La mañana del sábado 23 de octubre del 2021, regresé al gimnasio, luego de tres meses sin hacer ejercicio. La cotidianeidad me atrapó, me ensimismó.

Un dolor intenso en los hombros la madruga anterior, me hizo recordar que mi cuerpo necesita del ejercicio constante para mantenerse en forma y sano. Es impresionante cómo el mismo organismo te va diciendo qué hacer. No dejo de maravillarme ante las profundidades de la existencia humana. La vida siempre nos habla, sucede que, muchas veces, somos necios, y otras, no sabemos escucharla. Yo creo en Dios.   

Durante los 50 minutos que duró mi rutina, en el interior de un gimnasio para clase media irapuatense, las dos chicas que administran el acceso escucharon reguetón.

Al salir del lugar reflexioné lo siguiente: las letras de este género caribeño de tradición hispánica se concentran en el producto, es decir, en el acto sexual. Por su parte, las letras de las baladas circunscritas a las estructuras del pop noventero se ocupan del proceso de enamoramiento.

Digamos que, la cultura pop sugiere a la seducción como el camino y el reguetón se ubica, directo y sin escalas, en la penetración vaginal. El reguetón es pragmatismo puro. ¿Vas a coger? Next

Lejos de sentimentalismos decimonónicos y de una lapidación tumultuaria a través de juicios morales, el reguetón, al igual que la narco cultura, nos habla de las sociedades en las que son diagramados estos artefactos culturales.

El reguetón es funcional-pragmático, por eso su éxito. Los chicos posmodernos exigen mensajes directos y las letras del reguetón cumplen esa función. ¿Para qué te invito al cine si el producto final de la interacción social es el acto sexual? Mejor optimizamos los recursos: sin flores ni peluches, directos al cinco letras, si nos gusta bien, y si no, también. Ahí está el sentido gramatical del reguetón. Todo es lenguaje.

Dejemos de juzgar a los jóvenes. Ellos se refugian en sus constructos literarios, porque se sienten incomprendidos por nuestra moral cristiana que todo lo censura. El fenómeno es cíclico, por supuesto. Vivimos en el movimiento constante, en ida y vuelta. Podemos definir al fenómeno cultural descrito como migración vital.

Me gustaría que los jóvenes que consumen reguetón se interesen por las músicas caribeñas de tradición francesa (Haití) e inglesa (Trinidad and Tobago, Jamaica). El reguetón puede ser una suerte de puerta giratoria que acerque a los estudiantes mexicanos al diálogo educativo con el inglés y con el francés. Pienso que, en la escucha de las músicas caribeñas, existe una oportunidad pedagógica para los maestros mexicanos.

La música ofrece infinitas posibilidades constructivistas.

  • Ilustración: Mala Musa

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