Para mi abuelo, José Arias Briviesca, descendiente de Miguel Hidalgo y Costilla.
Desde el 2020, a raíz de la pandemia, he pensado que, en la forma en cómo nos enseñan la historia a los mexicanos, está, al menos parcialmente, la explicación al porqué tenemos tantos problemas con el aprendizaje del inglés; y es que desde la historia se nos enseña a confrontar con los estadounidenses y con su cultura.
Desde la enseñanza de la historia se nos limita, se nos prejuicia, se nos encarcela y juzga. El discurso historiográfico que domina, todavía, la enseñanza de la historia en México, está situado en la oficialidad: somos educados desde la historia de bronce. Es verdad que, durante el siglo XIX, los Estados necesitaron de historias patrias que aglutinaran, que cohesionaran, que generaran identidad.
“La aparición de obras mayores del nacionalismo historiográfico, conocidas como historias generales, legitimó la política de los Estados-Nacionales. Coincidió con la aparición de la escuela pública en Occidente. La enseñanza de la historia se asentó en los diferentes niveles educativos, con el objetivo de promover interpretaciones nacionalistas de la historia, necesarias en la coyuntura del siglo XIX. La pedagogía adoptó una posición generalista. La historia enseñada adquirió la forma de resumen mimético y distorsionado de la historia investigada. Reproduce a pequeña escala, tópicos de una interpretación específica del pasado; incorpora, a la vez, una concepción deformada del conocimiento histórico. La reflexión pedagógica quedó limitada a aportar una contribución práctica. Es una pedagogía recetaria. La enseñanza de la historia se concibe como simple transmisora de conocimientos inconexos” (Maestro, Pilar, “Historiadores y profesores. Acerca de una enseñanza democrática de la historia”, en Revista de Pensamiento Contemporáneo, número 9, Valencia, Universidad de Valencia, 2002, p.32).
¿En el siglo XXI debemos seguir apelando a visiones decimonónicas de la historia para educar a la niñez y a las juventudes mexicanas? Yo creo que no
No ignoro que en la Ley General de Educación y en la Nueva Escuela Mexicana, se habla de la importancia de enseñar la historia promoviendo el pensamiento científico, el problema es que, en la praxis, en las aulas (hoy virtuales) se sigue enseñando historia patria. Estamos delante de un problema pedagógico que debe ser atendido.
La historia nacionalista retrata a Miguel Hidalgo como un cura calvo, un poco echado de espaldas, que con un estandarte de la Virgen de Guadalupe y al grito de ¡Mueran los gachupines! materializó el grito de Dolores, la noche del 15 de septiembre de 1810. También nos dice que él y sus huestes, tomaron la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, que estuvieron a punto de hacerse de la capital de la Nueva España, pero que, por falta de entrenamiento militar, decidieron recular hacia la ciudad de Guadalajara. Finalmente, y gracias a la historia oficial, sabemos que Hidalgo es hecho prisionero en el norte del actual México y fusilado en Chihuahua. Su cabeza fue colgada en una de las esquinas de la Alhóndiga para escarmiento colectivo.
Es pertinente que los profesores de historia echen mano de las fuentes documentales. Esto reforzará el conocimiento divulgado dentro del aula, volverá más interesante la materia de historia y fortalecerá la cuestión metodológica en la enseñanza. El uso de las fuentes en la enseñanza de la historia, es fundamental.
En los repositorios de la hemeroteca digital de México [UNAM] se puede consultar el bando publicado por orden de Francisco Xavier Venegas, el 28 de septiembre de 1810. En éste se pide la cabeza de Miguel Hidalgo y Costilla. A la letra dice:
“Los inauditos y escandalosos atentados que han cometido y continúan cometiendo el cura de los Dolores Dr. D. Miguel Hidalgo, y los capitanes del regimiento de dragones provinciales de la Reyna D. Ignacio Allende y D. Juan Aldama, que después de haber seducido a los incautos vecinos de dicho pueblo, los han llevado, tumultuariamente y en forma de asonada, primero a la villa de S. Miguel el grande, y sucesivamente al pueblo de Chamacuero, a la ciudad de Celaya, y al valle de Salamanca, haciendo en todos estos parajes la más infame ostentación de su inmoralidad y perversas costumbres; robando y saqueando las casas de los vecinos más honrados para saciar su vil codicia; y profanando con iguales insultos los claustros religiosos y los lugares más sagrados: me han puesto en la necesidad de tomar prontas, eficaces y oportunas providencias para contenerlos y corregirlos, y de enviar tropas escogidas al cargo de jefes y oficiales de muy acreditado valor, pericia militar, fidelidad y patriotismo que sabrán arrollarlos y destruirlos con todos sus secuaces si se atreven a esperarlos, y no toman antes el único recurso que les queda de una fuga precipitada para librarse del brazo terrible de la justicia que habrá de descargar sobre ellos toda la severidad y rigor de las leyes como corresponde a la enormidad de sus delitos, no solo para imponerles el castigo que merecen como alborotadores de la quietud pública, sino también para vindicar a los fidelísimos americanos españoles y naturales de este afortunado reino, cuya reputación, honor y lealtad inmaculada han intentado manchar osadamente queriendo aparentar una causa común contra sus amados hermanos los europeos, y llegando hasta el sacrílego medio de valerse de la sacrosanta imagen de N.S. de Guadalupe, patrona y protectora de este reino, para deslumbrar a los incautos con esta apariencia de religión, que no es otra cosa que la hipocresía impudente. Y como puede suceder que, arredrados de sus crímenes, y espantados con solo la noticia de las tropas enviadas para perseguirlos, se divaguen por otras poblaciones, haciendo iguales pillajes, y atentando contra la vida de sus mismos paisanos, como lo hicieron en el citado pueblo, dando inhumanamente la muerte a dos americanos, y mutilando en S. Miguel el grande a otro porque fieles a sus deberes no quisieron seguir su facción perversa; he tenido por oportuno que se comunique este aviso a todas las ciudades, villas, pueblos, reducciones, haciendas y rancherías de este reino para que todos se preparen contra la sorpresa de esos bandidos tumultuarios, y se dispongan a rechazarlos con la fuerza, procurando su aprehensión en cualquier paraje donde pueda conseguirse; en el concepto de que a los que verificaren la de los tres principales cabecillas de la facción, o les dieren la muerte que tan justamente merecen por sus horrorosos delitos, se les gratificará con la cantidad de diez mil pesos inmediatamente, y se les atenderá con los demás premios y distinciones debidas a los restauradores del sosiego público, y en inteligencia de que se dará también igual premio y recompensas con el indulto de su complicidad a cualquiera que, desgraciadamente, los haya seguido en su partido faccionario, y loablemente arrepentido los entregare vivos, o muertos. Y para que llegue a noticia de todos, mando que, publicado por bando en esta capital, se circulen con toda prontitud, y con los mismos fines, los correspondientes ejemplares a los tribunales, magistrados, jefes y ministros a quienes toque su promulgación, inteligencia y cumplimiento. Dado en el real palacio de México a 27 de septiembre de 1810” ((Internet: http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558075be7d1e63c9fea1a2a1?intPagina=2&tipo=publicacion&anio=1810&mes=09&dia=28 ; acceso: 8 de abril del 2021).
El documento histórico brinda elementos de gran valor. Si nos situamos desde la semántica histórica, podemos resaltar el hecho de que en el texto aparecen los conceptos de patriotismo y vecinos. La patria y el sentimiento patriótico no rugieron con los Estados-Nación, son un fenómeno de Antiguo régimen, igual que el término vecinos y la realidad a la que nos remite. Desde las estructuras jurídicas, el concepto vecino nos ubica en sociedades de Antiguo régimen y el de ciudadano en la modernidad.
Acercarse, desde lo semántico, al bando que, valida la captura y muerte de Hidalgo, nos lleva a una discusión teórica, de suma importancia para la historia científica: la construcción del Estado-Nación
El lenguaje importa. La historia está, también, en los conceptos usados. Debemos ir más allá de la descripción lineal de la fuente.
El documento rescatado por el Archivo General de la Nación (AGN), y puesto a disposición de todos los mexicanos, a través de los acervos digitales de la UNAM, nos permite corroborar que Miguel Hidalgo tenía estudios de doctorado, que los independentistas usaron la imagen de la Virgen de Guadalupe en su cruzada y que, efectivamente, las huestes comandadas por el cura de Pénjamo, provocaron muerte y sufrimiento, a su paso por las villas, pueblos y ciudades de la Nueva España.
Hermenéutica
1.- Del 20 de octubre de 1767 al 20 de febrero de 1770, Hidalgo estudió en el Colegio de San Francisco Javier de los jesuitas, en Valladolid, hoy Morelia, Michoacán. Entre 1771 y 1773, cursó teología en el Colegio de San Nicolás Obispo. El 12 de abril de 1773, obtuvo el grado en la Real y Pontificia Universidad de México. Se formó en gramática y retórica; filosofía y teología; física y música; latín, francés, otomí y purépecha. Ingresó al Colegio de San Francisco en 1766, con 12 años de edad (estuvo ligado a él, hasta 1792). Aprobó su primer examen de oposición con oraciones de Cicerón, citas de Ovidio y la lectura de la Eneida de Virgilio (Martín Hernández, Francisco, “El Colegio de San Nicolás de Michoacán a finales del XVIII y principios del XIX”, en Estudios de Historia Social y Económica de América, número 9, Madrid, Universidad de Alcalá de Henares, 1992, p.289).
2.- Los jesuitas fueron los más activos promotores de la devoción nacional a la Virgen de Guadalupe. No sorprende que, en 1749, Francisco Xavier Carranza SJ, declarara que, “en esta tela divida, la imagen del Tepeyac, la sabiduría de Dios ha insinuado la trama delicada de los más altos decretos de la predestinación de este Nuevo Mundo” (Ibídem, p.301). Los jesuitas crearon el nacionalismo espiritual mexicano, a través del catecismo guadalupano y de los numerosos centros de educación básica y universitaria que tuvieron hasta antes de su expulsión de la Nueva España, en 1767.
No es anecdótico que el cura de Dolores, desencadenara la primera etapa de la insurrección mexicana, al grito de ¡Viva la Virgen de Guadalupe! Fueron los jesuitas quienes sentaron las bases de la independencia de México: nuestro proceso de independencia inició con la expulsión de los jesuitas y continúo con el grito de Hidalgo. Me adhiero a la larga duración del historiador francés, Fernand Braudel.
3.- Gracias a la extraordinaria investigación de Martha Terán, sabemos que la bandera blanca de Ignacio de Loyola (español que fundó a los jesuitas en París, en 1534) se vinculó a la defensa de los americanos novohispanos versus los europeos de la Península Ibérica, a partir de la expulsión de los jesuitas, en 1767 (Terán, Martha, “La bandera blanca de San Ignacio de Loyola en la guerra por la independencia mexicana”, en Constitución, poder y representación, Silke Hensel, coordinadora, CDMX, Vervuert, 2011, p.342).
“Las banderas blancas se pasaron al frente de los contingentes que se levantaron contra los españoles, el 16 de septiembre de 1810: era una guerra santa. El viernes 28 de septiembre que Hidalgo y sus 22,000 hombres tomaron Guanajuato, se divisiva una asta larga con un lienzo de enrollar, en el que aparecían pintados sobre campo blanco, las imágenes de nuestra señora de Guadalupe y de San Miguel Arcángel (patrono de la ciudad de Guanajuato); y al pie de ellos se leía: ¡Viva la América septentrional y la religión católica! El grito continuo era el de ¡Viva nuestra señora de Guadalupe y mueran los gachupines! Para los seguidores de San Ignacio de Loyola, el Arcángel San Miguel y las banderas blancas, guardaban relación con el simbolismo de los ejercicios espirituales: el sexto, de las banderas blancas, explica con el blanco y con el rojo, la elección del bien sobre el mal. Miguel Hidalgo fue jesuita” (Ibídem, p.364).
Los milicianos que acompañaron a Miguel Hidalgo durante la toma de Guanajuato, se identificaban con la Virgen de Guadalupe y con San Miguel Arcángel. ¡Portaban las enseñanzas de los jesuitas en las banderas blancas! Miguel Hidalgo encausó a la religión católica como aglutinador identitario. Quizás Hidalgo no fue el estratega militar que sus críticos tanto reclaman, pero vaya que se erigió como gran político, lector de intersticios, historiador, intelectual, políglota y líder comunitario-rural.
4.- En 1945, Editorial América publicó La vida militar en México de Gabriel Ferry, un viajero francés que registró lo sucedido durante la Independencia de México. Gracias a su testimonio, sabemos que, en San Blas, Nayarit, vivió Cristino Vergara, un minero chileno que apoyó con armas y dinero, al movimiento independentista mexicano, en su primera etapa (era amigo del Dr. Miguel Hidalgo y Costilla).
En la página 70 de sus memorias, afirma sobre la independencia mexicana que:
“La independencia de México producirá incalculables ventajas materiales. El dinero que sacan ustedes de sus minas a costa de tantos peligros y fatigas, y que se conduce, anualmente, a España, sin que quede un peso en el país, esas inmensas riquezas serán de ustedes cuando sus amos no se las lleven de aquí. Los terrenos de México son fértiles, y apenas sacan ustedes partido de ellos; la parra, el olivo, el lino, el azafrán, cuyo cultivo está, actualmente, prohibido en América, a fin de dejar a los agricultores españoles los beneficios que obtienen de esos artículos, producirán tesoros no menos considerables que los de las minas de plata y oro” (Ferry, Gabriel, La vida militar en México, México, Editorial América, 1945, p.70).
El libro de Ferry es el principio y fundamento sobre el que se desarrolla la argumentación de Hidalgo. La historia jamás contada, película del 2010, protagonizada por Demián Bichir y Ana de la Reguera
El filme es una crítica severa al celibato sacerdotal católico. Teje a un Hidalgo borracho, jugador y mujeriego. Si leemos los recovecos, encontraremos rasgos del personaje, interesantes y valiosos; amén de descripciones culturales de la época. Echemos mano de la semántica.
En la película de Antonio Serrano Argüelles, se delinea a un Hidalgo actor de teatro, lector furibundo, traductor de francés y apasionado de conversaciones profundas. De acuerdo con el documento histórico audiovisual referido, Miguel Hidalgo, sus hermanos y hermanas, eran apasionados de la música del sotavento veracruzano (hoy la conocemos bajo la denominación de son jarocho) y del jarabe del Bajío.
Jorge Amós Martínez Ayala, profesor e investigador de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo y miembro del Sistema Nacional de Investigadores-nivel 2, ha afirmado, en distintas conferencias magistrales, que Miguel Hidalgo gustaba del mezcal y de la ingesta de fritangas, principalmente las carnitas. Es posible que sus niveles de colesterol, triglicéridos y presión arterial, estuvieran por los cielos.
En uno de los pasajes de la película de Serrano, Bichir y de la Reguera, se deja ver al torero Marroquín, matarife al servicio de Miguel Hidalgo. De acuerdo con Gabriel Ferry, el personaje sí existió. Acusado de haber degollado a más de 200 españoles peninsulares durante la primera fase de la guerra de independencia mexicana, dejó la enunciación: “el aguardiente puro no embriaga tanto como la sangre” (Ibídem, p.89). El torero Marroquín era el ejecutor de sentencias: a él entregaban los prisioneros. Por cierto, Marroquín era andaluz: nació en Sevilla, en el sur de España.
No olvidemos que Hidalgo fue cultivador de la tauromaquia: en sus haciendas y ranchos de Michoacán (Santa Rosa, San Nicolás y Jaripeo), crío toros de lidia.
Profesor y empresario
Hijo de viejas familias españolas (la paterna de Tejupilco, en el Estado de México y la materna de Pénjamo, en el actual Guanajuato), Hidalgo nació el 8 de mayo de 1753 en la hacienda de Corralejo. Su familia estaba llena de teólogos y médicos.
En febrero de 1792 se marchó a Colima, en donde donó su casa al Ayuntamiento para que erigiera una escuela para indígenas. Antes que revolucionario, fue maestro rural. Para Hidalgo, la cultura es espiritual y material. Por eso, además de fomentar la instrucción elemental, intensificó el cultivo de la música, la poesía, la retórica, el arte, las artesanías y los oficios (De la Torre, Ernesto, Miguel Hidalgo. El libertador, en (Internet: www.senado2010.gob.mx; acceso: 8 de abril del 2021). Nunca se desentendió de la educación pública.
El 24 de enero de 1793 tomó posesión del curato de San Felipe Torres Mochas, a donde llegó en compañía de su hermano Mariano, sus hermanas Guadalupe y Vicenta, y de Jesús Santos Villa, familiar y profesor de música académica (clásica).
En San Felipe como en Dolores, Miguel Hidalgo fundó orquestas (él tocaba el violín). Cultivó huertas, promovió la alfarería, introdujo el cultivo de la uva; propagó el plantío de moreras (gusanos de seda) y la cría de abejas gracias a colmenares que importó desde La Habana, Cuba
Aperturó talleres para producción de seda, loza y ladrillos. Incentivó la curtiduría, la creación literaria, la traducción (Moliere, Buffon, Racine, Bossuet, La Fontaine) y la puesta en escena de obras de teatro, principalmente de autores franceses (Moreno, Heriberto, “El cura revolucionario Miguel Hidalgo, como hacendado”, en Revista Relaciones, número 60, volumen XVI, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1994, p.168). De Moliere, hizo las primeras traducciones al español. Era un intelectual de altos vuelos, un ilustrado, un maestro de la vida.
Fabricó telares en los que se trabajó algodón, lana y seda. También echó a andar proyectos de carpintería, curtiduría y laboreo de pieles. Plantó viñedos e inició la industria vitivinícola en el norte del actual Guanajuato. Sí, los fundamentos de la viticultura guanajuatense, sin duda, recaen en Miguel Hidalgo. Enseñó y dirigió. Sacerdote y maestro; formador, agricultor y artesano; guía espiritual y amigo; reformador y caudillo. Político e intelectual. Para facilitar las transacciones comerciales, hizo monedas de cobre. Innovador, combativo y empático. “En todo, amar y servir”. Llevó al máximo nivel las enseñanzas de San Ignacio de Loyola.
El arte y la literatura lo motivaron a pasar largas temporadas en Guanajuato capital, en donde frecuentaba al Marques de Rayas, al Intendente Riaño, al matemático Rojas y a la familia Alamán (Ibídem, p.188). Como elevado representante de la Ilustración y de la Revolución Francesa, Miguel Hidalgo y Costilla estaba a favor de la argumentación y contra la memorización. Sí, era cura, pero también catedrático universitario.
Primero: administrativamente, la Diócesis de Michoacán fue la cuna de la Independencia de México. Segundo: cuando inició la guerra de Independencia, Hidalgo era un cura rural. La independencia se tejió desde el campo y la región.
Importancia de la historia
Desde la enseñanza de la historia, el actual Presidente de México, como ningún otro que haya gobernado al país durante el siglo XXI, fomenta visiones facciosas. El paradigma del tabasqueño está en la historia patria decimonónica. Esta forma de entender y enseñar la historia, funciona en su polarización del país y en la acentuación de las diferencias sobre las que va y viene, todas las mañanas. Es desde la historia que mantiene el control político. Andrés Manuel López Obrador encarna con perfección a la historia oficial: es maniqueo, fantasioso, mentiroso.
A días de haber asumido el poder, se lanzó contra España, a quien reclamó por la conquista militar que significó el descubrimiento de América de 1492 (Edmundo O’ Gorman define el acontecimiento como “invención”).
La construcción de nación del lópezobradorismo se explica en su forma de entender y transmitir la historia: él y su equipo, interpretan el mundo desde el siglo XIX. Entre muchas lecciones colectivas, la administración del tabasqueño nos deja el jamás menoscabar a la historia
A partir de este momento, debemos replantearnos cómo necesitamos que las nuevas generaciones conozcan al cura del pueblo de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla. ¿Qué valores necesitamos transmitir a las nuevas generaciones de mexicanos?, ¿seguiremos discursando, únicamente, de Generales y traiciones? Es la oportunidad historiográfica para hablar, al interior de las aulas mexicanas, de los gustos musicales del Dr. Hidalgo, de sus intereses literarios, de su alimentación.
Saber historia siempre será imprescindible para enseñar historia. Ciertamente, en la realidad educativa mexicana, esta premisa, muchas veces, no se cumple. Aunque en el Nuevo Modelo Educativo y en la Ley General de Educación (promulgada en septiembre del 2019) se habla de lo importante que es la historia y de lo perjudicial que resulta la promoción de un aprendizaje basado en la memorización; en la práctica educativa mexicana, la enseñanza luce distante del ideal. No basta con decretar la importancia de la historia: hay que reformular el tipo de historia que se transmite en las aulas mexicanas. La profesionalización docente sigue limitado el cumplimiento de los objetivos nacionales: lo conducente es que los historiadores de oficio, sean quienes impartan las clases de historia, en todos los niveles educativos.
Consecuencia del tipo de historia enseñada en las aulas mexicanas, y de la forma en que se transmite (apelando a la memorización), el mexicano tiene problemas con el inglés. Al ser educados desde el resentimiento hacia los estadounidenses por el sometimiento militar y la posterior pérdida de una extensa parte del territorio nacional, durante la primera mitad del siglo XIX, al mexicano se le avivan complejos, traumas y barreras emocionales que limitan el aprendizaje del idioma inglés.
Existe un bloqueo colectivo. Hay cargas emocionales heredadas desde la enseñanza de la historia. Un cambio en el canon pedagógico, impactaría, positivamente, en la enseñanza del inglés. No es una ocurrencia que el constructivismo, modelo pedagógico que impera en Occidente, destaque la importancia de las emociones y la promoción de valores, en la formación humana.
Conclusiones
El uso de la historia social en el sistema educativo mexicano, no significa que se dejará de estudiar a Miguel Hidalgo, lo que cambiará es el abordaje del personaje.
A finales de la década de 1980, la historiografía de la URSS y la enseñanza de la historia, entraron en un vacío. En mayo de 1988, los exámenes de historia y los programas obligatorios se suspendieron. Un viraje educativo se articuló en torno a las escuelas y la introducción masiva de la historia regional. El colapso de la historia soviética, significó el fin de sus esquemas explicativos. En México, cuando la 4T caiga, deberá emprenderse una profunda reforma educativa: habrá que desideologizar a la historia. La imposición de ideologías cancela la posibilidad de habitar en el pensamiento crítico. La ideología marxista es adoctrinamiento.
Existe una tendencia historiográfica que busca minimizar la figura de Miguel Hidalgo y Costilla, frente a la de Agustín de Iturbide, arguyendo la firma de los Tratados de Córdoba. Sí, es verdad que Iturbide fue muy importante en la tercera y última etapa de la Independencia de México, pero denostar a Hidalgo es, además de risible, pueril. Iturbide cosechó lo sembrado por los sacerdotes, Hidalgo y Morelos.
Es un problema de anticlericalismo. Están los intereses evangélicos (Andrés Manuel López Obrador tiene acuerdos políticos con la Iglesia Universal del Reino de Dios en Brasil, con los evangélicos y con la masonería) y el creciente ateísmo (de acuerdo con los resultados publicados por el INEGI en enero del 2021, la Iglesia católica pierde terreno frente al ateísmo y los evangélicos). La guerra religiosa persiste. En el fondo de la política, siempre está la cuestión religiosa.
Cuando Andrés Manuel López Obrador juzga a los conservadores, también está hablando de religión, no sólo de política. Por carencias educativas, a la sociedad mexicana se le dificulta leer entre líneas. Es un alivio que Joe Biden sea católico-guadalupano
Agotamos nuestros esfuerzos en la didáctica (transmisión del conocimiento) y restamos valor a los contenidos que comunicamos al educando: tan importante es lo que se transfiere, como las maneras de circular el dato. La verdad siempre será parcial e interesada. En la historia científica prevalece la interpretación sobre la memorización: vamos a las estructuras cabalgando en unicornios de larga duración.
En su obra, Pilar Maestro señala la escasa importancia concedida a la teoría de la historia y a la historia de la historiografía, en la enseñanza de la historia. Hay una separación perjudicial entre la teoría y la práctica docente. De modo que, si pensamos en Miguel Hidalgo, podríamos dictar una clase sobre los conceptos de justicia y salvación en su acción política. No sería descabellado proponer un diálogo entre Hidalgo y la cristología latinoamericana pos Concilio Vaticano II. La historia es ida y vuelta; llegada y partida; encuentro y despedida. Aumentar nuestro bagaje teórico incentivará la complejización histórica del Dr. Miguel Hidalgo y Costilla.
Un gran problema con la historia oficial o patria, es que está desprovista de herramientas teóricas: se ahoga en el dato, en la efeméride, en la remembranza.
La historia debe enseñarse investigando. Siempre hay que promover el pensamiento científico. La historia es importante para las matemáticas porque facilita la comprensión de conceptos y la literatura es fundamental para la historia porque humaniza a los héroes. Existe un diálogo entre los distintos campos del conocimiento humano que el nuevo modelo educativo define como transversalidad (la antropología delimita a esta realidad académica como interdisciplinariedad).
Hablemos de Miguel Hidalgo como actor de teatro, políglota y empresario. Para entender al cura de Dolores en toda su profundidad, necesitamos acercarnos, intelectualmente, al cristianismo, a la Iglesia católica y a los jesuitas. Morelos, alumno de Hidalgo cuando el de Corralejo fue rector del Colegio de San Nicolás, era mulato. Esta realidad nos lleva a la raíz negra. ¿Cuándo, en las aulas mexicanas, se habla de la relación existente entre la Independencia, Hidalgo, Morelos y los esclavos negros? La historia oficial es racista, sectaria y farandulera.
Comencemos a profundizar en las migraciones africanas a México. Reconozcamos el origen árabe de los alfeñiques y de los rebozos; la cuna africana de las carnitas.
Cierro este breve ejercicio intelectual con la evocación al Romance de Hidalgo, rescatado e interpretado por la zacatecana, Sonia Medrano. A Hidalgo podemos abordarlo desde la música, desde el muralismo (pienso en las escalinatas, al interior de la Alhóndiga de Granaditas y del Palacio Municipal de Irapuato) y desde el mundo de las ideas. Hidalgo está en la justicia, en el teatro y en los ojos verdes.
Fuentes consultadas
Bibliografía
Bellocchio, Mabel, Educación basada en competencias y constructivismo, CDMX, UACJ-ANUIES-Universidad de Colima, 2010.
Ferry, Gabriel, La vida militar en México, México, Editorial América, 1945.
Terán, Martha, “La bandera blanca de San Ignacio de Loyola en la guerra por la independencia mexicana”, en Constitución, poder y representación, Silke Hensel, coordinadora, CDMX, Vervuert, 2011.
Hemerografía
Maestro, Pilar, “Historiadores y profesores. Acerca de una enseñanza democrática de la historia”, en Revista de Pensamiento Contemporáneo, número 9, Valencia, Universidad de Valencia, 2002, p.32, pp.31-50.
Martín Hernández, Francisco, “El Colegio de San Nicolás de Michoacán a finales del XVIII y principios del XIX”, en Estudios de Historia Social y Económica de América, número 9, Madrid, Universidad de Alcalá de Henares, 1992, pp.289-301.
Moreno, Heriberto, “El cura revolucionario Miguel Hidalgo, como hacendado”, en Revista Relaciones, número 60, volumen XVI, Zamora, El Colegio de Michoacán, 1994, pp.167-188.
Internet
(http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558075be7d1e63c9fea1a2a1?intPagina=2&tipo=publicacion&anio=1810&mes=09&dia=28 ; acceso: 8 de abril del 2021). De la Torre, Ernesto, “Miguel Hidalgo. El libertador”, en (Internet: www.senado2010.gob.mx; acceso: 8 de abril del 2021).
- Ilustración: José Clemente Orozco