A veces simulo que me hablan por teléfono para evitar una conversación o para salir de algún lugar, pero varias veces esa invención me absorbe y me encuentro hablando con nadie por varios minutos.

En ese breve lapso, mi imaginación crea. Ensayo un nombre o tomo prestado uno de mi directorio, si es inventado puedo decir lo que quiera, si ya tiene rostro hay limitantes, porque pasa como cuando se ve la película antes de leer el libro, es difícil sacudirse las imágenes que te han impostado. En fin, hay actos de supervivencia que a otros ojos pasarían por locura. Pero, siendo sinceros, sorprendidos en el momento correcto todos caeríamos en esta categoría.

Todos somos unos locos, pero tratamos de disimularlo

‘Happy’ es una serie que reta por lo disparatado que parece.

Tal vez por eso, siempre me han llamado la atención las series que exploran esos recovecos humanos a menudo negados, ya por ignorancia ya por miedo. Por eso, cuando vi que Christopher Meloni –actor de amplio registro conocido por su rol dramático en La ley y el orden UVE, pero que también ha aparecido en grandes comedias como Wet Hot American Summer– iba a estrenar serie en Netflix y su coestrella iba a ser un unicornio, un unicornio azul con cuerno rosa, ni más ni menos, no podía quedarme sin verla.

Desde la primera escena supe que iba a ser una serie grandiosa, los efectos visuales me recordaron las escenas psicodélicas de Fear and Loathing in Las Vegas permeados con una violencia tarantinesca de calidoscopio que atrapa de manera irremediable. Algo como Sin City, pero con más colores.

Y efectivamente, después supe que Happy! esta basada en una novela gráfica de cuatro tomos que los creadores de la serie, Grant Morrison y Brian Taylor, adaptaron para la pantalla chica. E hicieron un excelente trabajo, Morrison aprovechando su experiencia con series y personajes animados y Taylor, director de Crank, agregando ese estilo visual precipitado que mantiene al espectador siempre en un estado de emoción/nerviosismo adictivo.

Si la historia no tiene mayor chiste, sí lo tiene la manera en que es presentada

El personaje del ‘outsider’ siempre se puede renovar con creatividad. A veces de formas disparatadas.

Parecería ser que el personaje del detective con problemas emocionales está más sobado que los pasamos del metro, pero los giros y particularidades con que se presenta Nick Sax, interpretado por Meloni, revelan que efectivamente por más manoseado que esté algún tema siempre hay una manera creativa de pervertirlo y renovarlo, para que, desde ese modelo arquetípico, tenga la fuerza necesaria para guiar por los derroteros de morbo y suspenso que se presentan en cada capítulo.

Y no, el unicornio no sale sobrando. Como dije en un principio: las manifestaciones de la locura son variadas. Tal vez, incluso, ser un poquito locos nos haga más humanos. O por lo menos el argumento de la serie ronda sobre esta primicia. El unicornio (con voz de Patton Oswalt) parece mitigar una realidad retratada como trasfondo, una realidad que también negamos, pero que sabemos cierta y está latente en periódicos, noticieros y miles de páginas web.

Por eso, en un mundo que esconde bajo las apariencias la depravación y la violencia que azotan a los menos afortunados, un detective retirado que ahora es un asesino a sueldo, alcohólico, drogadicto, cínico, derrotado y que, encima de todo, es acosado por un diminuto unicornio azul, es el guía perfecto para una serie dedicada a explorar esos rincones humanos por los que jamás nos aventuraríamos en soledad.

Por eso, no se dejen engañar por el unicornio, a final de cuentas es un ser mágico.

  • Fotos: Netflix
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