Durante mi periplo laboral por la capital del país, viví en varias casas de huéspedes de la Ciudad de México, en todas ellas, nunca faltaron las peculiaridades de personalidad de sus dueñas: algunas hoscas, otras dicharacheras y algunas más, amables y serviciales.

Y los huéspedes. Extraños algunos, peligrosos otros, silenciosos unos más, simpáticos y extrovertidos la mayoría. No sé en qué categoría habrán etiquetado a quien esto escribe los compañeros de casa de aquellos lejanos días, pero una cosa es cierta, los hogares de huéspedes suelen ser inolvidables para bien o para mal.

Uno habita esos sitios y cuando los dejamos, nos llevamos con nosotros innumerables anécdotas que, al paso de los años, se convierten en la delicia de cualquier oyente, historias que por sí mismas, algunas, son verdaderamente increíbles.

Y una de esas historias es la que plantea Yulene Olaizola, la joven cineasta mexicana quien, a través de su película documental, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2009), nos narra (o mejor dicho, su abuela), la presencia de un extraño inquilino que vivió durante ocho años en la casa ubicada en la esquina de Shakespeare y Víctor Hugo en la colonia Anzures de la Ciudad de México.

El interfecto (como dirían los bien hablantes), se hacía llamar Jorge Riosse. Un joven carismático y dueño de una voz privilegiada para el canto y con unas notables dotes para la pintura

Quizá homosexual, quizá asesino de mujeres, Riosse habitó también el afecto de la dueña de la pensión, la señora Rosa Elena Carbajal (la abuela de Olaizola) porque a través de la memoria y sus incontables baches, Carbajal no niega el cariño que llegó a profesarle al muchacho que, a su vez, correspondía gustoso al aprecio del que gozaba.

Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo retrata entonces la vida de un hombre atormentado y enigmático, un tipo al que la dueña de la pensión solo logró pergeñarle una existencia con cierto sentido a través de las pláticas interminables que tuvo con él, a través de sus canciones y a través de sus pinturas, muchas de la cuales, hasta el momento de la filmación de la cinta, adornaban la casa de la señora Carbajal.

La memoria es traicionera, pero a veces, solo podemos acceder a la realidad a partir de ella y Rosa Elena Carbajal le cuenta a Yulene Olaizola y a los espectadores, el extraño mundo de Jorge, sus costumbres abigarradas, su lenguaje y su percepción distorsionada de la realidad, sus arranques de emociones y la tristeza y desesperación manifiesta que Riosse mostraba de tanto en tanto.

La relación entre la ficción y la realidad es apenas separada por una línea muy delgada. La historia del extraño inquilino de la colonia Anzures se mueve entre ambas dimensiones. La realidad de quien durante ocho años habitó en una casa de huéspedes y dejó constancia de su paso por el mundo. Y la ficción, esa que, la abuela de Yulene Olaizola intentó interpretar a partir de la visión surrealista que su inquilino le mostraba a través del arte, su locura y la atormentada puesta en escena de su vida.

¿Cómo disgregar al personaje que somos de la persona real que nos habita o de ese que pretendemos ser?

Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo parece entonces relatarnos un pequeño laberinto en donde acudimos precisamente al cuestionamiento de un hombre que no sabemos hasta dónde es real y hasta dónde se encuentra dibujado por obra y gracia de sus propios dislates. Hasta dónde es real gracias al acto testificante de Rosa Elena Carbajal y hasta dónde se convirtió en una quimera de sí mismo.

Pero a la memoria también hay que cimentarla con los hechos y en esta historia increíble de Jorge Riosse, el periodismo jugó un papel central: fue a través del periódico La Prensa que Rosa Elena Carbajal comenzó a sospechar que su apreciado inquilino escondía secretos más allá de lo que ella intuía.

A principios de la década de los 90 del siglo pasado, la Ciudad de México comenzó a padecer la presencia de un presunto asesino serial, un asesino de mujeres enmarcado en la memoria de otros dos “ilustres” homicidas (hoy se les llamaría feminicidas): Goyo Cárdenas y Francisco Guerrero, quienes cometieron sus crímenes en 1942 el primero y en 1888 el segundo, según recuerda revistacinefagia.com reseñando precisamente la obra de Olaizola.

La realidad cercaba a Riosse, la señora Carbajal ataba cabos y en su interior, sabía que su inquilino encajaba con las descripciones y la narrativa que La Prensa hacía de los vaivenes del asesino de mujeres.

“Algunos misterios solo se descubren con la muerte”, reza el cartel promocional de la película de Olaizola.

¿Quién era en realidad Jorge Riosse? ¿Mataba mujeres? ¿Era de verdad un genio como la señora Carbajal lo describía en ocasiones? ¿Un loco? ¿Un ser incapaz de separar la realidad de su propia imaginación? O simplemente un triste soñador al que la muerte liberó y le regaló una historia singular.

Revisitar Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo en estos días de confinamiento, puede ser también un interesante experimento para cuestionarnos la personalidad de quien habita con nosotros una casa

Vuelva la vista al que está a su lado, obsérvelo y pregúntese si es quien piensa que es, sobre todo, si esa persona es un inquilino de su casa de huéspedes. Hágalo, se lo recomiendo, lo sé por experiencia propia. Me lo va a agradecer.

Posdata

Casi al momento de escribir estas líneas, Yulene Olaizola presentaba en la La Biennale di Venezia 2020, su nuevo filme, Selva trágica. Esperamos poder apreciarla lo más pronto posible en nuestro país.

Un año después

Esta Road Movie cumple un año en Ruleta Rusa, relatando historias con calibre.

Agradezco de muchas maneras a su director general, Enrique Rangel, la oportunidad de habitar estas páginas y a mis lectores (más de los que pensé), su puntual atención a las películas comentadas. Seguiremos por aquí cada quince días y hasta donde el cine nos aguante.

  • Ilustración: Jorge Riosse
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