Conocí a María un viernes de Consejos Técnicos Escolares (CTE).
Conforme te vas haciendo adulto, se vuelve más raro coincidir con personas que te comuniquen desde las entrañas.
Su sola presencia encendió todo eso que habita dentro de nosotros y que compartimos poco y rara vez. Aunque sea cuidadoso y reservado, con la mujer indicada, sigo siendo el mismo revolucionario de siempre.
Nuestra interacción inició como todas las historias que valen la pena ser contadas. Mirar sus ojos me trasladó, con cierta nostalgia, a una Historia de amor de LTD (compañía de responsabilidad limitada N. del E.).
¡Cómo no evocar las Hojas secas de Manuel Acuña!
Aún más que con los labios
hablamos con los ojos;
con los labios hablamos de la tierra
con los ojos del cielo y de nosotros.
La historia siempre es tiempo presente. La felicidad se trata, justamente, de días y tardes entrañables como la de aquel viernes de CTE, cuando conocí a María
La migración vital está en ese constante regreso al punto de partida: el amor. El nódulo semántico de la vida es el amor. Migramos, en ida y vuelta, de él y hacía él. Al emigrar, mutamos. Evolucionar es andar y desandar.
Escribir es una forma de objetivar al amor. El que ama es un artista porque crea. El que escribe moviliza y se pone de frente al arte. Aquí se encuentra el dinamismo de la migración vital.
Somos lo que fuimos, pero con menos errores y más sabiduría. La migración vital no acepta cobardía y espera coherencia. Ella es una artista. Yo un aprendiz de la vida.
María me recordó que la vida es un constante reinicio.
- Ilustración: Leonardo Da Vinci