El escritor Vicente Quirarte escribió una obra fundamental para entender el lado oscuro del ser humano.

En las motivaciones de Quirarte, sobre esa oscuridad, la obra Del monstruo considerado como una de las bellas artes (Paidós. 2005), examina a personajes tan disímbolos como Frankenstein, Drácula, Jekyll y Hyde, Arthur Rimbaud o incluso el Hombre Araña.

Todos ellos, criaturas anómalas que se atrevieron a explorar el corazón de las tinieblas. Fascinantes y peligrosos como un bisturí, operan en nuestra alma con una minuciosidad jamás impune; transgresores y consagradores, persiguen el absoluto antes que aceptar el falso consuelo de la vida diaria”, anota Quirarte esta descripción del ser anómalo, sufrido y desviado de la convención social.

En esa descripción agria de Quirarte cabe sin duda alguna el ‘Joker’ interpretado por el superlativo Joaquin Phoenix y dirigido por Todd Phillips

Es el monstruo que se fragua de prisa en Arthur Fleck, el payaso de promoción y fiestas infantiles antes de convertirse en el Joker demencial y absoluto que en el futuro encontrará en Batman una especie de perfecto alter ego.

Escrita por el mismo Phillips y Scott Silver, Joker es diseccionado hasta el último detalle y es desnudado en una historia de tristeza y rabia que va construyendo, o mejor dicho, diluyendo al Fleck dedicado devotamente a su madre enferma y a la búsqueda de la fama vía la comedia, hacia la rabia y el resentimiento en contra de una sociedad que le escupe en la cara su desprecio y lo maltrata hasta reventarle la conciencia y destaparle en toda su magnitud sus trastornos mentales.

Contrario al Joker interpretado por Heath Ledger en Batman: El caballero de la noche (Christopher Nolan. 2008), el de Phoenix es un ser autocompasivo que justifica su actuar y achaca sus culpas a una sociedad enferma que no responde a sus necesidades materiales y mentales y en cambio, lo arrastra a un infierno del que no saldrá más y en donde buscará el caos y la muerte como modus vivendi, un actuar que lo acompañará en toda circunstancia de su existencia.

Quizá, como algunas críticas cinematográficas plantean, este guasón tan profusamente descrito y analizado de manera clínica hasta el mínimo detalle, le puede quitar ese halo de encanto al villano que enfrenta a Batman en diversas entregas cinematográficas de la saga, sin embargo, es precisamente la mejor manera de narrar a un personaje, detonando preguntas sobre su actuar,  sobre sus razones y circunstancias, esas mismas preguntas que el Joker de Ledger provocó al revelarse ante el héroe de Ciudad Gótica, como un ser que lo cuestiona y le tambalea su orden moral de valores establecidos.

El ‘Joker‘ es un villano lector e interprete de una realidad que es capaz de hacer sentir culpable a ‘Batman’ y lo cuestiona sobre su ser y estar en el mundo

Acudamos de nuevo a Vicente Quirarte: “para objetivar a los monstruos, se tienen que hacer dos exploraciones: viajar a su territorio y hacer su anatomía… acudir al cuerpo como tema unificante y ver sus transformaciones morales, físicas y metafóricas”.

Y por ello, más allá de ver como un defecto de la historia planteada por Phillips la disección total de Arthur Fleck, es preciso mejor observarla como un filtro total de varios espectros de análisis que van desde una sociedad ajena al dolor de los demás, hasta las motivaciones que un ser humano plantea para acceder a un comportamiento paradójico que aumenta la degradación moral de esa misma sociedad que lo enfermó.

Un perfecto círculo vicioso y delirante que no parece tener fin, el mismo círculo que va mostrando todas esas facetas mencionadas por Quirarte, la transformación moral, física y metafórica que todo ser humano lleva en sí mismo a lo largo de una vida, pero que, de acuerdo a circunstancias diversas, la explosión es más o menos intensa y más o menos intenso su impacto en las condiciones de una sociedad que venera el éxito y lo define según su conveniencia.

El Joker de Phillips hace también un guiño a la seducción planteada por el filósofo y sociólogo francés, Jean Baudrillard, en donde la apariencia reclama su lugar y el ser humano se muestra impotente ante lo que él mismo ha creado.

El ‘Joker‘ es presa de aquello que en algún momento lo sirvió y ahora no puede controlar: la ciencia, el sexo, el dinero, el poder

Baudrillard plantea la negación de la verdad y lo real y asegura que la convivencia social da paso a la simulación, a todo aquello que seduce y hace que el hombre se desoriente y se rinda ante un mundo que ha perdido la esencia valoral, lo humano, lo que da razón y sentido a nuestra presencia en el mundo.

La sociedad del espectáculo es seductora y Guy Debord, el filósofo francés, ya lo advertía a mediados de los 60 del siglo pasado; aparece encarnada en los medios de comunicación masiva y que en el Joker, el conductor de televisión, Murray Franklin (siempre convincente Robert de Niro), encarna con un nuevo estilo de payaso mediático que hace sorna de la desgracia ajena, de la desgracia de Arthur Fleck que por primera vez se ve en televisión y asume el adjetivo con el que Murray lo marca: Joker.

Acudimos en la cinta de Todd Phillips, al signo que marca una época violenta, esa que en tiempo real publica en los medios un asesinato en vivo, un atropellamiento, un enfrentamiento a balazos, y Arthur Fleck hace eco de esa necesidad humana: le da sangre, muerte, caos y en esa necesidad le reclama a la sociedad degradada su doble moral, tan harta de lo inhumano y tan sedienta del show que, en tanto más trágico, mejor.

Y el Joker ríe, ya por una risa compulsiva que denota sus males neuronales, ya porque es la defensa y escudo con la que esconde su desgracia. Arthur ríe, ríe el Joker, Murray Franklin ríe, ríe su público ávido de la broma pesada, el Joker pondrá su mejor cara y reirá a carcajadas.

“Lo peor de tener una enfermedad mental, es que la gente actúa como si no la tuvieras”, escribe Arthur Fleck en su diario, y en su lamento, rechaza también a un sistema que lo descobija cuando no es capaz de atenderlo y olvida su sufrimiento, es entonces que nos preguntamos dónde se rompe la delgada línea entre el que es normal y el que actúa con locura.

Fleck parece nadar en esa confusa pecera que es el conglomerado social en donde cada vez se vuelve más difícil entrever quién representa la sanidad mental y quién asume el papel del loco

“¿Qué es lo que obtienes cuando te cruzas con un solitario enfermo mental en una sociedad que lo abandona y lo trata como basura?”, se pregunta el Fleck autocompasivo, dolido, preso ya de una rabia que detonara su miseria moral y su abyección más ácida.

“Espero que mi muerte tenga más sentido que mi vida”, la expresión del que nada tiene que perder.

Arthur ya es el Joker. Matar o morir, parece querer lo segundo, le sale mejor lo primero, le gusta, lo llevará hasta sus últimas consecuencias porque es “fascinante y peligroso como un bisturí”.

 

Flashback

 Para entender y complementar mejor la vida y obra del Joker, asomarse por favor a dos extraordinarias cintas dirigidas por Martin Scorsese: Taxi driver (1976) y El rey de la comedia (1982), ambas protagonizadas por Robert de Niro que interpreta a dos personajes igualmente fascinantes y peligrosos.

  • Arte gráfico: Empire