Los cuentos clásicos infantiles serán de terror o no serán.

Para mi hija Fernanda, quien le dijo a Gretel y Hansel: “mejor luego”.

La tradición narrativa infantil y juvenil parece esconder una paradoja anímica en donde se busca, por medio de sufridas historias de personajes oscuros, perversos y degradados, invitar a los niños a vivir valores y sentimientos de bondad y al mismo tiempo, retratar esa imagen romántica del padre o la madre que leen un cuento al hijo para que este logre conciliar el sueño, aunque el relato contado apunte a la muerte, el dolor y la tristeza… Vaya, una verdadera pesadilla.

El cine, por supuesto, no ha sido ajeno a la tentación de contarnos esos mismos cuentos llenos de aquelarres y personajes que, para decirlo en términos aún más dramáticos, acuden al asesinato, el engaño, la lujuria, el desenfreno y la inmoralidad y terminan, eso sí, pagando sus sinsabores para luego acudir a un punto de quiebre que nos permite disfrutar de un final feliz, previo trago de un jarabe amargo al testificar semejantes depravaciones que los escritores de antes y los cineastas de ahora nos hacen beber.

Por poner apenas un ejemplo, ya Michael Cohn dirigió en 1997, Blancanieves, un cuento de terror, en donde nos narra el clásico cuento de la dulce joven y su malvada madrastra en un tono oscuro y una ambientación que arropa a la villana bruja en una versión delirante de la maldad, la envidia y los celos enfermizos.

El cineasta neoyorkino, Osgood Perkins, nos acaba de proponer una nueva vista del clásico cuento de los hermanos Grimm publicado por primera vez en 1812: ‘Hansel y Gretel

En esta nueva versión de 2020, Perkins ha invertido la aparición de los créditos y le ha dado a Gretel la supremacía de aparecer primero en el título no tanto como una reivindicación de lo femenino sino porque plantea a Gretel como una adolescente-madre-tutora de su hermano Hansel y, además, como un nuevo y posible ser desalmado que luchará ante el dilema de elegir la luz o la obscuridad que la bruja Holda intenta interiorizarle para volverla forma y fondo de su naturaleza enferma.

La historia que Perkins nos propone en esencia es la misma que los Grimm recogieron en su momento de la tradición oral de su tiempo: dos hermanos, Hansel y Gretel, son desterrados de su hogar por su madre ante las precariedades económicas que le impiden mantener a sus hijos.

Ambos jóvenes se ven obligados a deambular por el bosque hasta que encuentran una vieja casa en donde una extraña mujer los acoge y les ofrece techo y comida a cambio de que trabajen para ella. Pronto sabrán de las aviesas intenciones de su “protectora”.

La gran virtud de Oz Perkins (así se hace llamar también el cineasta), es narrarnos la historia de los hermanos Grimm con una fastuosa ambientación de oscuridad, grises y negros que convierten el escenario en un atmósfera asfixiante y espantosa que no deja, prácticamente en ningún momento, respirar al espectador.

Todo es siniestro, la casa, el bosque, los seres de la oscuridad que aparecen entre los árboles, la situación de los hermanos, la excesiva comida que a diario les es ofrecida por la bruja, las pesadillas de Gretel, la ansiedad de los dos, sus dudas, sus miedos y luego, su terror pánico

Todo ahoga, es un terror atmosférico que no da tregua a la vista, ni al oído porque también suma a la inquietud, la música opresiva y depresiva compuesta por el francés Robin Coudert y si a todo ello le abonamos la fotografía de Galo Olivares que refuerza la sensación claustrofóbica de la cinta, tenemos pues ante nosotros un cuento que pesa no tanto por su historia en sí misma, sino porque acudimos a un escenario que asusta y nos recuerda que aún en las moralejas que presumen los cuentos para niños, podemos también ver la maldad humana y sus más bajas intenciones.

La cinta de Perkins hace necesario recordar que, por estos días, circula una obra literaria fundamental para entender la narrativa de los Grimm, el libro en cuestión se llama, Los cuentos de los hermanos Grimm como nunca te los habían contado, (Editorial La oficina. 2019), dicha obra fue editada por primera vez en 1812 y esta nueva presentación, lo señala la portada del ejemplar, es “la versión de los cuentos antes de su reelaboración literaria y moralizante”.

Ya en una reseña del libro realizada por el filósofo Fernando Savater y publicada en el periódico El País, el escritor español señala que “sin duda los cuentos de 1812, todavía sin pulir, son formalmente más toscos e incluso esquemáticos, carentes de ciertos adornos circunstanciales que luego se hicieron imprescindibles en nuestra memoria colectiva, pero tienen una fuerza estremecedora como el susurro de la voz cascada que nos desvela en la penumbra del cuarto mientras temblamos bajo las sábanas…”

Y en esas palabras de Savater se enmarca el Gretel y Hansel de Oz Perkins, su cinta tiene esa misma “fuerza estremecedora como el susurro de la voz cascada”, esa misma fuerza que te hace recordar la película muchas horas después de haberla presenciado, y a los espectadores más asustadizos, los hace voltear en la oscuridad de la casa para cerciorarse de que los seres fantasmales y el rostro entre maternal e infernal de la bruja, no acecha entre las puertas o debajo de la cama.

Cabe hacer mención que Oz Perkins es hijo del mítico Anthony Perkins, el actor que encarnó al no menos mítico Norman Bates en Psicósis (1960), una de las obras maestras del terror psicológico dirigida por Alfred Hitchcock y quizá por ello, no es de extrañar que este joven director haya sido el encargado de entregarnos la nueva visita a Hansel y Gretel, seguro que de que Jacob y Wilhelm Grimm estarían satisfechos con el resultado.

En recuerdo de Krzysztof Kieślowski

El próximo 13 de marzo, el cineasta polaco Krzysztof Kieślowski cumplirá 14 años de haber fallecido, pero más allá de recordar su muerte, es bueno mejor pensar en su obra.

Es por ello que las próximas dos entregas de ésta Road Movie, serán dedicadas a disertar sobre la que quizá sea su obra más emblemática y fundamental para entender su lenguaje cinematográfico: El Decálogo (1988), una serie de historias que en su origen fueron una miniserie realizada para la televisión, pero que al paso del tiempo se convirtió en una expresión obligada para el aprecio artístico. La habremos de revisitar. Estemos pendientes.

  • Fotograma: Gretel & Hansel
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