Edward Davis Wood Jr., mejor conocido como Ed Wood, fue considerado “el peor director de cine de la historia” y una de sus obras, ‘Plan 9 del espacio exterior‘ (1959), fue catalogada como “la peor película de terror de todos los tiempos”.

Cargar con semejantes etiquetas no es precisamente el legado que un cineasta desearía heredar a la historia de la cinematografía, pero Wood, consciente de sus errores narrativos y técnicos en sus películas, fue un hombre congruente con sus sueños y esperanzas y ha pasado también a la historia como un director de culto, revalorado por Tim Burton en una biopic imperdible y rebasado en pésima calidad por muchísimos más directores en todo el mundo que nunca alcanzarán el estatus de leyenda que se ganó para bien y para mal el recordado Ed.

Viene a la memoria la vida de Ed Wood porque es imposible no pensarlo y recordarlo cuando se ha visto la nueva obra de un grandísimo director llamado Jim Jarmusch, Los muertos no mueren (2019), una historia del apocalipsis Zombie que recuerda las películas de serie B y bajos presupuestos que marcaron la vida y obra de Wood.

Cierto es que Jarmusch no pretendía hacer homenaje alguno a nadie en específico y huelga decir que la cinta del director norteamericano aborda desde el absurdo y con una calidad probada, varios tópicos existenciales, entre ellos, por supuesto, la referencia a varias obras cinematográficas del terror contemporáneo, referencias de su propio cine hasta la realización de una crítica al racismo, la sociedad de consumo y el mundo del mercado.

Se equivoca quien vaya a las salas de cine a buscar sobresaltos y sustos que lo mantengan al filo de la butaca, no, ahí encontrarán a un Jarmusch que ha vuelto a redefinir los géneros como antes lo hizo con el western en Dead man (1995), la concepción de los samuráis con Ghost dog: el camino del samurái (1999) o los vampiros en Sólo los amantes sobreviven (2013).

Jim Jarmush ha comprendido ya desde hace mucho tiempo, que no tiene que demostrarle nada a nadie

Jim Jarmusch, una leyenda viva del cine alternativo.

Y en esta ocasión, parece ha querido únicamente divertirse a costa de un género como el de los zombies que, a partir de la mítica La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, se ha multiplicado como los panes y los peces con diversos niveles de capacidad interpretativa y narrativa.

En los muertos no mueren, se cuenta cómo, a partir de la pérdida del eje de rotación de la tierra, los cadáveres comienzan a recobrar vida en el cementerio del pequeño pueblo de Centerville, comunidad apenas vigilada por un jefe policíaco (Bill Murray. Flores rotas. 2005) y dos policías, un hombre, (Adam Driver. Paterson. 2106) y una mujer (Chloë Sevigny. Flores rotas. 2005) que no se dan abasto para luchar en contra de los muertos.

Ahí donde Wood quizá sufría por sacar adelante sus proyectos, Jarmusch se divierte y ríe porque risa es lo que logran succionar a los espectadores los muertos de Jarmusch, baste ver a Iggy Pop en su versión de walking dead, mordiendo a una camarera y suplicando beber café, en clara referencia ‘jimjarmushiana’ a Café y cigarrillos (2003).

Risa y sutiles sonrisas también genera ver a los zombies enloquecidos buscando wifi, televisión por cable gratis, una botella de chardonnay, dulces, chocolates y todo lo que consumían en vida y que, en una reflexión en voz en off, se remarca la posibilidad de que el ser humano ya era, desde siempre, un muerto viviente preso de sus deseos más consumistas y pueriles.

No deja Jim Jarmusch de acudir a la reflexión ideológica y política cuando otro de sus actores fetiches, Steve Buscemi, muestra una gorra en donde se aprecia la leyenda “Mantengamos blanca a América”, haciendo alusión, claro, al eslogan del presidente estadounidense, Donald Trump que invita a votar por el “Make America Great again”.

Ese es Jim Jarmsuch, quien se rodea una vez más de sus actores y actrices predilectos y llama nuevamente a escena además de los nombrados Murray, Driver y Sevigny, a Tilda Swinton, Tom Waits y el rapero RZA y se permite incluso dirigir a una Selena Gomez que no desentona con el tenor de las interpretaciones del lujoso reparto.

Y si Jarmusch se atrevió a llamar a filas a Gomez, una cantante de moda en el mundillo fatuo del espectáculo, Wood tuvo entre sus orgullos haber dirigido a una leyenda como Bela Lugosi, el vampiro eterno que, ansioso por no dejar la actuación en sus últimos años de vida, decidió auxiliar a Ed en su Plan 9 del espacio exterior.

Ed hermanándose otra vez con Jarmusch, ambos separados por el tiempo, pero no por la coincidencia de sus aspiraciones y su natural propensión a ser libres de contar historias sin tener que darle explicaciones a nadie. Ambos (Ed ya) conocerán la inmortalidad

De diálogos y música

Jim Jarmusch aborda también la simplicidad de lo cotidiano a través de diálogos igualmente sencillos, pero al mismo tiempo, los vuelve mordaces, satíricos y cargados de una ironía tal que obliga a la reflexión para adivinar su intención.

Es repetitivo, expresiones que replica una y otra vez entre sus personajes que hasta podrían parecer exasperantes, provoca la paciencia del espectador y, sin embargo, esa es la dinámica del ser mortal, rutinario y monótono, nos retrata, nos revela y sabemos que sí, así somos, como uno de sus personajes.

Los muertos no mueren, así se llama la película y Jarmusch nos endilga una y otra vez el título a través de una canción del mismo nombre interpretada por Sturgill Simpson. Los policías la escuchan en la radio, Selena Gomez y sus amigos en el Pontiac (el Pontiac de La noche de los muertos vivientes) que los lleva a Centerville, Sturgill Simpson en la cafetería del pueblo, una vez más en la portada del CD que lo anuncia con todas sus letras en la tienda del excéntrico tendero de una gasolinera y tienda de curiosidades. Una y otra vez los muertos no mueren.

¿Qué es entonces la nueva obra de Jim Jarmusch? Un delirio, un divertimento, una bufonada, una gracejada, una chorrada, una broma, un sueño con Ed Wood.

O es simplemente Jim Jarmusch en plena forma, deseoso de romper una vez más con Hollywood y homenajear más a Wood, el buen Ed.

Play

La salud de los zombies parece estar en cabal vigor y para entender mejor su origen, se recomienda ver la ya nombrada La noche de los muertos vivientes (1968) de George A. Romero, obra seminal del género. O más actual, Tren a Busan (2016) del director coreano Yeong Sang-ho. Si se desea ver de manera gradual a los muertos vivientes, la serie, The walking dead (2010), siempre será una buena opción.

  • Ilustración: The Dead Don´t Die
  • Foto: Sara Driver