Ocurrió el 29 de octubre de 1969, justo a las 10:30 de la noche.

A partir de ese momento se anidaba la semilla de lo que hoy y para el devenir de la humanidad, puede interpretarse como la personificación de un moderno anticristo que engulle todo a su paso y anuncia la degradación moral del hombre.

O, por el contrario, la posibilidad de comunicarse con un mundo ávido de romper fronteras y revolucionar el pensamiento para imaginar un nuevo y mejor orden mundial: el 29 de octubre de 1969, Internet asomaba su cabeza, la punta de un iceberg que al paso de las décadas, plantearía de manera exponencial un sinfín de preguntas que más nos vale darle respuestas.

Fueron Leonard Kleinrock y Charley Kline quienes enviaron el primer mensaje desde la Universidad de California en Los Angeles al Instituto de Investigación de Stanford, en Menlo Park. La intención era enviar la palabra LOGIN, pero apenas se pudieron mandar las dos primeras letras y nació el “Lo and behold”, la expresión que marca un futuro que, en muchos sentidos, no sabemos si nos gusta o no.

Pero ya, antes de internet, George Orwell advertía la presencia de la debacle con el Big Brother en su profética 1984, Guy Debord lo proponía en su Sociedad del espectáculo, Michel Foucault, lo dibujaba a la perfección en sus reflexiones sobre el ejercicio del poder y más adelante, Zygmunt Bauman con su Modernidad líquida y Byung Chul-Han, con su Sociedad del cansancio.

Orwell, Debord, Foucault, Bauman y Chul-Han nos anticipan sobre el deterioro humano que basa ahora su presencia en el mundo a través de la imagen, la apariencia, lo breve, la fugacidad y su intrascendencia

Quizá por todo ello y azuzado por la historia enigmática de Internet y sus consecuencias, el veterano director alemán, Werner Herzog, se dio a la tarea de indagar las paradojas de un instrumento de comunicación que hoy priva y domina en el quehacer cotidiano del ser humano, una entidad que parece tener vida propia, y que Herzog retrata puntualmente en un documental que hoy viene a cuento al recordar los primeros 50 años de una fastuosa entelequia que nos ha sumergido en la virtualidad de la existencia; cosa perfecta para escapar de una realidad que reclama atención so pena de atizarnos en el futuro la pérdida de lo que hace humano al humano: la presencia del otro en el que nos reconocemos como seres con sentido.

Lo and Behold: ensoñaciones de un mundo conectado (2016), es el trabajo documental en donde Herzog nos propone pensar y repensar la odisea de un viaje a través de la red mundial y en él, el cineasta alemán recorre la estructura científica y tecnológica de Internet y su alcance traducido en los grandes logros que el ser humano puede presumir en función de diversos ámbitos del conocimiento.

Sin embargo, Herzog también apela al sentido ético, moral y filosófico de lo que significa la red, aborda su lado oscuro y las perniciosas consecuencias de idolatrar a una especie de becerro de oro que se adueña de la conciencia, la toma de decisiones y la voluntad de quien ha decidido adorar la bestialidad de un templo en el que se escucha un permanente canto de sirenas.

Herzog acude al testimonio de pioneros de la red mundial, a la opinión de científicos y expertos en el tema, recoge el dolor de quien ha sido víctima de la impudicia cibernética, se divierte con las confesiones de piratas informáticos y pregunta sin rodeos si algún día internet podrá soñarse a sí misma, así, como el cuento ciencia ficción de Philip K. Dick, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? obra literaria en la que se basa el clásico cinematográfico Blade Runner (1982) de Ridley Scott.

No por nada, en una de las expresiones de los entrevistados por Herzog, se lanza una posibilidad aterradora: “sin Internet, la gente no sería capaz de recordar cómo vivía antes de ella”.

En ‘Lo and Behod’ Herzog establece la posibilidad del caos y el colapso humano si un día amaneciéremos sin este instrumento que cruza sin tregua todas nuestras relaciones familiares, de trabajo, de ocio, de sensaciones y sentimientos

Aunque en su trabajo documental el cineasta alemán también matiza y se pregunta si en realidad es malo pensar y asumir si en un futuro nuestros descendientes realmente necesitarán de la compañía de humanos, si la mera compañía de robots será suficiente para sabernos vivos y no una especie devastada por la soledad. Es la imaginación, pues, de asimilarse y asumirse como un humano con distintas necesidades y proyectos que quizá no tengan nada que ver con el hombre que caracteriza a la especie del sapiens.

Werner Herzog no enjuicia, no condena, no da predicciones, aunque en ocasiones se las pida a sus entrevistados; no se regodea tampoco, ni celebra el establecimiento de la red como una panacea, Herzog lo que hace es recoger testimonios, opiniones, sensaciones, información pertinente para que el espectador se sumerja en sus propios avatares, sus propios temores, alegrías y reflexiones sobre el cómo le afecta o le da razón a su vida un mundo conectado.

Ya Zygmunt Bauman, el sociólogo y filósofo polaco, en su obra, Esto no es un diario (Paidos. 2012) citaba a Josh Rose, director creativo de contenidos digitales de la agencia de publicidad Deutsch LA, cuando decía que: “Internet no nos usurpa nuestra humanidad: la refleja. Internet no se mete dentro de nosotros: muestra lo que llevamos dentro”.

Cuánta razón tenía Bauman, el recientemente fallecido sociólogo y ensayista polaco, al escribir, asestando contundente: “Nunca culpes al mensajero por las malas noticias del mensaje, pero tampoco lo alabes por las buenas. Después de todo, el hecho de que se regocijen o se desesperen ante el mensaje, depende de las simpatías y los rencores, los sueños y las pesadillas, las esperanzas y las aprensiones de los destinatarios”.

Ahí deja entonces Herzog este documento que no niega los grandes avances en términos científicos y tecnológicos que ha dejado el hallazgo histórico de Internet, pero tampoco olvida la necesidad de cuestionarse hasta dónde llegará este conecte virtual y hasta dónde podremos delimitar qué es lo humano y qué es aquello que no tiene consciencia, que no se enamora, ni siente, ni llora, ni ríe.

Lo and Behold es un muy buen acercamiento al análisis del signo de los tiempos y nuestras circunstancias, pensar Internet a 50 años de distancia, es interiorizar aún más la idea de ir con tiento y calma a un destino que no podemos permitir, al menos, que se nos siga colmando de “legiones de idiotas” (Umberto Eco, dixit.).

Coming Soon

Entre estas reflexiones variopintas sobre los 50 años de Internet y el documental de Werner Herzog, no deja de entusiasmar a esta Road Movie, el próximo estreno de la nueva obra de Jim Jarmusch, Los muertos no mueren (2019), una cinta de zombies que era difícil imaginar ¿o no? en la filmografía de un cineasta superlativo como Jarmusch.

Habremos de verla, habremos de comentarla.

  • Ilustración: Lo and behold (Magnolia Pictures)