Para Adriana Araceli, que alguna vez me preguntó sobre el cine y el divorcio

Expresar, reconocer y admirar las cualidades de la persona que se ama o alguna vez se amó, puede resultar un ejercicio devastador, nostálgico o dichoso según el instante que una pareja experimenta cuando hace ‘flashback‘ de la existencia del otro y del porqué un día se pensó que dicha persona sería el ‘leitmotiv‘ de su vida.

Así comienza la película más reciente del cineasta neoyorkino Noah Baumbach, Historia de un matrimonio (2019). Un exitoso dramaturgo, Charlie Barber y su esposa Nicole, actriz de la compañía de teatro de su marido, expresan para sí mismos ya al borde del colapso matrimonial, lo que admiran y amaron alguna de vez de su pareja.

La secuencia inicial de la obra de Baumbach expresa sin lugar a dudas lo más profundo del dolor cuando sus palabras se acompañan de aquellas escenas que dibujan lo que alguna vez fue, lo que alguna vez expresó el sentido de ser y estar con alguien, en pocas palabras, la secuencia inicial de Historia de un matrimonio, encierra lo más agreste del territorio del amor.

Con actuaciones en pleno estado de gracia dramática de Adam Driver y Scarlett Johansson, la cinta de Baumbach, que cuida no caer nunca en la sensiblería barata, despotrica frustración, rabia y tristeza en ambos personajes centrales y los revienta en una espiral decadente para volverlos espectadores de los pedazos miserables en los que se puede convertir una relación de pareja otrora perfecta.

¿Cómo alguien puede ir de un extasiante “Nicole hace que uno se sienta cómodo hasta con cosas incómodas” hasta expresar el brutal mazazo del “cada día me despierto y deseo que estés muerta”, (Charlie sobre Nicole), o de un halago refrescante como, “Ningún obstáculo le impide lograr lo que quiere” hasta el desprecio escatológico de “eres una mierda de persona?”, (Nicole sobre Charlie).

‘Historia de un matrimonio’ es el sello de un derrumbe existencial, esa es la marca de la casa de un matrimonio quebrantado, esa es la revelación de dos personas que van de lo sublime a lo grotesco, de la muestra del arte de amar a la capacidad infinita de herir

Ya Noah Baumbach había diseccionado el mundo del difícil proceso de la maduración en sus anteriores obras. Él mismo buscaba esa maduración artística cuando a sus apenas 25 años rodó Kicking and screaming (1995), en dónde un grupo de universitarios recién egresados se preguntaban sobre lo que el destino les tendría preparado para sus respectivos futuros.

En Francis Ha (2012), Baumbach dibujaba a una aspirante a bailarina de 27 años que veía como, aun siendo joven, sus sueños pendían de un hilo y su vida transitaba del fracaso amoroso al fracaso de ver sus sueños artísticos cada más diluidos en la nada.

Más tarde y apenas un poco antes de Historia de un matrimonio, trazaba las redes familiares disfuncionales en The Meyerowitz Stories (2017), en donde tres hermanos buscaban reconciliar su relación con su padre, un escultor ninguneado por la crítica y en el proceso, se revelan en sus más íntimas miserias.

Esta es la característica narrativa de Baumbach quien también, ha hecho de Nueva York, su ciudad natal, un actante más de sus historias, un escenario que repica los sinsabores existenciales de sus personajes y sus circunstancias.

Así y aunado a las aflicciones de sus personajes, Baumbach consagra con esta cinta el estilo narrativo de su cinematografía y adereza la tristeza de los Barber en Historia de un matrimonio, con la presencia de Henry, el pequeño hijo de ocho años de los protagonistas que acude como testigo involuntario a la montaña rusa emocional de sus padres en donde espera únicamente el desenlace de un fracaso matrimonial por demás anunciado entre Charlie y Nicole.

Ya en 1979, el director Robert Benton abordó el proceso de separación de una pareja en la oscareada Kramer vs Kramer, cinta protagonizada por Dustin Hoffman y Meryl Streep y en ella, Historia de un matrimonio se refleja como una heredera de mejor versión narrativa que seguirá en términos de premios, el mismo camino que la obra de Benton, esta vez mucho más justificado cualquier galardón, mucho más entendible y explicable la razón del porqué los Barber son mucho más entrañables y merecedores de atención que los Kramer.

Decir que la más reciente película de Baumbach es su consagración definitiva como director, quizá sea caer en el beneplácito de la emoción inmediata y quizá por ello sea más justo decir que Baumbach entra, eso sí, en el terreno del respeto artístico y la expectación más justificada sobre lo que produzca de aquí en adelante

Noah Baumbach dirigió su opera prima a los 25 años, una edad en la que, dicen los psicólogos, los jóvenes de la época actual tienen el síndrome de la adolescencia tardía, incapaces de proyectar una vida y un camino que los enfile a la congruencia existencial, pero Baumabch decidió a esa edad, aún temprana, elegir un periplo dedicado al arte.

Hoy el director neoyorkino tiene 50 años, es tiempo de la consagración, habrá que estar atentos a lo que viene para él y de él.

Making of

Cierto día, alguien le preguntó a quien esto escribe sobre una expresión que circulaba en redes sociales sobre la posibilidad de que “un hombre y una mujer que no disfrutan las mismas películas eventualmente, se divorciarían”.

Quién sabe, pero hoy, la revisión de Historia de un matrimonio de Noah Baumbach, podría darle un norte muy acertado. Charlie y Nicole Barber, a quienes les gustaba el mismo arte y lo amaban, le dirían que a veces, el gusto por las mismas películas es bueno, pero no abona en forma definitiva al éxito de nada, mucho menos para un matrimonio.

A veces, quizá, hay que ser un poco disímbolos.

  • Ilustración: Netflix
OCT 2