El jueves 1 de octubre del 2020, se consumó la extinción de todos los fideicomisos para la investigación en México.

Con la desaparición de los fideicomisos desapareció el sistema de fondos para la investigación, entre ellos lo correspondiente a SEP-Conacyt. Centros de investigación públicos como el CIDE, CINVESTAV y CIESAS, dependían de esos dineros para operar proyectos científicos y pagar becarios.

Los centros públicos Conacyt son espacios en donde se genera investigación de competencia internacional y se contribuye al desarrollo regional. Ahora se quedan sin recursos.

No habrá becas para iniciación a la investigación, servicio social, prácticas profesionales, tesis de licenciatura, veranos de investigación, apoyo a estancias académicas, conclusión de tesis de posgrado y formación de científicos

Hay que decir que mucho del dinero acumulado en los fideicomisos que desaparecen, provenía de aportaciones hechas por la comunidad internacional. México perderá competitividad: dejará de producir mano de obra especializada, absolutamente necesaria para que, cualquier país, se expanda, tecnológicamente hablando.  

El régimen lópezobradorista extinguió 109 fideicomisos. Su determinación impactará en ciencia, en producción cinematográfica, en atención a desastres naturales, al campo y al deporte de alto rendimiento. El botín será de casi 70 mil millones de pesos mexicanos. El dinero obtenido, se usará de forma discrecional, con el propósito de satisfacer “las necesidades del gobierno” (entiéndase Tren Maya, Refinería de Dos Bocas y Aeropuerto Felipe Ángeles). Estudiantes, científicos, universidades y centros de investigación, serán duramente castigados.

Obrador desprecia a la ciencia y envidia a los científicos. Sus complejos afloran. Concluyó sus estudios de licenciatura en ciencia política en la UNAM, luego de años de ambulantaje académico, de materias reprobadas y recursadas. Como estudiante universitario, jamás fue un modelo, un ejemplo, un proyecto educativo exitoso.

Construirse como científico en un país como México, es muy difícil. Somos un Estado pobre, educativamente hablando. Nadie duda del poderío cultural de la nación mexicana, pero, ciertamente, en términos educativos, nunca logramos despegar. La extinción de los fideicomisos, hundirá, aún más, al factor científico.

El argumento de los legisladores morenistas es que los fideicomisos eran manejados con opacidad por los gobiernos de los estados. Lo de siempre. Como suele ocurrir, no presentan ni evidencias, ni denuncias judiciales contra los responsables de estos, supuestos, delitos. Palabras al viento, lugares comunes.

La desaparición de los fideicomisos limitará la capacidad del Estado para incidir en la ciencia, en la cultura, en la protección a periodistas y defensores de derechos humanos

En tiempos de pandemia, el Gobierno Federal de México, debería hacer justo lo contrario: invertir en ciencia y cultura. La razón es política. Con la medida, el Presidente de México controlará a la parte más crítica de la oposición: los científicos y los artistas. Vendrá una fuga de cerebros mexicanos al norte del norte.

Apoyarán, a cuenta gotas, a los proyectos que compaginen con la ideología morenista. Ya lo dijo López Obrador, esperan obediencia ciega. Al Gobierno de México le importa la ciencia, en tanto exalte la figura del presidente y los logros de la 4T. El lópezobradorismo no quiere a gente pensante; prefiere al abyecto.

Se invirtieron millones de pesos en la formación de científicos que, ahora, ante la desaparición de fideicomisos, quedarán desempleados, emigrarán a Canadá y Estados Unidos, entre otras naciones del primer mundo. Serán pérdidas económicas para el país, sin omitir el factor humano, que siempre es coyuntural. ¿Cuánto tiempo se requiere para formar científicos del más alto nivel en un país? El daño será transexenal. Llevará años a México, recuperarse del terrible golpe.

El Presidente de México es un hombre resentido que navega con la bandera de la intolerancia. López Obrador es un ser que irradia odio. Su perspectiva del mundo es exitosa en la política nacional porque México es un país habitado, en su mayoría, por personas que son educadas por las telenovelas, con nulas expectativas de crecimiento intelectual, con el rumor como elemento central en la construcción de su cotidianeidad y con aspiraciones de corto alcance. La sociedad mexicana es caldo de cultivo para el lópezobradorismo.

El resentimiento es la gasolina de López.

  • Foto: Reuters