“Toma el llavero abuelita y enséñame tu

ropero con cosas maravillosas y tan hermosas

que guardas tú”

(De una canción de Cri-Cri)

En la película Ready player one (2018) de Steven Spielberg, se menciona una expresión que dibuja tal cual el paisaje del hartazgo existencial del ser humano: “Hoy, la realidad es un fastidio. Todos buscan una forma de escapar”.

Obra cinematográfica de la cultura gamer, Ready player one plantea ese futuro en donde la virtualidad reina para que el ser humano se pueda convertir en lo que quiera e imagine. Para que escarbe en lo más profundo de sus deseos.

Spielberg esboza esa dimensión paralela de donde no desearemos salir, en la que siempre podremos estar, un lugar al que siempre podremos acudir cuando la realidad del verdadero mundo nos resulte insoportable y nuestra miseria humana se pueda regodear en el avatar que seremos.

Ser humano” parece una expresión que empieza a caducar y resignificarla requerirá de un esfuerzo epistemológico que lo mantenga actual, vigente y no devenga en la conversión de lo humano al concepto de avatar y virtualidad. Lo humano como reliquia. El escapismo de lo real a la ficción de lo que no somos y quizá terminaremos por ser.

En Ready player one, un genio de la tecnología llamado James Halliday emula a Steve Jobs, a Mark Zuckerberg. Halliday inventa su OASIS, como Jobs su Apple, como Zuckerberg su Facebook.

Un día, el genio James muere como ya murió Steve, como algún día morirá Mark. Halliday ofrece entonces heredar su imperio tecnológico a quien supere un concurso que él mismo diseña. Los participantes son, claro, todos aquellos hombres y mujeres hartos de su humanidad y que buscan, paradójicamente en la ficción, un sentido al asco de vivir.

Hoy, Mark Zuckerberg apuesta por el Metaverso, su particular universo paralelo virtual, “la próxima frontera”, habría dicho el joven y multimillonario empresario al presentar su demencial proyecto, la frontera que eliminará el fastidio de la realidad, el espacio a donde todos podremos escapar

La justificación para crear un universo virtual paralelo a la vida real, donde la gente pueda tener ‘otra vida’ -aunque sea igual de insulsa que la actual- es que los smartphones están alcanzando su ‘límite’ para ofrecer nuevas experiencias a los usuarios”. (Ruleta Rusa. Octubre 29).

Pero más allá de las implicaciones que el Metaverso de Zuckerberg pueda tener hacia el futuro de la humanidad, conviene también reflexionar sobre lo que se ha perdido y no parece que habremos de recuperar.

En un mundo distópico como el propuesto por Ready player one en la ficción (¿ficción?) y por la idea de Zuckerberg, hemos perdido el sentido de las cosas, de lo sólido, de lo que nos “ancla al ser” y hemos llegado así a la entrada del mundo de las No-Cosas, expresión que da título a la nueva obra del filósofo coreano, Byung-Chul Han.

De Byung-Chul Han se ha dicho que no hace filosofía, que el coreano en realidad es un nostálgico empedernido que escribe libros basados en principios que ya sabemos. Que el éxito de superventas de sus obras se fundamenta en la posibilidad de escudriñar los miedos contemporáneos que atañen a una pérdida de lo humano en un mundo de consumo y globalización.

El coreano como artífice de una filosofía basada en la expresión de ideas y frases contundentes que venden pronto y como el estribillo de una canción popular, se pueden quedar en la memoria de cualquiera para luego, pensarse como un lector culto que lee a un asiático de nombre raro, que usa coleta y escribe en alemán.

Los críticos de Han puede que tengan razón en lo que dicen, pero quien esto escribe está convencido de que los humanos quizá necesitan una dosis grande de nostalgia, una reverberación de las cosas sólidas y tangibles que le dan al hombre una razón de estar en el mundo, un anclaje del ser en lo real, en ese enamoramiento milenario por lo analógico.

Lo analógico que significa similar, lo que crea profundidad de pensamiento, solidez del sentimiento y durabilidad para aquello que amamos, contrario a todo aquello que es superfluo (superfluidad) y en tanto superfluo, desechable, inútil, fugaz y horrendamente pasajero.

A Byung-Chul Han hay que agradecerle poner sobre la mesa, la posibilidad de vida que genera la nostalgia por un mundo ido al que no se puede volver y, sin embargo, es posible arrancarle pedazos significativos de conciencia que nos recuerde el humano que fuimos

Al menos, nos recuerda Han, nos queda la posibilidad de ser con una sed de vivir en el mundo de las cosas tangibles y no en la liquidez del OASIS en que habitaba Halliday, el nuevo Metaverso de Zuckerberg.

Ya no habitamos la tierra y el cielo, sino Google Earth y la nube. El mundo se torna cada vez más intangible, nublado y espectral. Nada es sólido y tangible”, apunta Byung-Chul Han para advertirnos la desestabilización de la vida al transitar de las Cosas a las No-Cosas.

El filósofo coreano lamenta la falta de narraciones que las cosas sólidas nos daban y hoy, las No-Cosas (la información excesiva, el consumo, la virtualidad) se nos convierten en factores meramente aditivos y adictivos sin nada que contarnos para trascender porque solo las narraciones crean significado y contexto, ataja el pensador asiático.

Hoy dependemos de los algoritmos. Incapaces de decidir por nosotros mismos, el algoritmo del streaming nos dicta qué ver y cómo verlo, qué consumir y cómo digerirlo y saborear la superfluidad de lo virtual.

Han diserta y sentencia que “en la actualidad no queremos atarnos a las cosas ni a las personas. Los vínculos son inoportunos. Restan posibilidades a la experiencia, es decir, a la libertad en el sentido consumista”.

Así va desgranando Byung-Chul Han el mundo perdido de lo humano: critica la frialdad que elimina al Otro a través de la ilusión del smartphone, reflexiona sobre la futilidad de la selfie y aboga por la Fotografía (así con mayúsculas) analógica, esa que produce redención en las personas muertas, las personas queridas que a través del retrato nos hacen experimentar una especie de resurrección a partir del recuerdo.

Pero el mundo del Metaverso también promete la inmortalidad, llegará el día en que “nadie” morirá, la virtualidad dará la posibilidad de crear avatares del cadáver ido, el de la esposa, el esposo, los hijos, los amigos. La putrefacción será únicamente un mal recuerdo del cuerpo que alguna vez se amó, el universo paralelo nos lo devolverá aunque sea en la imagen de una especie de película sci fi.

En Upload (2020), serie creada por Greg Daniels, se plantea la inmortalidad virtual: las personas difuntas (si es que la expresión vale), son subidas, cargadas, reseteadas a un mundo virtual en donde pueden seguir su existencia en una especie de caro paraíso

Al no poder aceptar la inevitable muerte, el ser humano aspira a la inmortalidad, los recuerdos no bastan, el cariño de la memoria es insuficiente, la experiencia de la Cosa-Humana es una abstracción inútil para aquellos que viven aterrados por la finitud de los cuerpos y las mentes. El Metaverso, como el OASIS estarán ahí para eliminar la guadaña de la muerte.

Greg Daniels reinterpreta la inteligencia artificial, la misma que Chul Han desprecia por su calidad de ente recto, sin matices, fría y calculadora que no tiene la complejidad del pensamiento y sus recovecos infinitos para generar recuerdos reales, sólidos y gratificantes.

Pero Zuckerberg estará ahí para eliminar la nostalgia, el fastidio del mundo real. El joven Mark estará ahí para señalarnos la salida de escape, para borrar todo indicio de lo analógico, para blanquear un mundo real que se nos torna cada vez más oscuro y al que preferimos no enfrentar porque rebasa nuestras capacidades de ser humano consciente e inteligente. Mark Zuckerberg nos lleva ya al inevitable mundo de las No-Cosas.

Una digresión sobre un taco de queso fresco y nopales

En No-Cosas, Byung-Chul Han cuenta como cierto día se hizo de una vieja gramola (rocola) que lo hizo viajar otra vez al mundo de las cosas.

Mientras leo ese ejercicio de nostalgia del filósofo coreano, pienso en mi abuela Luz quien se fue de este mundo terrenal hace casi 19 años.

Me recuerdo con ella una tarde cualquiera de hace al menos 40 años en el Parque Juárez de mi ciudad natal (León) comiendo con ella unos tacos de nopales con queso fresco. Todo fue real como real es el recuerdo que tengo de ella y su cariño infinito hacia los suyos.

Quizá y solo quizá, algún día el Metaverso me ofrezca encontrarme nuevamente y de manera virtual con mi abuela, pero le diré que no, porque si hay un verdadero más allá, esperaré a reunirme con ella en esa idea del reencuentro postmorten, de no ser así, siempre me quedará la imagen de una vieja fotografía analógica, impresa, que me permite revivirla y pensarla tal cual era, tan real, tan presente que agradezco haberla tenido a mi lado.

  • Ilustración: Especial