Aunque presenta algunas carencias puntuales en el uso correcto del español, diría que Emma y las otras señoras del narco, de Anabel Hernández, es un libro bien escrito, con una narrativa amena; no profunda, sí descriptiva-enumerativa.
En la introducción sugiere un abordaje feminista, mismo que no logra con solvencia en el recorrido de las páginas. Hablar sobre mujeres no es sinónimo de feminismo. En la contraportada del manuscrito promete un “análisis casi antropológico”. Por supuesto, es una investigación periodística, no antropológica.
Los periodistas suelen usar con mucha ligereza conceptos académicos que no entienden a profundidad. El acierto y el valor cognitivo del trabajo de Anabel Hernández, está en su investigación periodística: no cualquiera pone en riesgo su vida. Es, ni duda cabe, una profesional con convicciones, talentosa y deconstructiva.
La investigación periodística de Anabel Hernández demuestra que las mujeres del narco, a veces, son víctimas y otras tantas, victimarias. Están ahí por conveniencia, por dinero, por poder
El comportamiento y las decisiones de Ninel Conde, por ejemplo, demuestran la frialdad y la cosificación que, de sus propios cuerpos, hacen las mujeres del narco. En el mundo del narcotráfico, como en la vida misma, las mujeres no siempre son víctimas. El texto las desmitifica, las expone y desnuda.
De acuerdo con Anabel Hernández, fue en la década de 1980 con el Cartel de Guadalajara que las mujeres asociadas con la farándula comenzaron su desfile en las alcobas de los narcotraficantes más poderosos de México: Lucha Villa y Marcela Rubiales, por citar dos ejemplos, fueron amantes de Ernesto Fonseca Carrillo Don Neto. Rubiales es hija de Flor Silvestre, quien a su vez se casó con Antonio Aguilar. Y a su vez, el señor Antonio Aguilar Márquez Barraza fue compadre y proveedor de caballos de Don Neto.
La lectura del nuevo libro de Anabel Hernández demuestra que los mundos de la televisión, la política y el narco, cruzan sus caminos porque todos tienen en común al poder. Las mujeres protagonistas del texto se entregan, sexualmente, a capos y políticos a cambio de capital económico, joyas, carros de lujo, drogas y experiencias VIP.
El caso más contundente es el de Ninel Conde quien, de acuerdo con Hernández, fue amante de Marcos Arturo Beltrán Leyva, primo hermano de Joaquín Guzmán Loera El Chapo y líder del Cartel de los Beltrán Leyva. Conde también pasó por la cama de Miguel Ángel Osorio Chong, cuando éste, se desempeñó como secretario de Gobernación durante el sexenio del priista, Enrique Peña Nieto.
El libro de Anabel Hernández afirma que los ex presidentes mexicanos José López Portillo, Miguel de la Madrid y Enrique Peña Nieto, eran narcotraficantes; así como el cantante Joan Sebastián y el actor Andrés García. Las páginas del libro exponen lo horroroso de la realidad mexicana
Queda claro que no solo es el talento artístico lo que construye las carreras de los intérpretes de ranchero y norteñas mexicanas. Hasta el Grupo Intocable sale vinculado a Edgar Valdés Villarreal La Barbie. Presentadoras de televisión como Galilea Montijo, no escapan al escrutinio de Anabel Hernández. Las mujeres del medio artístico sirven para la cama y los varones para lavar dinero y mover drogas.
La hipótesis de Anabel Hernández es que los capos del narcotráfico mexicano obtienen de la farándula, el reconocimiento y la validación que solo da el capital cultural. Sugiero que lean a Pierre Bourdieu, sociólogo francés, para profundizar.
Dos elementos interesantes y valiosos que comparte la autora del libro sobre las vidas de Arturo Beltrán y Edgar Valdés Villarreal son que, al primero le gustaba tocar el acordeón, y que al segundo le fascinaba jugar golf -además de ser dueño de un equipo profesional de futbol en Panamá-. Los regalos con los que compran los favores sexuales de las damas son: dinero en efectivo, joyas y autos de lujo.
Aunque en el mundo del hampa, las mujeres casi siempre son interesadas, desleales, ventajosas, frías, calculadoras y utilitarias, se dan casos en los que las esposas realmente aman a sus maridos narcos. Las infidelidades constantes de los machos terminan precipitando el desapego de sus mujeres y su consecuente caída.
El libro de Anabel Hernández demuestra, quizás sin proponérselo, que el matrimonio y la fidelidad son un constructo para mantener el orden social. La vida desenfrenada de los varones del narco pone en riesgo su patrimonio y el futuro de los hijos.
No beber, no fumar, no consumir drogas y no ser promiscuo ni mujeriego, son características de un hombre de éxito que las mujeres inteligentes, saben reconocer. El mundo del narco nos dice mucho sobre la importancia de la lealtad.
La Barbie era devoto a la Virgen de Guadalupe y El Chapo Guzmán se enamoró de sus mujeres a través del paladar: las damas más importantes en la vida del narcotraficante sinaloense fueron elegidas con base en el parecido de sus enchiladas con las preparadas por su madre, Consuelo Loera. Psicología pura
En la página 285 de su libro, Anabel Hernández afirma que Joaquín Guzmán Loera El Chapo, era pedófilo: “Él creía que la actividad sexual con las niñas le daba vida”.
Anabel Hernández cierra su investigación periodística con el siguiente planteamiento: “Emma (Coronel) rompe con el sistema criminal machista, patriarcal impuesto a las madres, hijas, esposas, novias y amantes del mundo del narcotráfico, arriesgando todo”.
Tengo mis dudas al respecto. Con base en la propia información que la periodista comparte en las 293 páginas de su libro, diría que la señora Coronel, última esposa de El Chapo, jamás puso en marcha un constructo que buscara acabar con el patriarcado; igual que las otras mujeres en el mundo del hampa, ella solo era acompañante de su hombre.
La aseveración de Hernández no está sustentada, parece responder más a un deseo personal. Para demostrar una hipótesis de esa naturaleza, Anabel Hernández necesita echar mano de un aparato teórico que su libro no tiene. Quizás sea un buen momento para leer teoría social.
- Ilustración: Portada del libro ‘Emma y las otras señoras del narco’