De los argentinos, al menos en México, se dicen variadas expresiones sobre su identidad y personalidad que seguramente no caen bien en el ánimo de los habitantes de ese país sudamericano. Se destaca por ejemplo la soberbia afincada en su sensación de asumirse europeos, visión que nace de la gran cantidad de personas (al menos unos cuatro millones) del viejo continente, sobre todo italianos y españoles, que emigraron a esa región de América a finales del siglo XIX y principios del XX.
Su peculiar acento lleno de singulares expresiones son caldo de cultivo para diversas bromas que se hacen respecto a su gente, su fanatismo religioso por el futbol que eleva a niveles divinos a Diego Armando Maradona y Lionel Messi y su encarnada (literalmente) pasión por los asados dominicales y la ingesta ingente de buenos vinos, son también deliciosos pretextos para la sorna.
Dentro del fútbol, el aficionado mexicano no se tienta el corazón cuando los comentaristas argentinos realizan duras críticas al bajo nivel del balompié nacional y sin dudarlo, el hincha señala con dedo flamígero al jugador albiceleste porque dicen, viene a comer y cobrar bien a México porque en su país se mueren de hambre.
Soy mexicano y no podría, obviamente, definir qué significa ser argentino, y sin embargo mi propia condición de habitante del continente americano me hace pensar que al final de cuentas el argentino es tan latino como cualquiera, es decir, salvo las debidas variaciones de costumbres que se viven y experimentan en cada país, en realidad somos tan iguales desde México hasta la mismísima Patagonia argentina.
A toda la región de América Latina le caben las mismas expresiones que se dicen de los argentinos, la única variación es el nombre del país y las adaptaciones propias del ser latinoamericano: nuestra soberbia emanada de diversas actitudes ante la vida, nuestras visiones nacionalistas de aquello que nos genera orgullo, nuestros personajes igualmente elevados a los altares, nuestra gastronomía asumida como la mejor del mundo y por supuesto, nuestras miserias y vergüenzas que nos identifican no como privativas de un sólo país, sino como representación de todo aquello que esta parte del mundo también es.
Esta reflexión previa viene aderezada con un tufo muy notable de confirmación porque la dupla de cineastas argentinos, Mariano Cohn y Gastón Duprat, han realizado un curioso retrato de sus compatriotas con Homo Argentum (2025), un largometraje compuesto de 16 mini historias que representan la identidad del argentino y su idiosincrasia
Pero es cierto que al terminar de ver la nueva obra de Cohn y Duprat, queda esa sensación de haber visto en realidad un retrato fiel y si se quiere estereotipado no sólo del argentino, también del latinoamericano.
Como mexicano, he visto esas historias en la vida real de mis compatriotas y también en obras cinematográficas creadas por cineastas de mi país y de otras latitudes de nuestras respectivas naciones.
Cohn y Duprat se valen de la enorme capacidad actoral de Guillermo Francella quien representa los 16 protagonistas de cada una de las historias cortas que dibujan el ser nacional de los argentinos. Francella se pone en la piel, el sentir y la lógica de Homo Argentum en una clase magistral de actuación que se desdobla para presentarnos de manera muy creíble cada uno de los rasgos de personalidad que definen a los habitantes de su nación.
En Homo Argentum vemos el valemadrismo (como le decimos en México a la indiferencia) de un sujeto que provoca un accidente mortal y hace como que la virgen le habla, observamos a los padres de familia que romantizan la maternidad y la paternidad en la figura de los hijos que dejan el nido vacío, al tímido guardia de seguridad que vive una extraña y loca noche al lado de una mujer, pero se ufana al día siguiente de su aventura sexual.
El Argentum de Cohn y Duprat también nos muestra al rico empresario que imagina ser extorsionado por una mujer en un elevador a sabiendas de que resultaría perdedor, vemos las prácticas corruptas de vendedores de dólares en las calles de Buenos Aires, al argentino envalentonado y harto de la delincuencia en su vecindario, la pasión desbordada por el fútbol, el clasismo, el paternalismo ante la pobreza de los jóvenes, al presidente de la nación que dice y no dice nada, a los hijos de un viejo que se enamora de su sirvienta y temen perder la herencia paterna.
Vemos también a los pobres y el discurso religioso que no les llena la panza, la hipocresía de ciertos directores de cine que se hacen los buenos ante la marginación del otro y la herencia italiana de un argentino que viaja a Europa para conocer a la familia de su abuelo
Francella está excepcional en la piel de todos esos personajes, pero no huelga repetir que cualquier latinoamericano puede verse reflejado él mismo, su familia y su patria en todas y cada una de las historias presentadas porque al final de cuentas no sólo se encuentra dibujado el argentum sudamericano o latino, Cohn y Duprat diseccionan la naturaleza humana prácticamente de cualquier latitud del planeta, pero supongo que los latinoamericanos somos maestros del drama humano porque dramática es nuestra historia como naciones de joven independencia.
En uno de los carteles promocionales de Homo Argentum, se apunta que la película de Cohn y Duprat es para para todo aquel que conoce a un argentino… O crea conocerlo,pero insistimos que al final de cuentas es un latino más y entre sus grandes virtudes también tenemos que destacar su maravillosa literatura, la calidad inequívoca de su cine, su pasión futbolera que también es sinónimo de celebración, su cultura reconocida como una sociedad eminentemente lectora y ese pundonor romántico o trágico que se dice, todos los latinoamericanos tenemos para sortear la adversidad porque para enfrentar la convulsa sociedad que nos toca habitar, parece que como América Latina no hay dos. En resumen, Homo Latino somos.
Cohn y Duprat
Mariano Cohn y Gastón Duprat son una dupla singular en la cinematografía argentina. Ambos cineastas han retratado de gran manera la condición humana desde el humor negro y la irreverencia con películas como El artista (2006), El hombre de al lado (2008), Todo sobre el asado (2016), El ciudadano ilustre (2016) o Competencia oficial (2022).
Son también los creadores de dos estupendas series, El encargado (2022) que tiene también como protagonista a Guillermo Francella y Nada (2023) protagonizada por Luis Brandoni y Robert de Niro. En la primera de ellas se cuenta la historia de un inmoral portero de un edificio de departamentos en Buenos Aires, y en la segunda, narra la vida de un crítico gastronómico bonaerense y sus vicisitudes cotidianas cuando su empleada doméstica muere y tiene que valerse por sí mismo en los avatares de la existencia diaria.
Ambos directores representan al cine argentino con una marcada musculatura de talento para narrar historias que nos despiertan una profunda carcajada y nos hace al mismo tiempo reflejarnos en sus personajes en todos sus matices de personalidad y cuando un director o directora logra tal virtud, es momento de prestarles atención plena, siempre tendrán una sorpresa lista para inocularla en nuestros ojos, nuestras sensaciones y nuestra memoria fílmica.
- Fotograma: Homo Argentum