El mexicano Rodrigo Prieto ha sido nominado a los Premios Oscar por su trabajo como director de fotografía en la película ‘El irlandés‘, dirigida por Martin Scorsese para la plataforma de Netflix, y estrenada a finales del 2019.

Hace varios años, creadores mexicanos tienen una presencia indiscutible en la ceremonia de los Premios Oscar. Alejandro Iñárritu se llevó los aplausos como director de El renacido, en 2015; Guillermo del Toro dobleteó Mejor director-Mejor película con La forma del agua en 2017; y Alfonso Cuarón hizo de Roma, en 2019, no solo un filme multipremiado, sino un debate político sobre racismo y precariedad laboral.

El trabajo de otros mexicanos y mexicanas gira en torno a estos triunfos. Y El irlandés ha contribuido a hacer del talento nacional, otra vez, parte de las noticias cinematográficas. Aunque, en este caso, el estreno y éxito de la película se posicionaron más en torno a la capacidad de Scorsese para reunir a un elenco de lujo y en su apuesta por emplear, en un gran porcentaje de escenas, una técnica para rejuvenecer a los actores en pantalla, efecto visual que se genera a través de la manipulación computarizada de los rostros (computer-generated imagery: CGI).

El CGI no es una técnica nueva, pero se ha perfeccionado en los últimos años gracias al avance de la tecnología digital

Esto permitió que Robert de Niro interpretara al veterano de la Segunda Guerra Mundial Frank Sheeran, desde sus escenas juveniles hasta la cima de su carrera como asesino a sueldo de la mafia, pero también en su envejecimiento, lleno de memorias. Otro tanto hizo Al Pacino en su rol del sindicalista Jimmy Hoffa, puente entre el crimen y la política.

Público y crítica recibieron la técnica con tanto entusiasmo, que pocos parecieron notar la cansona extensión de la película que, por momentos, se torna una historia lenta, un mero duelo entre masculinidades. Pero fueron acaso los actores quienes más sufrieron la aplicación del efecto de rejuvenecimiento: en sus papeles de jóvenes se mueven con lentitud, muestran rostros inexpresivos, tirando por la borda años de experiencia en la actuación.

Expresividad corporal y facial son elementos esenciales de la actuación, no asociados necesariamente al engañoso rejuvenecimiento de la piel. Si bien es cierto que el vestuario y la fotografía de El irlandés son excepcionales y recrean con tino las diferentes décadas que recorre la película, a la larga, la técnica de rejuvenecimiento podría tornarse más una característica anacrónica que una virtud.

Una técnica similar fue empleada con mejores resultados en Rogue One: una historia de La Guerra de las Galaxias (co-protagonizada, por cierto, por otro mexicano, Diego Luna). En los minutos finales, el personaje de la princesa Leia recibe los planos de un arma creada por el imperio. En dicha escena, el rostro de la actriz Ingvild Deila fue manipulado digitalmente para que se pareciera a la actriz Carrie Fisher, interprete original de Leia, en 1977. La aparición de una Leia juvenil en Rogue One genera sorpresa y desconcierto.

Quizás el éxito de la técnica CGI este en el tiempo que se le dedica en pantalla y en función de qué soluciones cinematográficas se emplee

Porque la gran paradoja tras El irlandés es que, si la técnica digital de la que abusa hubiese existido hace 40 años es probable que ni Al Pacino ni Robert de Niro fueran las estrellas de cine que hoy conocemos.

En la segunda parte de la película El Padrino (1974), el director Francis Ford Coppola aplicaría una técnica de rejuvenecimiento al rostro de Marlon Brandon, consiguiendo a un Vito joven, probablemente más convincente que el Sheeran de Scorsese. Coppola se habría ahorrado el riesgo de hacer que dos actores interpretaran un personaje de tanto carácter.

El intempestivo ‘Vito’ de Robert de Niro jamás habría tenido que nacer. Con él se habrían ido al caño Travis Bickle, Max Cady, Louis Cyphre y otros villanos imprescindibles de la cinematografía del último siglo, incluido el Sheeran de El irlandés.

  • Fotograma: El irlandés