En una escena de la película Taxi Teherán (2015), del director iraní, Jafar Panahi, una sobrina del cineasta le comenta que en la escuela le encargaron la filmación de un cortometraje, pero una de las condicionantes es que debe evitar el realismo sórdido. La niña dice no comprender del todo, qué significa tal expresión.

Panahi le da una respuesta simple y al mismo tiempo absolutamente reveladora de lo que representa tal enunciado: “Hay realidades que no quieren que se muestren”.

La sobrina de Panahi le responde a su vez con una lógica elemental que dibuja a cabalidad los regímenes autoritarios y sus profundas contradicciones: “No quieren mostrarlas, pero lo hacen ellos mismos. Da igual, no lo entiendo”.

A Jafar Panahi ese realismo le ha costado ser encarcelado por, precisamente, mostrar la sordidez del régimen de su país, un gobierno que ha enarbolado la idea de que el arte y sus representantes, entre ellos los cineastas, son enemigos del pueblo y del gobierno, ese mismo gobierno que dicta y define lo que representa la sordidez de la realidad.

El pasado 11 de julio, el director iraní Jafar Panahi fue arrestado y condenado a seis años de prisión por reunión y colusión contra la seguridad nacional y por propaganda contra el sistema de la República Islámica de Irán

Panahi ya había sido condenado en 2010 por su apoyo a unas protestas en contra del gobierno y en aquella ocasión el artista iraní fue puesto en libertad condicional con el pago de una fianza de 200 mil dólares.

Adicional a eso, también se le prohibió filmar más películas, viajar al extranjero o dar entrevistas a los medios de comunicación, es decir, una mordaza integral para evitar que el “sórdido” director iraní, mostrará la sórdida realidad de un país cegado por detentar un poder absoluto.

Pero Jafar Panahi ha sido consecuente consigo mismo y con su cine: el pasado 11 de julio se presentó en la oficina del fiscal de Teherán para protestar por la detención de dos colegas suyos, los cineastas Mohammad Rasoulof y Mostafa Al Ahmad. Suficiente para la “justicia” iraní. Panahi fue condenado a seis años de prisión por subversivo. Se la tenían sentenciada y se la cumplieron.

Considerado uno de los máximos representantes del neorrealismo iraní, Jafar Panahi ha desarrollado una carrera que pretende, siempre, dignificar el papel de la mujer en su país y denunciar la pérdida de libertades dentro de un entorno que se resiste a la entrada de la modernidad de las ideas democráticas y un concepto práctico de lo que significan los derechos humanos.

Panahi debutó en el cine en 1995 con El globo blanco, una historia sencilla de una niña que desea con todo su ser el poder conseguir el pez dorado del año nuevo iraní. La cotidianidad como un elemento que en su simplicidad esconde, al mismo tiempo, toda la complejidad del ser humano, en este caso, en la persona de una niña que luego aprende las circunstancias del mundo en el que crece y el tipo de sociedad cerrada en la que verá el alcance de sus sueños quizá como un mero espejismo.

En 1997, Panahi filma El Espejo y otra vez, la protagonista es una niña que ahora busca cómo llegar a su casa luego de que cierto día, al salir de la escuela, su madre no está y decide ir a su hogar sin conocer en realidad la dirección.

La búsqueda como elemento central en el cine de director iraní, la búsqueda como una condicionante universal de lo humano, pero que en las mujeres de ciertas sociedades ese camino se vuelve tortuoso, macabro a veces, imposible casi siempre

Y es en El Círculo que Panahi se consolida como el superlativo y feroz crítico que es ahora. En dicha cinta filmada en el año 2000, Jafar Panahi cuenta la historia de una mujer y su hija recién nacida y la de tres mujeres que salen de prisión de manera temporal e intentarán escapar, es pues la historia del brutal acecho que viven las mujeres en un país que las conceptualiza como seres que van siempre detrás, en donde la palabra libertad es una utopía que las obliga a caminar, pero sin esperanza de alcanzar algún día esa esquiva meta.

Ese es el sello narrativo de la obra de Panahi. Lo vive en su cine y lo vive en la realidad de todos los días en un Irán convulso, cerrado, patriarcal y decidido a no cambiar, aunque para ello, tenga que encarcelar el arte, esa manifestación de la cultura humana que paradójicamente es dadora de libertad y de sentido.

Años después, multipremiado en diversos festivales de cine y ya con un reconocimiento mundial que lo equipara incluso a un compatriota clásico como lo es Abbas Kiarostami, Jafar Panahi es consecuente y congruente con su estilo, filma a pesar de la prohibición y elude de manera original el ojo avizor de sus vigilantes al grado que en 2011 dirige un peculiar experimento al que hace llamar Esto no es una película, una especie de documental que versa sobre la situación del cine iraní y en donde Panahi diserta sobre el tema con su asistente de dirección, Mojtaba Mirtahmasb.

Y el artista iraní no cede, no ceja, va adelante y en 2015, se enfrasca en la dirección de Taxi Teherán, una entrañable road movie en donde a bordo de un carro de alquiler y con Panahi como chofer, una serie de singulares personajes le cuentan al cineasta sus historias para conformar dentro del auto, un micromundo que revela a la sociedad islámica y su población, en donde claro, no pueden faltar las mujeres en este peculiar viaje en taxi.

Jafar presiona, insiste, casi podría decirse que va en busca de su destino. Prolífico y ambicioso, narra en 2018, 3 faces. Panahi hace una nueva road movie que lo lleva ahora, en compañía de la actriz Behnaz Jafari, a un recóndito pueblo en busca de una joven frustrada por no poder cumplir su sueño de ser actriz, sueño imposibilitado por las profundamente enraizadas y milenarias tradiciones y costumbres de las familias iraníes.

Y en 2020, para reforzar su denuncia al azote del arte, el cineasta todavía se da el tiempo de filmar Hidden, un remake de 3 faces en formato de cortometraje, salvo que ahora va en busca de una mujer a quien, a pesar de su voz privilegiada, su familia la detiene en su afán de cumplir su sueño de cantar en público.

Jafar Panahi está ahora encarcelado porque en un mundo cegado por la avaricia y el poder, el arte en su forma de cine también se puede cercenar

Se dice que el periodismo es la voz y la conciencia de un pueblo en contra de los excesos del poder y se asegura que la pluma a veces es más peligrosa para los detentores de un gobierno, entonces el cine se puede también convertir en un filoso recordatorio de la sociedad que somos y de cómo la podredumbre amenaza con dinamitar todo aquello que le da un sentido de ser al ser humano.

Ver y revisitar el cine del artista iraní es entonces una buena manera de hacer eco de sus denuncias y clamar así por la libertad de Jafar Panahi.

Cuatro directores y el horror

¿Puede el cine alimentar el horror en dimensiones ajenas a lo sobrenatural y los seres de ultratumba? Puede, sí.

Esta Road Movie se sumergirá en sus próximas entregas, en la visión de cuatro directores que desde el mismo número de historias nos adentran en diversas formas narrativas del horror:

Crímenes del futuro, de David Cronenberg; The humans, de Stephen Karam; Vortex, de Gaspar Noé y Men, de Alex Garland.

Cuatro deslumbrantes historias que se quedan en la mente por mucho, mucho tiempo. Espérelas.

  • Foto: AFP