La asociación inmediata que hacemos cuando hablamos de cine ‘noir’, es siempre la imagen de películas clásicas dirigidas por cineastas míticos, todos ellos hombres quienes, sin embargo, tienen una muy bien ganada inmortalidad por haber hecho de este género, una forma singular de narrar en Hollywood y la influencia que dejaron para la cinematografía actual.
Nombres y filmes como los de John Huston (El halcón maltés. 1941), Billy Wilder (Perdición. 1944), Orson Welles (La dama de Shangai. 1947), Otto Preminger (Laura. 1944), Howard Hawks (El sueño eterno. 1946) o Fritz Lang (Los sobornados. 1953) entre otros, nos remiten a historias singulares en su ambientación y a personajes decadentes sumidos en crisis existenciales que tienen como raíz la corrupción, el crimen, las mujeres fatales y los antihéroes que deambulan en espacios sórdidos marcados por los fuertes contrastes de luces y sombras, una característica muy propia del expresionismo alemán.
Decir que la industria del cine en Hollywood ha sido dominada a lo largo de su historia por el sector masculino es expresar una verdad de Perogrullo, una sentencia irrefutable que incluso hoy sigue teniendo una vigencia que si bien matizada por la presencia más fuerte de mujeres directoras y actrices de una profunda relevancia para el séptimo arte, todavía podemos asegurar que la brecha es muy marcada entre uno y otro género.
Pero toda época tienes sus pioneros, hombres y mujeres que abren e inauguran un futuro para quienes vienen detrás y les facilitan el camino, se los iluminan y marcan el ritmo de nuevos tiempos para que la realidad tenga matices y efectos distintos en generaciones venideras con ansias de crear una forma de entender el mundo de manera innovadora.
Una de esas personas que abrió brecha y sentó un precedente para el porvenir del cine hecho por mujeres es sin duda alguna, Ida Lupino, actriz, productora, guionista y directora que se impuso a un mundo de hombres para alternar con ellos la posibilidad de dirigir y entrar además en el terreno del ‘noir’
En su Bookcast, El monstruo del monóculo y otras bestias (Spotify. 2023), la escritora española, Nuria Pérez, cuenta la fascinante historia de Ida Lupino y narra que su familia, de origen italiano, había sido juglar de la nobleza desde el Renacimiento.
Nuria Pérez documenta el paso de los Lupino como un clan que transmutó durante generaciones, de la corte, al circo y al teatro en donde el padre, Stanley, fue un destacado dramaturgo en la capital londinense, espacio en el que tuvo la oportunidad de producir, escribir y protagonizar comedias.
Nacida el 4 de febrero de 1918 en la localidad de Herne Hill de Londres, Inglaterra, Ida Lupino actuó en algunas películas en su país natal para luego, a inicios de la década de los treinta, arribar a Hollywood, lugar en donde empezaría a labrar su historia y su leyenda.
En El monstruo del monóculo, Pérez narra como los responsables de los grandes estudios intentaron hacer un de Ida una actriz artificial cuando le tiñeron de rubio su pelo negro, le sacaron las cejas y con un contrato de mil 700 dólares a la semana le obligaron a actuar en pequeños papeles al lado de la pléyade hollywoodense, pero alguna vez, una periodista le dijo que volviera a ser ella misma, que retornara a su pelo de color original y a sus cejas reales porque de lo contrario, los estudios terminarían olvidándola.
Cuando Lupino hizo caso a los consejos de aquella periodista, se empezó a gestar la Ida rebelde, siempre llena de las ansias por ser ella misma, fiel y congruente con su forma de ver la vida y el cine al que se dedicaría con plena pasión e independencia, un actuar que desafió todos los cánones de comportamiento en un mundo implacable en contra de quienes se atrevían a disentir.
Ida Lupino no se dobló, enfrentó a un sistema casi impenetrable para las mujeres y desterró al menos para ella, el destino de la rubia platinada marcada por el estereotipo de un cine que veía en las actrices de esa tonalidad, una forma de encumbrarlas o desecharlas
En 1948, Ida Lupino y su entonces esposo, Collier Young, fundan la productora independiente The Filmakers y bajo dicho sello, Lupino dirigió las seis películas que forman parte de su herencia cinematográfica.
Su entrada al mundo de la dirección, sin embargo, fue a partir de una terrible circunstancia. Era el año de 1949 y la actriz inglesa producía su primera cinta, Not wanted. El director encargado de llevar a buen fin la película era Elmer Clifton, pero un ataque al corazón terminó con su vida. Ida Lupino supo entonces que su destino había llegado y decidió tomar las riendas de su primera obra. Nacía así la cineasta, aquella heredera de una tradición familiar dedicada al arte desde el lejano Renacimiento.
No conforme con lo anterior, Ida Lupino incursionó en el cine noir, un género dominado por los directores hombres al que, hasta ese momento, ninguna mujer podía acceder a menos que fuera para protagonizar a la femme fatale, personajes casi infaltables que complementaban al resto de los protagonistas de dichas obras, entre ellos los detectives sufridos y atormentados con una ambigüedad moral sin matiz alguno.
Lupino emprende entonces la dirección de The Hitch-Hiker (1953), su personal versión de cine negro en donde el reparto elegido por la directora, estuvo formado por un elenco eminentemente masculino para contarnos la historia de un autoestopista que ha sembrado el terror en las carreteras fronterizas entre los Estados Unidos y México.
Roy Collins y Gilbert Bowen son dos automovilistas que tienen la mala idea de recoger en su coche al Hitch-Hiker, un hombre cruel llamado Emmett Myers. A partir de que Myers ocupa el asiento trasero del auto de Collins y Bowen, comienza una road movie de pesadilla para ambos amigos. Serán confrontados con sus miedos más profundos por un asesino que está dispuesto a todo con tal de eludir la persecución de la policía estadounidense y mexicana.
Considerada entre los policiales de clase B, The Hitch-Hiker es, sin embargo, una obra brutal en su narrativa. Lupino logra un in crescendo tensional sin tregua, el rostro aterrador de Myers, la angustia de Roy y Gilbert, el calor inclemente de los paisajes desérticos, las interminables carreteras y los contrastes de luces y sombras nocturnas dan al debut noir de la aún joven cineasta, una ventana de trascendencia que reinventa así el género hasta ese momento solo exclusivo para los hombres.
Debemos destacar que, para la filmación de dicha cinta, Lupino se basó en un caso real. Entre 1951 y 1952, Billy Cook asoló las carreteras de Missouri y California al asesinar a seis personas, cinco de ellas pertenecientes a una sola familia, los Mosser.
Lupino sabía que ahí había una gran historia y no contenta con la mera documentación de la prensa de esos días, logró un permiso para adentrarse en el corredor de la muerte de la cárcel de San Quintin y entrevistó durante toda una tarde a Billy Cook. El personaje del asesino de las carreteras luego recayó en el actor William Talman, quien hace una estupenda caracterización de Cook, incluido el párpado deformado de su ojo derecho, mismo que dicen las crónicas de la época, nunca cerraba de manera completa.
The Hitch-Hiker fue restaurada y considerada por el Registro Nacional de Cine de los Estados Unidos, como una obra “cultural, histórica y estéticamente relevante”, además de ser también la primera película de cine noir dirigida por una mujer
Para 1955, The Filmakers había desaparecido e Ida Lupino no abandonó la pantalla a pesar de todo. Durante finales de los años cincuenta y principios de los sesenta del siglo pasado, la actriz y directora se dejó ver en algunos capítulos de series como El Fugitivo, Los intocables y La dimensión desconocida, incluso en los setenta, apareció en algún episodio de Los Ángeles de Charlie.
Ida Lupino murió en el 3 de agosto de 1995 en Los Ángeles, California. La escritora Nuria Pérez cuenta que sus últimas palabras fueron dedicadas a su padre: “Stanley, espero que estés orgulloso de mí”.
El espíritu de la colmena
Luego de recordar a Ida Lupino y su incursión en el cine negro hace ya setenta años, la Road Movie desea también atraer a la memoria de los cinéfilos una de las obras maestras de la cinematografía española y mundial del siglo XX que cumple este 2023, cincuenta años de su estreno: El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice. De ella estaremos charlando en nuestra próxima entrega. Hasta entonces.
- Foto: Especial