León Felipe habla sobre la obra de Cervantes: “Don Quijote se encuentra en la venta con un albergue sucio e incómodo, con un hombre grosero y ladrón, con unas prostitutas descaradas, con una comida escasa y rancia, y con el pito estridente de un cazador de puercos”.

Y dice enseguida: “Pero esto no puede ser el mundo; esto no es la ‘realidad’, esto es un sueño malo, una pesadilla horrible… esto es un encantamiento. Mis enemigos, los malos encantadores que me persiguen, me lo han cambiado todo. Entonces su genio poético despierta, la ‘realidad’ de su imaginación tiene más fuerza y puede más que la realidad transitoria de los malos encantadores, y sus ojos y su conciencia ‘ven’ y ‘organizan’ el mundo, no como es, sino como debe ser”.

El Quijote no es un loco luchando contra molinos de viento. Al contrario, El Quijote es un hombre consciente que lucha por llevar la realidad a su mejor versión

Elige su batalla, que es la más grande que un hombre puede elegir: cambiar al mundo. A quienes se encuentra por el camino lo tildan de loco porque ellos ya han perdido toda esperanza para ofrecer acciones que signifiquen una mudanza de la podredumbre que se vive todos los días.

Como todo hombre con aspiraciones y con conciencia superior, los otros se burlan de él. Le juegan tetras y les divierte viéndolo fracasar una y otra vez. Sueñan que llegue el momento en que ese hombre se niegue a sí mismo, renuncie a ser El Quijote y se conforme con ser tan sólo Alonso Quijano. Le exigen que sea igual que ellos. Otro más de los que se conforman con la realidad. No es posible cambiar nada. El mundo ha nacido podrido y así hay que dejarlo, le escupen en el rostro.

León Felipe reclamaba esa actitud de conformismo pero también de mediocridad e incluso de violencia en contra de quienes han visto más allá de la realidad para tratar de modificarla

Por ello el poeta español escribió el poema Ya no hay locos en el que denuncia la falta de valientes en esta herida absurda:

Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos ya no hay locos.
ya no hay locos, en España ya no hay locos.

Se murió aquel manchego,
aquel estrafalario fantasma del desierto.

Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos ya no hay locos.

Todo el mundo está cuerdo
terrible, horriblemente cuerdo.

Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, en España ya no hay locos.

¿Cuándo se pierde el juicio?
Yo pregunto: ¿Cuándo se pierde, cuándo?
Si no es ahora, que la justicia
vale menos que el orín de los perros.

Ya no hay locos, ya no hay locos
ya no hay locos, amigos ya no hay locos
ya no hay locos, en España ya no hay locos.

Todo el mundo está cuerdo
terrible, horriblemente cuerdo.

Miserable, una época donde los locos han desaparecido. Donde quienes tratan de cambiar al mundo, su mundo, son atacados desde todas las trincheras posibles

Donde las palabras de El Quijote saben a una broma de un desquiciado: “Yo nací por querer del cielo en esta nuestra edad de hierro para resucitar en ella la dorada, de oro. Yo soy aquel para quien están guardados los peligros, las hazañas grandes, los valerosos fechos…”.

Ante tales afirmaciones habría que ir eligiendo nuestras batallas.

  • Ilustración: Salvador Dalí.
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