“La vida queda reducida a los escombros de la banalidad”. (De un diálogo en ‘Network’)
Escritores como Orwell, Asimov o Bradbury y filósofos y sociólogos como Debord, Eco, Bauman, McLuhan, Mattelart o actualmente Yuval Noah Harari, han vivido y vivieron para alertarnos al menos desde mediados del siglo XX sobre la todopoderosa influencia de los medios masivos de comunicación, la publicidad, el consumo desmedido, el individualismo y la categórica omnipresencia de las redes sociales y la inteligencia artificial, pero nuestra especie no parece querer ver, escuchar y atender el peligro de la pérdida de lo que nos hace humanos y nuestra cada vez más mermada capacidad para pensar por nosotros mismos.
En noviembre de este 2026, se cumplirán 50 años del estreno de Network (1976), una obra cinematográfica singular dirigida por Sidney Lumet con guion de Paddy Chayefsky. Película ganadora de cuatro premios Oscar, la cinta de Lumet se ha convertido al paso de las décadas en una especie de profecía que nos alertó sobre el influjo de los mass media, su poder de persuasión sobre los seres humanos y la consiguiente claudicación que aceptamos para someternos al arbitrio de quienes detentan el poder de las grandes directrices de la comunicación en el mundo.
En Network, Howard Beale (Peter Finch) es un veterano presentador de noticias de la cadena de televisión UBS. Cierto día es notificado que, ante la baja del rating, su noticiero será cancelado. Beale no puede soportar tal decisión y antes de su última aparición, anuncia que se suicidará ante las cámaras pegándose un tiro en la cabeza.
Carroñeros como suelen ser los magnates de las grandes corporaciones de medios masivos, los directivos de la cadena deciden aprovechar el despropósito de Beale y le ofrecen convertirse en predicador para que muestre todas las noches su indignación existencial en un programa especialmente diseñado para él, propuesta que Howard acepta de buena gana.
En la cincuentenaria obra de Lumet, aparecen como bestias insaciables de la audiencia y con enormes interpretaciones actorales, la directora de programación, Diana Christensen (Faye Dunaway); el productor y ambicioso vicepresidente de la UBS, Frank Hackett (Robert Duvall) y el implacable presidente de la compañía dueña de la cadena, Arthur Jensen (Ned Beatty).
Pero Lumet y Paddy Chayefsky hacen también un espacio a los códigos morales de lo humano en la persona de Max Schumacher (William Holden), el veterano jefe de noticieros y amigo cercano de Beale que nunca quiso aceptar la ambición desmedida de sus jefes y compañeros de televisora, hecho que le cuesta el puesto ejecutivo que por años ejerció en el canal.
Bajo ese galimatías de la codicia humana, la cinta de Sidney Lumet recorre los entresijos de las empresas televisoras por ganar los más altos índices de audiencia, misión que recae en la producción de programas sobre chismes, tragedias y el más granado sensacionalismo, parrilla que define perfectamente los contenidos creados por la televisión estadounidense a lo largo de su historia y en donde la globalización encontró el medio ideal para exportar basura mediática a todos los rincones del planeta.
Network es también una joya de guion en términos de los diálogos sobre lo que representa el rating y lo que significa la moralidad y la ética
Hay una escena extraordinaria (entre otras) en donde Max le dice a Diana, convertida ya en su amante, que su ambición le hace ser “la televisión personificada. Indiferente al sufrimiento, insensible a la felicidad en donde la vida queda reducida a los escombros de la banalidad”, expresión definitoria y perfecta de nuestro tiempo y de lo que hoy las redes sociales, por ejemplo, han hecho del consumidor de medios: un conglomerado social idiotizado por el reel, los shorts y las imágenes que se multiplican a mil por minuto, aunque la banalidad y sus escombros sea lo que alimente el cerebro de la especie humana del siglo XXI.
Comedia negrísima que esconde un profundo drama por el patetismo manifiesto de sus personajes y la locura desmedida de su avaricia corporativa, la cinta de Lumet advierte al futuro y no es de ninguna manera una historia que le de cabida a la esperanza, Network visualiza el porvenir de una era marcada por las grandes compañías tecnológicas, léase para efectos de la actualidad, Meta, Tesla, OpenAI, Nvidia y sus oligarcas señalados como los nuevos dueños del mundo.
Justo en otra enorme escena de la película, Arthur Jensen, el presidente de la compañía dueña de la UBS, cita a Howard Beale para darle un sermón aleccionador sobre cómo funciona el mundo:
“Se ha entrometido con las fuerzas primarias de la naturaleza. Usted es un viejo que piensa en términos de naciones y pueblos. No hay naciones. No hay pueblos. No hay rusos. No hay árabes. No hay tercer mundo. No hay Occidente. Sólo existe un sistema de sistemas holístico, un vasto e inmanente, entrelazado, interactivo, multivariado, multinacional dominio de dólares. Petrodólares, electrodólares, multidólares, marcos, rins, rublos, libras y shekels. ¡Es el sistema internacional de divisas lo que determina la totalidad de la vida en este planeta! Es el orden natural de las cosas hoy en día. Estados Unidos no existe. La democracia no existe. Sólo existen IBM, ITT, AT&T, DuPont, Dow, Union Carbide y Exxon, esas son las naciones del mundo hoy en día”.
Han pasado 50 años desde el estreno de Network, y su historia, por supuesto, no ha perdido un ápice de actualidad (ni la perderá) porque hoy los diálogos de la película de Sidney Lumet y Paddy Chayefsky, su descripción de la ambición de las grandes corporaciones tecnocráticas, la degradación intelectual del ser humano y las toneladas de chatarra mediática que se vierten las 24 horas del día, los 365 días del año, nos recuerdan que quizá el apocalipsis no esté en camino, sino que lo tenemos aquí y ahora en una entelequia a la que denominamos progreso e inteligencia, aunque su propio artificio nos haga creer que está a nuestro servicio.
Sidney Lumet
Lumet murió el 11 de abril de 2011, pocos años antes de la explosión cotidiana de la inteligencia artificial y la dependencia evidente que el ser humano vive ya de la máquina, los sistemas operativos, los chips y todo aquel artificio tecnológico que coloniza nuestra cotidianidad.
Director de grandes clásicos como 12 hombres en pugna (1957), Tarde perros (1975), Serpico (1973) o Antes de que el diablo sepa que has muerto (2007), Sidney Lumet debe también ser recordado como un artista que nos advirtió sobre la oscuridad del entretenimiento televisivo y la necesidad de sabernos vivos, tan vivos como la vergüenza, el remordimiento de conciencia, el amor y la solidaridad, algo que mi generación llamaba simplemente decencia humana, formidable expresión que Max le dice a Diana cuando su efímero romance se cae a pedazos y Max entiende que es un hombre sensible y que hablarle a Diana es como dirigirse a la frialdad de una pantalla de televisión.
- Ilustración: Network