En el año 2000, si no hemos resuelto nuestros problemas naturales, yo diría que en 500 años tendremos una sociedad tecnológica en ruinas en donde pocos seres humanos habrán sobrevivido.
(Isaac Asimov)
En la portada de octubre de 2017 de la revista The New Yorker, se observa un mundo habitado por robots, en la estampa, androides caminan por la calle y lanzan tuercas y rondanas a un mendigo humano y su perro. La imagen es autoría del caricaturista R. Kikuo Johnson y refleja el fracaso del homo sapiens en su intento por controlar el planeta ante el avance de la inteligencia artificial.
La preocupación del ser humano en sus reflexiones sobre la presencia omnipotente de las nuevas tecnologías, la robotización de la vida cotidiana y la inquietante posibilidad de generar consciencia en las máquinas, avanza a una velocidad voraz que la portada del The New Yorker se parece más a una realidad del presente que a la de un futuro lejano.
El director francés, Mathias Théry, ha rodado el documental Isaac Asimov: mensaje al futuro (2022) y en él pone de relevancia las advertencias que el mítico escritor de ciencia ficción le hizo a la humanidad del presente y del porvenir ante lo que él llamaba su miopía y estupidez.
En dicho trabajo del documentalista europeo, Asimov ya vislumbraba lo que Kikuo Johnson planteaba en su cartón:
“Cuando los robots tengan la suficiente inteligencia, deberían sustituirnos, hay muchos ejemplos en la era de la especie humana donde una especie ha reemplazado a otra porque eran más eficaces que ella. No creo que el homo sapiens tenga un derecho divino a estar encima de los demás. Si existe algo mejor, que nos reemplace. Eso sería bueno”.
La sentencia de Asimov es brutal y reafirma con ella su pesimismo sobre la capacidad humana para reinventarse y así cuidar un mundo que ha creado y al mismo tiempo parece ser, habrá de convertirse en su aniquilador
El escritor nacido en Rusia en 1920 aboga porque los científicos vean en la ciencia ficción un aliado. Más de una vez dicha literatura se ha acercado bastante al dibujo casi exacto de lo que le depara al hombre y al planeta que habita. Asimov no matiza y augura la posibilidad de una civilización destrozada por los delirios de una especie ávida por parecerse a Dios.
En El Planeta de los simios (1968. Franklin Schaffner), obra clásica de la ciencia ficción y basada en la novela de Pierre Boulle, el astronauta George Taylor (Charlton Heston) se dice a sí mismo cuando viaja en la nave que lo transporta por los confines del espacio: “ojalá haya algo mejor en el universo que el ser humano”.
Las condiciones en que nuestra especia trata a su hábitat le dan la razón una y otra vez a Asimov y a Boullle: la caída libre de la especie parece tener una fecha de caducidad de manera irremediable, parece que cualquier esfuerzo por salvar a la humanidad es absolutamente inútil, el destino desgraciado del hombre parece estar sentenciado.
Si acudimos a la realidad para acentuar un poco más la angustia, no debemos perder de vista lo que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha dicho en función de la devastadora ola de calor que ha azotado al planeta en las última semanas: “la batalla está perdida, pues las olas de calor continuarán, al menos hasta 2060, como protagonistas de una herencia climática que en los últimos meses ya ha dejado ver un aumento en las muertes por calor, el deshielo acelerado del Ártico y los incendios forestales incontrolables, con postales apocalípticas como las de Nueva York a inicios de junio” (El País. 13/junio/2023).
Mathias Théry recrea la imagen de Isaac Asimov por medio de la inteligencia artificial, pero deja en claro que todos los textos utilizados en el documental son del escritor en un discurso realizado a partir de conferencias, libros, prólogos, artículos, entrevistas y cartas personales que el autor produjo entre 1950 y 1989
En el desarrollo de dicho discurso, Asimov da su concepto sobre la idea de progreso: “El progreso es lo que permite a la humanidad vivir y prosperar. Todo lo que lleve a la desaparición de la raza humana y de la tierra, no puede ser progreso”.
Lo que genera un profundo desasociego en el documental de Théry, es que todas las afirmaciones hechas por Isaac Asimov tienen una vigencia descomunal, podrían ser entrevistas, declaraciones, libros o cartas escritas y hechas apenas hace unos días cuando no podemos perder de vista que todo el discurso del afamado escritor está realizado a poco más de 30 años de su muerte y a más de 70 años de iniciar estas advertencias no escuchadas.
El complejo de Frankenstein
Isaac Asimov: un mensaje al futuro, es el anuncio del pasado para un mañana que a veces, lo dice el escritor de Yo, robot, revela a la ciencia como una actividad peligrosa con un marcado complejo de Frankenstein, espejo de una humanidad arrogante con un conocimiento que quizá, no debería saber. Sobre advertencia, no hay engaño.
- Fotograma: Isaac Asimov: un mensaje al futuro