Hay que celebrar el encuentro.

Los aviones se desvían, las trayectorias cambian, las promesas se rompen, el amor muta, los sueños exigen trabajo, las oportunidades se construyen.

Azaroso que dos se acompañen. Decisivo que los padres apoyen, confíen en el potencial de su hijo. La verdadera arma del cambio es la apertura. El verdadero conocimiento es aprender a dudar, a preguntar. No hay tiempo para el miedo ni para el silencio en la injusticia. No hay esperanza sin compromisos entre individuos y su comunidad (familia, escuela,municipio).

La equidad es de y para todos o Malala será una voz más perdida entre las reproducciones de millones de productos mediáticos.

¿Por qué no sonríe Malala Yousafzai en las fotos finales donde es expuesta entre marcas y corporaciones?

Será porque incluso luchar por la educación de las mujeres se volvió un cliché capitalista que desvirtúa su profundidad y lo trivializa para que lo olvidemos como los centenares de prendas, boletos, bolsas y libros olvidados después del evento de Malala en el Tec de Monterrey.

Vamos a la siguiente emoción y la nueva selfie, como dijo una chica detrás de mí: “es la tercera Nobel que conozco en menos de un mes. Pero la segunda que conocí, una doctora en nanotecnología, no, ella no me convenció, pero Malala está mejor porque casi la matan, eso sí ha de ser traumático superarlo. Hice que mi amiga leyera el libro anoche porque hoy necesitamos armar la nota, trabajamos para Diego Luna, ahorita va a venir, de hecho…

Y la chica siguió queriendo demostrar lo lista que era, lo bien relacionada que estaba y lo tonta que era su amiga conductora, quien sonreía sin salir de personaje. Es donde dudo del hashtag y las dos mil personas reunidas. Si entre nosotras, las mujeres, nos juzgamos, nos derrotamos, nos preocupamos por la autoconstrucción desde el imaginario dominante, mil Malalas en un auditorio no pueden ayudarnos. Pero sí una Malala por aula, por familia, por fila en la recogida de boletos para eventos masivos.

La Malala que con una mirada, un lápiz, un libro, un día a la vez, hace que otro sea consciente que el privilegio de la educación es un contrato de cambio para los miles que la estructura dejó fuera para que uno pudiera pensar.

Pensemos, resolvamos el mundo

Malala inspira pero la inspiración es trabajo duro, pregúntenle a los pulmones y al corazón cuánta energía y sincronización requiere un suspiro y solemos desperdiciarlos en quejas o bluff. Y si dialogamos y nos atrevemos a conocer a quien está a nuestro lado, sin pose, sin expectativa, sin afán de dirigir sino de acompasar dos realidades. Para mí fue el mensaje central: conoce al otro, es la única forma de crecer.

Gracias Malala. Gracias Clau Cortes y todos los otros malalas que posibilitaron mi visita; es así en comunidad como cambiamos.

Regreso a mi aula segura de que mi mayor labor sigue siendo abrir la mente, el corazón y las manos de mis alumnos.

  • Foto: Especial