Existe una historia oficial mundial, de la que está fuera África y Medio Oriente.

La historia oficial del mundo, da cabida al holocausto a manos de los nazis alemanes, pero no considera el genocidio armenio cometido por los turcos-otomanos entre 1915 y 1922. Impensable que en las aulas mexicanas se trate lo acontecido en Armenia. Está fuera del currículo escolar. De pretender revisar el asunto, hay que echar mano de la Contrahistoria.

Armenia fue creada en el siglo IX, antes de Cristo. Privados de la mayor parte de su territorio histórico, los armenios tienen escasos lugares de memoria. Por eso el Matenadarán, nacido de la biblioteca del Catholicos de Ajtamar, Bedrós Bülbül [patriarca de la Iglesia gregoriana armenia] transferida de Etchmiadzín a Ereván en 1939, por el poder soviético, es tan importante (Antaeamian, 2015: 33). El museo conserva documentos históricos. Su acervo se enriquece con las donaciones de armenios en la diáspora (Meyer, 2015: 3).

Para los armenios, quienes luchan por sobrevivir y mantener un legado, la historia patria es fundamental. Ésta los cohesiona y les otorga una identidad. A su vez, necesitan de la Contrahistoria para defenderse de los turcos y de los azeríes de Azerbaiyán, pues estas naciones pretenden aniquilar a los armenios, pegando en la memoria

Sí, las guerras también se libran en los escenarios de la historia. Desde la historia se erosionan países, se desgastan regímenes, se justifican atrocidades y se imponen dictaduras. México, como ningún otro sistema político latinoamericano de la actualidad, demuestra con dureza los usos perversos de la historia.

La república enclavada en el Cáucaso, recibe gas y petróleo de Rusia, a través de Georgia, y tiene una pequeña ventana abierta al sur gracias a Irán. Armenia vive bajo la protección rusa. Aloja bases militares rusas frente a la presencia militar estadounidense en Turquía. Soldados rusos guardan sus fronteras. El Irán shiita es amigo de Armenia (Meyer, 2015: 6). Geopolíticamente, Armenia es un punto de equilibrio global. 

El 24 de abril de 1915, teniendo en la Primera Guerra Mundial un distractor, el gobierno de los Jóvenes Turcos del Imperio Otomano, comenzó un genocidio de sus ciudadanos armenios, minoría cristiana. En 1948 la ONU definió lo sucedido como genocidio (Antaramián, 2015: 12). Claude Mutafian describe lo ocurrido de forma pormenorizada: 

Durante los primeros tiempos de su poder, el Imperio Turco-Otomano fue benevolente. Al ir perdiendo posesiones europeas, el imperio se radicalizó. Los armenios, pueblo cristiano, eran un problema para los turcos. Su eliminación era necesaria. El proceso comenzó bajo el reinado de Abdul Hamid II, con las masacres de 1894. El Sultán Rojo fue depuesto en 1908 por los Jóvenes Turcos. En 1909 se produjo una nueva masacre en Cilicia. En 1913 acaparó el poder la franja más nacionalista de los Jóvenes Turcos, quienes diseñaron un plan de depuración racial. La Primera Guerra Mundial estalló en 1914. En 1915 el Imperio Turco-Otomano puso en marcha su estrategia de exterminio. En dos años, Armenia occidental fue eliminada (Mutafian, 2015: 29).

Las tácticas militares otomanas, fueron importadas de la escuela de Prusia. El Imperio Otomano incorporó la estrategia de sometimiento de Helmuth von Moltke, aplicada contra Dinamarca, Austria-Hungría y Francia, durante el siglo XIX, en el proceso de unificación alemana. Helmuth von Moltke fue asesor militar del Imperio Otomano. El modelo prusiano era conocido como “guerra total”. Valiéndose de esta táctica militar, los turcos masacraron pueblos en los Balcanes, durante el siglo XIX (Hovannisian, 2015: 46).

En el siglo XXI, Alemania reconoció la participación de sus oficiales en el plan de exterminio de la población armenia del Imperio Otomano, acaecida de 1915 a 1922 (Antaramián, 2015: 11). El holocausto armenio incluyó la quema de bibliotecas y la prohibición de su lengua. Los niños fueron obligados a hablar turco y sus nombres cambiados (Ümit, 2015: 70).

El genocidio produjo huérfanos. La identidad de los niños armenios fue campo de batalla para la historia. Los turcos consideraban a los infantes armenios como propiedad nacional, razón por la cual, había que dotarlos de identidad turca. Era necesaria la turquización de los niños armenios para evitar futuras revueltas (Ümit, 2015: 68).

Apropiarse de la identidad y de la memoria de los niños, era llevar el exterminio armenio a lo cultural. Miles de niños armenios fueron convertidos al islam. Hablamos de motivación religiosa. Islamización forzada

Los turcos concebían a mujeres y a niños carentes de personalidad política y con identidad étnica transmutable. Esto brindó espacio a la reprogramación cultural (Ümit, 2015: 77). Mujeres armenias fueron secuestradas, vejadas sexualmente y obligadas a contraer matrimonio con sus verdugos turcos. Conversiones forzadas y campañas de asimilación, también formaron parte de la guerra total prusiana reproducida por los turcos-otomanos (Ümit, 2015: 79).

En 1921 Armenia fue anexada al proyecto soviético (Hofman, 2015: 120).Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, además de ser reconocido el genocidio armenio a manos de los turcos por la ONU, 100 mil armenios fueron repatriados en el marco de La Gran Repatriación, misma que se desarrolló entre 1946 y 1949 (Hofman, 2015: 121). La Segunda Guerra Mundial reacomodó el mundo: nació el Estado de Israel en 1948. Stalin murió en 1953 (Hofman, 2015: 122).

En 1965 Uruguay reconoció las masacres de armenios durante el Imperio Otomano. El 12 de abril de 2015, el Papa Francisco aceptó el genocidio armenio. Consecuencia de ello, Turquía retiró a su embajador del Vaticano (Antaramián, 2015: 11).En Armenia existe el Museo del Genocidio, recordando lo sucedido en 1915 (Meyer, 2015: 11).Los turcos continúan negando lo ocurrido. La negación es la última etapa de un genocidio. “Al negar los hechos, los perpetradores evitan que las víctimas comiencen el proceso de duelo” (Müge, 2015: 189). Los afectados viven atrapados en el pasado, imposibilitados de sanar.

El 29 de enero de 2001, Francia reconoció el genocidio armenio de 1915 (Meyer, 2007: 12). En Europa, la negación de los genocidios armenio y judío, son penados con cárcel. En cambio, los turcos hacen prisionero a quien reconozca el genocidio armenio de 1915, por atentar contra su nacionalismo e identidad (Meyer, 2007: 15). El 20 de febrero de 2006, David Irving, historiador británico, fue condenado por la justicia austriaca. Estuvo tres años en prisión por apología del nazismo. Tuvo que reconocer el holocausto (Meyer, 2007: 16)

Francia ha legislado sobre la memoria y sobre la importancia de la historia (Nora, 2007: 24). El país galo reconoce la ocupación, la resistencia, la guerra de 1914 y la colonización de Argelia (Nora, 2007: 25). Aunque los belgas guardan silencio sobre los horrores cometidos en el Congo, los documentales transmitidos por RT de Moscú, los desnudan. La literatura, el cine y la música, son discursos en donde se mueve la Contrahistoria. Estoy pensando en Los relámpagos de agosto de Jorge Ibargüengoitia, en Hotel Rwanda de Terry George, en Día 730 del Grupo Intocable y en Bismarck de Sabaton.

En el conflicto palestino-israelí también existe una historia oficial y una Contrahistoria. Los hechos demuestran que la versión oficial pertenece a los judíos y la Contrahistoria a los palestinos

Los hebreos, quienes actualmente son un pueblo, una nación y un Estado, se apegan al derecho histórico sobre Eretz Israel, la tierra prometida a Abraham, Isaac y Jacob (Greilsammer, 2007: 60). El holocausto judío justificó la fundación del Estado de Israel, igual que el genocidio armeni permitió el regreso de miles de armenios a su país, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

Para los judíos, la biblia es central en su disputa histórica. Valoran el relato bíblico (Greilsammer, 2007: 79). El sionismo capitalizó que la biblia, además de enseñanzas morales, se presenta como relato histórico. Los judíos enmarcan el nacimiento de su pueblo, su lucha y su vínculo con la tierra de Israel, en la biblia. Para los hebreos, la biblia es un libro de historia, es la expresión de una cultura nacional (Greilsammer, 2007: 80). El sionismo se envolvió en la figura de Moisés Ben Gurión. Hay que enfocarse en los usos políticos de la historia.

Los palestinos, en cambio, no poseen un relato legendario como la biblia. El nacimiento del islam es tardío y el Corán no es un texto histórico (Greilsammer, 2007: 81). Los historiadores palestinos presentan a Mahoma, fundador del islam, como hacedor de la nación árabe. El que unió al pueblo árabe. Debajo de Mahoma, están los cuatro califas. Destaca Omar, el que conquistó Palestina y Egipto, y los incorporó a la fe del islam. Omar aparece entre los palestinos como el conquistador de la tierra en donde su camello posó, relato que me recuerda, inevitablemente, al intelectual mexicano, Antonio Caso y El Pueblo del Sol. Los mitos fundacionales de palestinos y aztecas, son muy parecidos. Omar fue califa durante diez años, hasta que lo asesinaron (Greilsammer, 2007: 82).

Historia de los árabes y bereberes, libro de Ibn Jaldún, historiador del siglo XIV, es útil para enseñar historia a los palestinos (Greilsammer, 2007: 89).  El texto habla de pueblos del desierto, caracterizados por su originalidad, fuerza, valor y visión. Los palestinos se asumen como pueblo del desierto, en oposición a los israelíes, pueblo de ciudades. Es interesante que un libro de historia escrito en el siglo XIV, siga vigente. La disputa histórica entre judíos y palentinos, también cobra vida en los tablados de la historia.

No tengo duda que en este punto, cuestionamientos que siempre acompañan a la historia, han quedado respondidos. ¿Historia por qué y para qué? Aunque ese no es el objetivo de este ejercicio académico, estoy seguro que las páginas que anteceden a este párrafo, construyen con claridad, respuestas a las preguntas ya evocadas.

La historia es tiempo presente. Su vigencia es necesaria. La historia brinda equilibrio, legitima y justifica procesos jurídicos. Cada vez que el historiador habla del pasado, se está refiriendo al presente. Historiador no es aquel que colecciona curiosidades, sino el que sistematiza el conocimiento sobre el pasado. 

Fuentes

Antaeamian, Richard, “Reordenar a los Otomanos”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Meyer, Jean, “Armenia. Una historia. Introducción”. ISTOR.  Volumen XV. Número 62. 2015.

Antaramián, Carlos, “Los armenios. Genocidio y dispersión cultural”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Mutafian, Claude, “Armenia. Una agitada trayectoria histórica”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Hovannisian, Richard, “El genocidio armenio”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Antaramián, Carlos, “Los armenios. Genocidio y dispersión cultural”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Ümit, Ugur, “Huérfanos, conversos y prostitutas. Consecuencias sociales de la guerra y la persecución en el imperio Otomano (1914-1923)”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Hofman, Hazel, “Repatriación y engaño”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Antaramián, Carlos, “Los armenios. Genocidio y dispersión cultural”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Meyer, Jean, “Armenia. Una historia. Introducción”. ISTOR.  Volumen XV. Número 62. 2015.

Müge, Fatma, “El Estado turco y la negación de la violencia cometida contra los armenios”. ISTOR. Volumen XV. Número 62. 2015.

Meyer, Jean, “La historia al servicio de”. ISTOR. Número 27. 2007.

Nora, Pierre, “Malestar en la identidad histórica”. ISTOR. Número 27. 2007.

Greilsammer, Ilan, “Los usos políticos de la historia entre los israelíes y los palestinos”. ISTOR. Número 27. 2007.

  • Foto: John Elder
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