de petróleo e incendiarlas durante el avance de las tropas iraquíes. La reconquista de Mosul se libra metro a metro y las previsiones apuntan a que las víctimas mortales se contarán por centenares.

Analistas internacionales temen que el ejercito iraquí, controlado por la dirigencia chií, aproveche la toma de Mosul para cometer crímenes de guerra contra la población civil, de mayoría suní
La operación tiene otro objetivo: capturar al califa Al Bagdadi

La región de Nínive, donde se ubica Mosul, es de mayoría suní y las tropas iraquíes, al igual que el Gobierno de Bagdad, son de mayoría chií, por lo que algunos analistas no descartan que puedan cometerse abusos y crímenes de guerra contra la población civil. Un detalle que parece no preocupar a las huestes de Obama, más interesadas en cerrar las profundas heridas entre kurdos e iraquíes para que ambas milicias puedan trabajar de forma conjunta en una operación bélica de alto riesgo para Estados Unidos, que necesita de forma urgente una victoria que debilite la autoestima del Estado Islámico y frene su aura de ejército invencible que tantos éxitos le ha dado en sus campañas de captación ‘online’.

La operación tiene otro objetivo: Abu Bakr al Bagdadi. Este ‘superhéroe’ del Estado Islámico se ha convertido en el trofeo de caza más buscado por los generales del Pentágono y su captura se antoja una misión imposible. De perder Mosul, el Estado Islámico sufriría el más duro golpe de los últimos tiempos, aunque aún conserva el control de Racca, verdadera capital del califato. Obama, decidido a salir de la Casa Blanca por la puerta grande, intentará con la toma de Mosul maquillar su errática campaña contra el terrorismo islámico con un golpe de efecto sobre la bocina.

Pero la victoria se retrasa. El avance está siendo más lento de lo esperado porque los soldados iraquíes están teniendo grandes dificultades a la hora de hacer frente a las defensas yihadistas. Las fuerzas iraquíes han tomado el este de Mosul y han destruido tres fábricas de armamento del Estado Islámico. Pero las tropas del EI están defendiendo sus posiciones mediante el uso de coches bomba, francotiradores, escudos humanos, minas, explosivos trampa y atentados suicidas. El reloj corre en contra de Obama, que anhela despedirse con una gran noticia que no llega.