Ahora lo que hay son pobres con apellido. Y un alto porcentaje de miopes que no quieren ver, y otro tanto de distraídos, que miran para otro lado.                                                                                                               

Los esquimales, acostumbrados a ver nieve, distinguen muchos tonos de blanco. Nosotros nunca hemos llegado tan lejos. En estas latitudes nos sobra miseria y es por eso que cada vez se usan más adjetivos para distinguir entre todos los matices de pobres que vemos.

Cualquier cosa puede ser relativa, incluso la pobreza extrema. Fijémonos en la pobreza energética: si en México más del 40% de la población la sufre quiere decir que hay muchísimos pobres. Si el 40% padece miopía es que hay un 40% de miopes. Ya sabemos que es peor ser ciego, pero tapándose los ojos tampoco se ve.

Ahora parece que ya no hay pobres a secas, sino habitantes de la pobreza extrema o ciudadanos que padecen pobreza relativa

Como cada cual tendrá un apellido tan solo nombramos su tipo de pobreza. Antes había mujeres pobres, hombres pobres y niños pobres. Ahora son “víctimas de la pobreza”. Una cosa burocrática sin importancia. Si te refieres a las “víctimas de un terremoto” hablas de personas y sientes pena. Si dices “víctimas de la pobreza” estás haciendo estadísticas y te entra frío.

Ahora parece que ya no hay pobres a secas, sino habitantes de la pobreza extrema o ciudadanos que padecen pobreza relativa. Aún hay otros que sufren pobreza energética. No es verdad, hay electricidad suficiente. Lo que hay son pobres. Y también mucho interés en jugar con el lenguaje.

Cuando era niño me hablaron de una familia que lo perdió todo y quedaron “pobres de solemnidad”. ¿Habrá algo menos solemne que un pobre? La carcajada.

 

  • Ilustración: By Monkiki