Tras la finalización de la Guerra Fría son dos los grandes hitos históricos de nuestro de tiempo: el cambio climático y las migraciones masivas de personas.

Sin importar las geografías, los sistemas económicos, el desarrollo científico, el sustento tecnológico, la presencia en el concierto de las naciones o los regímenes políticos, cada país tiene que lidiar con las consecuencias que le significan ambos fenómenos.

Desde políticas públicas hasta itinerarios individuales y desde planes educativos hasta tradiciones milenarias, el cambio climático y las migraciones han empezado a calar en todos los ámbitos de la sociedad.

La nueva realidad mundial con el calentamiento global y los éxodos humanos como ejes no dejan espacio para las excepciones

Se agrava aún más la situación cuando las problemáticas se encuentran relacionadas. La causa de la migración por efectos del calentamiento global ha empezado a ser reconocido en el éxodo que se presenta en África y Centroamérica. Millones de personas al año salen huyendo de sus lugares de origen debido a las sequías, inundaciones y temperaturas extremas que provocan hambrunas, pandemias y caos financiero y social imposible de sortear.

Al parecer las potencias mundiales conocen de sobra el panorama por venir y ya toman medidas al respecto.

En un discurso apocalíptico que se maneja en medios radicales de Estados Unidos, el muro de Trump en la frontera con México realmente se trata de una barrera de contención contra los desplazamientos masivos que día a día se incrementarán provocados por el agudizamiento de las condiciones ambientales en los próximos años.

Mientras tanto en gran parte de Europa se rumora que los rusos no harán nada en contra del calentamiento global, más allá de estimularlo, pues el aumento de las temperaturas, con el deshielo como su natural consecuencia, les permitiría contar con gigantescas áreas fértiles de cultivo en el norte de su territorio.

Alejado de teorías aún por comprobar, lo cierto es que los efectos del cambio climático se experimentan de manera dramática. Granizadas en Guadalajara y Rumania, huracanes en Puerto Rico, extinción de los osos polares o temperaturas de más de 40º en México son apenas el prólogo de lo que se avecina si no se toman medidas radicales para proteger el ambiente.

Sin embargo, frente al escenario catastrófico del cambio climático es casi imposible llevar a cabo acciones que realmente aminoren el calentamiento global

Los paliativos como dejar de utilizar bolsas de plástico o rechazar el consumo de popotes no sirven de nada si las grandes potencias, con sus trasnacionales como satélite, no se comprometen a limitar sus acciones contaminantes.

Aún más, no podrá aminorarse el cambio climático si no somos conscientes que el verdadero causante de nuestra alarmante situación es el sistema capitalista que nos rige. El neoliberalismo voraz y el libre mercado no brindan tregua. Consumir siempre y para siempre. Consumir sin menoscabos, ni conciencia. Consumir como forma de vida.

Sin modificar el sistema financiero global es imposible nuestra supervivencia en el planeta.

Más bien, es imposible la supervivencia del planeta de quienes no tengamos la capacidad económica para pagar por hogares en zonas seguras con clima controlado incluido.

Buscando huir de las catástrofes naturales, más que el mejoramiento de las circunstancias, es probable que en las próximas décadas más del 70 por ciento de la población mundial nos convirtamos en migrantes sin rumbo ni esperanza.

  • Ilustración: Jacob Lawernce
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